¿Qué desastre todo? Reflexiones sobre la percepción colectiva y la realidad

¿Qué desastre todo? Reflexiones sobre la percepción colectiva y la realidad
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¿Qué desastre todo? Reflexiones sobre la percepción colectiva y la realidad

Una sensación de desastre permanente parece haberse instalado en el ánimo colectivo, atribuyendo automáticamente la responsabilidad al gobierno. A veces con razón, otras no; a veces con intención, otras sin pensar. Esta percepción se ve alimentada por voces que, de manera interesada, cultivan un ambiente catastrofista.

Incidentes recientes y la frustración cotidiana

Un reciente martes, en medio de la borrasca Leonardo, un viaje en tren a Sevilla se vio interrumpido debido a la suspensión del tráfico ferroviario en la provincia. La falta de transporte alternativo convirtió un trayecto ya complicado en una odisea de siete horas. “Qué desastre todo”, fue la exclamación compartida por los viajeros, visiblemente molestos y con sus planes truncados.

Esta misma frustración la experimentan los usuarios de Rodalies, los malagueños afectados por el corte de la conexión ferroviaria debido a un desprendimiento, y los viajeros entre Madrid y Barcelona que sufren retrasos y cancelaciones constantes.

Asimismo, aquellos que no pudieron acceder a la T4 de Barajas o quedaron atrapados en el atasco provocado por la rotura de una tubería, y quienes en toda España sufren inundaciones, desalojos y cortes de tráfico debido al mal tiempo, seguramente compartieron la misma sensación: “Qué desastre todo”.

El papel de los medios y la generalización del descontento

Esta percepción de desastre permanente es amplificada por ciertos medios de comunicación, que contribuyen a alimentar un ánimo catastrofista. Cualquier incidente, independientemente de su causa o magnitud, se suma a la misma columna: fallos, accidentes, fenómenos naturales, o problemas de larga data. La conclusión siempre es la misma: qué desastre todo.

Esta narrativa cala en la ciudadanía, generando la sensación de que nada funciona correctamente y que el país se desmorona. Se crea un estado de ánimo que, en realidad, carece de fundamento razonable.

Una mirada más allá del pesimismo

Sin embargo, tras la tempestad, es importante analizar la situación con perspectiva. La borrasca Leonardo, por ejemplo, más allá de ser un desastre natural, también revela la capacidad de coordinación y eficacia de las administraciones públicas en España. Gobierno central, autonomías y ayuntamientos se movilizan, aplican planes de emergencia, despliegan recursos y auxilian a quienes lo necesitan.

No todo es un desastre. Es fundamental reconocer también los esfuerzos y la capacidad de respuesta ante situaciones adversas.