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¿Por qué no podemos parar de ver series? La ciencia detrás del “solo un capítulo más
Empezar a ver el primer episodio de una serie y terminar devorando toda la temporada en una sola noche es una experiencia cada vez más común. Ese deseo irrefrenable de continuar, de decirnos a nosotros mismos “solo uno más”, tiene una explicación científica: el efecto Zeigarnik.
Este fenómeno psicológico describe la tendencia del cerebro a recordar y sentirse presionado por tareas incompletas, lo que nos mantiene pegados a la pantalla, ansiosos por descubrir qué sucederá a continuación. El psiquiatra Javier Quintero, jefe de servicio de Psiquiatría y Salud Mental del hospital universitario Infanta Leonor de Madrid, analiza las claves de esta moderna “adicción”.
El efecto Zeigarnik: un cerebro que necesita completar la historia
El efecto Zeigarnik funciona de manera similar a cuando dejamos un documento abierto en la computadora sin guardarlo. Según Quintero, “nuestro cerebro tolera mal dejar las cosas a medias”, por lo que la historia inconclusa permanece en la “memoria de trabajo”, generando la necesidad de obtener más información para poder “cerrar y archivar ese capítulo”.
Los guionistas explotan esta necesidad de cierre para mantener al espectador cautivo.
Aunque este comportamiento comparte mecanismos con las adicciones, como la búsqueda de recompensa y la repetición compulsiva, el experto advierte que se convierte en un problema cuando interfiere con el funcionamiento normal de la persona, afectando sus horas de sueño o el cumplimiento de sus obligaciones. Es entonces cuando el “enganche” a una serie deja de ser un simple entretenimiento para convertirse en un patrón adictivo que requiere atención.
Jóvenes y personas ansiosas: los más vulnerables
No todas las personas son igualmente susceptibles a este fenómeno. Quintero señala a los jóvenes como un grupo especialmente vulnerable. A diferencia de las generaciones anteriores, que debían esperar una semana para ver el siguiente episodio, los jóvenes de hoy no entrenan la habilidad de diferir la recompensa en el tiempo.
La inmediatez que ofrecen las plataformas de streaming, con funciones como el ‘autoplay’, facilita este comportamiento.
Otro grupo de riesgo son aquellas personas que utilizan las series como una forma de manejar la ansiedad. En lugar de gestionar sus emociones de manera consciente, se dejan llevar por la distracción de las pantallas, lo que puede facilitar la caída en un “círculo vicioso” de consumo compulsivo, según advierte el especialista en salud mental.
Técnicas para mantenernos enganchados
Más allá del ‘cliffhanger’ (final de suspenso), las series modernas han perfeccionado un arsenal de técnicas para manipular nuestra atención. En **Breaking Bad**, por ejemplo, no solo se deja la trama en un punto álgido, sino que se añade una “montaña rusa emocional” de tensión y alivio y un profundo dilema moral. Este dilema, según Quintero, nos incomoda y nos hace preguntarnos si “seríamos capaces de hacer lo mismo en esas mismas circunstancias”, dificultando que abandonemos la historia.
**La Casa de Papel** es un claro ejemplo de cómo sintetizar todas las estrategias.
La serie española juega con la tensión constante, los giros inesperados y el llamado FOMO (fear of missing out), o el miedo a perderse lo siguiente. “Nuestro cerebro gestiona muy mal la incertidumbre, necesita saber qué es lo que va a ocurrir”, afirma Quintero. Cada giro argumental desconcierta las predicciones del espectador, obligándole a seguir atento.
Series como **Juego de Tronos** apuestan por la complejidad de tramas múltiples. El reto de seguir todas las historias y personajes genera lo que el psiquiatra denomina una “dopamina intelectual”, una recompensa cerebral que nos gratifica por el esfuerzo atencional.
Sin embargo, la pionera en combinar todos estos factores fue **Perdidos (Lost)**. La serie sobre los supervivientes de un accidente aéreo “concentra todo”: el efecto Zeigarnik, la tensión, los giros y las tramas paralelas, abriendo el camino que las demás han seguido.
Incluso un final polémico, como el de *Perdidos*, puede ser un recurso genial para mantener viva la serie en la mente del público. Quintero explica que “cuando de repente el giro no es el que esperabas, genera una frustración, pero al mismo tiempo, no has cerrado la tarea”. Esta tarea inconclusa deja al cerebro receptivo para una posible nueva temporada, demostrando que, en el mundo de las series, el objetivo final es que la historia nunca termine del todo.













