Rafael Serna: «Me estoy haciendo torero a fuego lento para pasar de yunque a martillo»

Rafael Serna:  «Me estoy haciendo torero a fuego lento para pasar de yunque a martillo»
Imagen de archivo: https://www.abc.es/
 Hay balcones en Sevilla que no miran: confiesan. El de Rafa Serna, en la Cuesta del Rosario, se asoma a la Colegiata del Divino Salvador como quien dialoga a diario con la ciudad que lo vio nacer torero. Desde esa altura íntima —ni altiva ni ruidosa— Sevilla entra en su casa natal con la cadencia de siempre, la misma que ha marcado el pulso vital de un diestro hecho en la Costanilla, donde el toreo se aprende antes en la mirada que en la muleta.Nos recibe en el salón familiar, un espacio que es casi una biografía sin palabras. Las paredes están pobladas de cuadros cofrades y taurinos, fotografías antiguas y recuerdos que no se exhiben, sino que acompañan.

Entre ellos, la memoria siempre presente de su padre, Rafael González Serna, pregonero y voz reconocida de la Sevilla cofrade, cuya impronta sigue latiendo en cada rincón de la casa. Aquí no hay artificio: hay raíz, herencia y una forma de entender la vida y el tiempo.El ambiente es macareno, bético, sereno, con ese poso especial que dejan los días importantes recién vividos. El pasado sábado, Rafa Serna fue padrino de bodas de su hermana melliza, María Eugenia, en una ceremonia que reunió a la familia y a los afectos más cercanos. Un acontecimiento que ha venido a reforzar ese momento personal de equilibrio y madurez que atraviesa el torero, consciente de que la estabilidad emocional también forma parte —y no menor— del oficio.Rafael Serna habla despacio, con la tranquilidad de quien ha aprendido a esperar.

No es un torero de fogonazos ni de atajos. Es producto de la constancia, del silencio y de la pelea interior. Su historia reciente es la de tantos toreros que han tenido que reconstruirse lejos del foco, cuando el toreo aprieta y la vida no concede treguas. Madrid, con su justicia áspera, le devolvió al camino; Sevilla, su plaza, sigue aguardando ese reencuentro que para él es deuda y destino.Entre el balcón que mira al Salvador y un salón que guarda la memoria familiar, Rafa Serna desgrana el presente con la conciencia de quien sabe que está ante una temporada decisiva.

No hay urgencia, pero sí determinación: la del torero que se ha ido haciendo a fuego lento, convencido de que, cuando llegue el momento, el golpe tendrá verdad, fondo y resonancia.—¿Cómo se encuentra en este momento, Rafa?—Me encuentro muy bien, mentalizado, concienciado y feliz. Tengo la sensación de que se avecina algo importante, como una tormenta que se ha ido gestando tras todo lo vivido en 2025.—¿Cómo definiría ese año 2025 que acaba de terminar y que le ha vuelto a situar en primera línea?—Ha sido el reflejo de la lucha, de la constancia y de no bajar nunca los brazos después de tanto tiempo sin torear. Llegar a Madrid y que ocurriera lo que ocurrió en San Isidro, cortar una oreja, volver a sentirme torero… Todo eso fue como una llamada de atención. Vivimos en una sociedad que va muy deprisa, en la que la vida te adelanta por la derecha y por la izquierda, y yo me estoy haciendo a fuego lento.

Ese fuego lento está forjando un torero de largo recorrido.—Antes, una oreja en Madrid abría muchas puertas. Hoy parece que no es así.—Es una pena, pero es la realidad. En otra época me habría servido de mucho más. El toreo ahora está muy cerrado: hay muchos compromisos, muchos intercambios, muchas estructuras empresariales.

Aun así, todo eso me motiva más para ahondar en mi toreo y para que, cuando llegue el golpe en la mesa, sea más fuerte.—La temporada se ha resumido en tres corridas.—Tres corridas, sí: dos en Madrid y una en Bayona, todas en plazas de primera. Y Bayona me ha dado muchísimo, porque me está abriendo las puertas de Francia, un país que me está tratando muy bien y donde seguramente toree bastante esta temporada. Además, me ha permitido volver a Madrid, quizá no como merecería —creo que debía haber estado en San Isidro—, pero sí en una fecha temprana e importante para golpear primero.Juan Flores—Le espera un fin de semana muy especial: Sábado Santo en Francia y Domingo de Resurrección en Madrid. ¿Cómo lo afronta?—El torero está acostumbrado a sacrificarlo todo por su profesión.

Yo soy muy macareno y llevo mucho tiempo pidiéndole a mi Cristo poder torear, y ahora me lo ha concedido. No puedo poner ninguna pega. La Semana Santa queda en un segundo plano, aunque la devoción la llevo siempre conmigo. Mi obligación es estar centrado al cien por cien en mi profesión, y así no me pesa nada.—¿Cómo tiene planteadas esas dos tardes?—Son dos corridas cruciales para abrir la temporada.

En las dos tengo que dar una dimensión muy fuerte. Son las primeras y quien golpea primero golpea dos veces.—Y Sevilla aparece ya en el horizonte.—Sevilla me quita el sueño. Desde el año pasado, tras la repercusión que tuvo la oreja de Madrid entre los aficionados sevillanos, sueño con volver. Llevo dos años sin torear allí y para mí es fundamental que el aficionado de mi tierra quiera verme y me sepa esperar.

Madrid me rescató de un momento muy complicado y se lo debo todo, pero con Sevilla tengo muchas cosas pendientes.—Todo apunta a que será en la corrida de Fuente Ymbro. ¿Cómo se ve en ese cartel?—Me veo bien en cualquier cartel. Es verdad que uno sueña con tardes de figuras, pero ahora mismo me toca ser yunque, y lo estoy siendo sin que me pese. Los buenos guisos se hacen a fuego lento, y el toreo necesita tiempo para calar de verdad en la gente.

Esa es mi idea.«Madrid me rescató; con Sevilla tengo muchas cosas pendientes»El torero junto a un retrato de su padre Manuel Gómez—¿Cómo valora a José María Garzón como empresario de Sevilla?—Su trayectoria habla por él. Ha hecho ferias importantes y creo que tiene una buena idea para los toreros jóvenes. Sevilla es una plaza muy difícil, pero le deseo lo mejor a él y a todos los empresarios que trabajen por derecho y con honradez.—¿Cómo encara la etapa con su nuevo apoderado Francisco José Porra?—Estoy muy feliz. He encontrado en Francisco a un luchador nato, muy parecido a mí en la forma de entender la vida y el toreo.

Está dándolo todo por mí y eso es fundamental. Ha sido un acierto unirnos.«La pausa me ha permitido descubrir facetas mías que estaban ahí y que quizá desconocía»—Después de un tiempo en el ostracismo, volver a estar en la línea de salida tiene que ser muy motivador.—Muchísimo. Ahora lo afronto sin prisas y sin la presión de otros años. Lo que haga tiene que calar hondo, más allá de una oreja.

Para eso hay que hacer un toreo muy bueno, que la gente sienta como propio. Estar en Madrid y Sevilla otra vez es un sueño por el que he peleado mucho.«La constancia también es una forma de torear»—¿En qué ha cambiado el torero que fue y el que es ahora Rafa Serna?—En la madurez. La pausa me ha permitido descubrir facetas mías que estaban ahí y que quizá desconocía. Creo que se está conjugando un torero importante, con argumentos para quedarse.—Comenzar la temporada con Francia, Madrid y Sevilla lo marca todo.—Sin duda.

Son ferias tempranas y lo que ocurra ahí puede abrir muchas puertas para el resto de la temporada y para el futuro.—¿Cómo es su día a día ahora?—Vivo en el Aljarafe, entre Espartinas, Aznalcázar y La Puebla, en un entorno tranquilo donde hago mi vida de torero. Es la vida que soñaba de niño: vivir para el toro y entregarme al máximo a mi profesión.— Por último, ¿qué le pide ahora al Señor de la Sentencia?—Salud y fuerza para seguir luchando cada día y aceptar el sacrificio que exige esta profesión. Le pido eso, porque el camino hacia la gloria siempre pasa por el esfuerzo.