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Fermín Herrero: Poesía de la tierra y la memoria
La obra poética de Fermín Herrero se consolida como una voz imprescindible en la lírica española actual a través de dos recopilaciones recientes. ‘Volver a las andadas’ (Hiperión) reúne sus primeros trabajos, mostrando ya la singularidad de un poeta con una visión particular del paisaje y la memoria.
‘Volver a las andadas’ revela los inicios de Herrero, donde ya se vislumbraba su capacidad para explorar el misterio de la tierra y del lugar, así como los afanes de vidas humildes. Sus poemas, originales y volcados en el lenguaje y la imagen, despliegan una voz potente, a menudo elíptica, que invita a la contemplación y a la reflexión sobre las duras condiciones de vida en la Castilla profunda, una tierra empobrecida pero llena de heroísmos íntimos.
‘Poesías familiares y domésticas’: Un álbum de vidas invisibles
Sin embargo, es en la antología ‘Poesías familiares y domésticas’ (Difácil) donde la poesía de Fermín Herrero alcanza una resonancia particularmente inolvidable. Este conjunto de poemas construye un álbum de vidas minúsculas, casi invisibles, con una profundidad poética que entrelaza lo contemplativo con una dimensión moral.
Esta dimensión moral no es sino el testimonio de una memoria personal que adquiere un valor de redención.
En este libro, Herrero rescata del olvido no solo un tiempo que se desvanece, sino también el ejemplo de vidas que existieron en la sombra y que aquí se elevan a un plano de dignidad. La pobreza se transforma en una forma de nobleza, y los poemas se llenan de “benditos fantasmas familiares”. Los retratos evocan la dureza de la tierra y el silencio de la nieve, símbolos de una existencia en los márgenes que, sin embargo, construye un legado de entrega y sacrificio.
Un autorretrato en versos
Los poemas de ‘Poesías familiares y domésticas’ son conmovedores, capaces de cortar la respiración al evocar la memoria de esos fantasmas familiares: padres, casas, corrales, campos y labores cotidianas como labrar, limpiar, coser. Todo ello adquiere un sentido trascendente cuando el poeta se reconoce como un eslabón más en esa cadena, en esa genealogía sentimental y telúrica.
El libro, en definitiva, tiene el valor de un autorretrato, donde se manifiestan las obsesiones, desolaciones y celebraciones de un hombre que, al mirar a los otros, se mira a sí mismo. Un hombre que se erige como el último testigo de un mundo que agoniza o se transforma, y del vacío que define el presente.
Esta poesía profunda, cargada de tensión, verdad humana y belleza, reconcilia al lector con la grandiosidad que reside en las cosas pequeñas, en las existencias comunes. Herrero busca comprender las huellas y los signos que nos legaron nuestros antepasados, incluso en el lenguaje. Su poesía no solo está escrita, sino bordada, como las sábanas que tejía su madre.













