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Nuevos Cómplices Imperiales: De Cipayos a Malinchistas
Todo imperio necesita colaboradores entre los colonizados. A lo largo de la historia, muchos miembros de los pueblos ocupados han asistido servilmente al invasor. Algunos se unían por necesidad, otros sin esa excusa. Estos personajes se reconocen entre sí y hacen causa común. Por eso, figuras como María Corina Machado y Santiago Abascal comparten una misma inclinación a la entrega.
El Servilismo Colonial en la Historia
En su novela “El Sueño del Celta”, Mario Vargas Llosa relata la historia de Roger Casement, un diplomático británico que investigó los abusos belgas durante la colonización del Congo. Casement documentó los castigos infligidos por siervos de los colonos, quienes usaban el “chicote” para castigar a quienes no cumplían las órdenes. María Corina Machado representa un ejemplo contemporáneo de esta conducta.
Es una cipaya, malinchista y humillada al postrarse ante el agresor imperialista.
Definiciones: Cipayo y Malinchista
Los cipayos eran soldados indios al servicio del imperio británico, término que se extendió al imperio francés. En América Latina, se aplica a los miembros autóctonos que sirven al imperialismo estadounidense, como María Corina Machado. El malinchismo implica la preferencia por lo extranjero sobre lo propio en un proceso de colonización.
El Grotesco Espectáculo del Servilismo
La imagen de María Corina Machado rindiendo pleitesía a Donald Trump, horas después de que este elogiara a Delcy Rodríguez, es un ejemplo deprimente de servilismo cipayo. No solo rogó ser tenida en cuenta para el futuro de Venezuela, sino que entregó un premio Nobel de la Paz para pedir perdón por haberle arrebatado el premio, buscando favores a cambio.
Paralelismos con la Historia Española
En España, también existieron personajes como María Corina Machado, que se unieron a los franceses durante la ocupación, como Javier Negrete y Adorno, al servicio de los ocupantes bonapartistas. Esta misma actitud servil se observa en la extrema derecha española, liderada por Santiago Abascal, quien prioriza sus intereses personales antes que defender a su país.
Abascal muestra cobardía ante los poderosos, adoptando una actitud dura contra los débiles, sin defender a España cuando está en peligro. Su figura proyecta una hombría frágil, intentando ocultar su inseguridad con una barba triangular.