
NUEVO TITULO: El mantra hawaiano como mecanismo de defensa ante la adversidad
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Una reciente conversación con una amiga, a quien llamaremos S., reveló la tormentosa experiencia de su separación, donde su expareja se transformó en un adversario implacable. Con el tiempo, S. descubrió que había sido víctima de una estafa, aprovechándose su ex de su discapacidad visual. La situación se agravaba por el hecho de que S., venezolana en España, se encontraba sola ante esta adversidad.
Afortunadamente, su madre viajó para apoyarla durante este difícil proceso, que incluía seguir compartiendo la vivienda con su ex pareja.
Ante la pregunta de cómo reaccionó su madre al conocer al estafador, S. relató que llegó con una botella de vino como obsequio, sabiendo que él era aficionado a la bebida. Esta actitud, lejos de ser confrontacional, resultó ser una estrategia inesperada.
La influencia del Ho’oponopono
Contrario a lo que se podría esperar, los días de convivencia entre S., su madre y su ex pareja fueron sorprendentemente tranquilos. Durante este tiempo, S.
logró encontrar una habitación para mudarse. La actitud de la madre de S. se basaba en su creencia y práctica del ‘Ho’oponopono’, un mantra hawaiano que responde a la adversidad con la repetición constante de: “Lo siento, perdóname, gracias, te amo”.
Esta filosofía, aunque inicialmente desconcertante para S., demostró ser efectiva. A pesar de la cordialidad de su madre hacia el estafador, y su aparente falta de apoyo a sus quejas, al final le reveló una valiosa lección: “Recuerda, él es tu maestro”.
Un mecanismo de disuasión y defensa
La frase resonó profundamente, aplicándose a diversos aspectos de la vida más allá de las relaciones sentimentales.
Lejos de promover un amor imposible hacia quien nos daña, el mantra hawaiano se presenta como un mecanismo de disuasión y defensa. Dirigirse a alguien dañino con “lo siento, perdóname, gracias, te amo” se asemeja a la actitud de Hölderlin, quien recibía a sus visitantes con títulos grandilocuentes para mantener la distancia.
El mantra también reduce al adversario a un mero engranaje del universo, alguien que está ahí para hacernos menos ignorantes, para recordarnos que, como Cristo, ha decidido encarnar la estupidez y la maldad del mundo por nosotros. Bajo esta perspectiva, ¿cómo no estar agradecidos? ¿Cómo no valorar la oportunidad de aprender sin sufrir en carne propia?
¿Cómo no amar al “monstruo” de turno, si incluso nos inspira a reflexionar y escribir sobre ello?













