
NUEVO TITULO: Vilhelm Hammershøi: El pintor del silencio y la soledad conquista el Museo Thyssen
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En medio del bullicio contemporáneo, el Museo Thyssen ofrece un respiro con la obra de Vilhelm Hammershøi (1864-1916), un artista danés que, aunque poco conocido para muchos, invita a la reflexión y a la contemplación pausada.
Un redescubrimiento tardío
Hammershøi gozó de reconocimiento en vida, pero cayó en el olvido tras las vanguardias del siglo XX. Su estilo intimista e introspectivo resurgió en la década de 1980, convirtiéndose en un pintor de culto con admiradores fervientes y cotizaciones elevadas en el mercado del arte.
El arte de lo esencial
Hammershøi es el pintor del silencio, la soledad y la luz tenue. Sus interiores vacíos, despojados de elementos superfluos, y sus figuras a menudo de espaldas, crean atmósferas enigmáticas y melancólicas. Su paleta, reducida a grises, blancos y negros, evoca la obra de Morandi, aunque con sutiles matices de color.
Sus modelos, generalmente familiares y conocidos, como su esposa Ida, su gran musa, son captados en momentos cotidianos: tocando el piano, cosiendo, leyendo o mirando por la ventana.
Sus espacios, los de su casa en Copenhague, se reducen a la esencia de la luz y la geometría.
Influencias y conexiones
La obra de Hammershøi remite a artistas como Vermeer, Whistler y Hopper, con quienes comparte la temática del tiempo detenido y las figuras solitarias. Su estilo cinematográfico ha influido en directores escandinavos como Ingmar Bergman e incluso en cineastas como Lars von Trier.
“El ojo que escucha”: una exposición para sumergirse en el silencio
El Museo Thyssen dedica una retrospectiva a Hammershøi, en colaboración con la Kunsthaus de Zúrich, presentando 70 de las cerca de 400 obras que realizó a lo largo de sus 51 años de vida. La exposición, titulada “El ojo que escucha”, explora la relación del pintor con la música y el silencio.
Según la comisaria, Clara Marcellán, Hammershøi pertenece a una “historia silenciosa del arte”, junto a nombres como Vermeer o Hopper. Para Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, sus obras crean una “fascinante irrealidad”, un “realismo espectral” que invita a la contemplación.
Retratos, interiores y paisajes desolados
La exposición abarca los diferentes géneros que cultivó Hammershøi: retratos, interiores y paisajes.
Sus retratos, que representan una cuarta parte de su obra, muestran a sus modelos con una mirada introspectiva y enigmática. Sus interiores vacíos, sus obras más demandadas, destacan por su arquitectura austera y la luz que inunda las estancias.
Sus paisajes, tanto urbanos como rurales, se caracterizan por su quietud y su atmósfera desolada. Edificios históricos de Copenhague y lugares de los alrededores de la ciudad aparecen desiertos, sin rastro de personas.
La muestra concluye con algunas de sus últimas pinturas, como un desnudo femenino y un autorretrato, y con un vídeo que explora el misterio de Hammershøi.













