¿Rechazar llamadas desconocidas te protege o te convierte en un blanco?

¿Rechazar llamadas desconocidas te protege o te convierte en un blanco?
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¿Rechazar llamadas desconocidas te protege o te convierte en un blanco?

Cada día, nos enfrentamos a la misma situación: un número desconocido aparece en la pantalla de nuestro teléfono y, casi instintivamente, pulsamos el botón rojo para rechazar la llamada. Aunque parezca la solución más lógica y rápida para evitar llamadas comerciales no deseadas o posibles estafas, este gesto podría estar teniendo el efecto contrario al deseado.

El rechazo alimenta el spam telefónico

Lo que interpretamos como un simple rechazo, los algoritmos de marcación automática lo ven como una confirmación. Al rechazar activamente una llamada, estamos enviando un mensaje claro: el número de teléfono está operativo y hay una persona real al otro lado de la línea. Esta validación convierte nuestro número en un objetivo aún más valioso para futuras campañas, ya sean de telemarketing o con fines fraudulentos.

Los sistemas que gestionan las llamadas masivas ya no funcionan al azar.

Utilizan plataformas de marcación automática con algoritmos que analizan y optimizan cada intento de contacto. Para estas tecnologías, no es lo mismo un tono de línea que indica que el número no existe, que un teléfono apagado o una llamada rechazada de inmediato.

El valor de un número “activo”

Un simple toque en el botón rojo sirve para validar el número dentro de enormes bases de datos que se compran y venden constantemente. Una vez que un número se marca como “activo”, su valor aumenta y pasa a formar parte de listas de contacto priorizadas. Expertos en ciberseguridad señalan que los sistemas registran variables como la hora del rechazo o la duración del tono, datos que utilizan para refinar los siguientes intentos.

La creencia popular de que ignorar la llamada es la mejor defensa no es del todo cierta.

Desde el punto de vista del algoritmo, colgar no significa un “no” definitivo. El sistema lo interpreta como que hay disponibilidad técnica, pero no personal en ese momento. Esto alimenta un ciclo de insistencia: las llamadas volverán a producirse desde otros números y en diferentes franjas horarias, aumentando la presión sobre el usuario.

Una respuesta controlada podría ser más efectiva

Aunque parezca contradictorio, algunos especialistas en seguridad digital recomiendan una acción controlada y mínima en lugar de la simple evasión. Atender la llamada y pronunciar una frase corta, neutra y firme puede ser más efectivo que colgar.

En muchas plataformas de telemarketing, esta respuesta activa un protocolo de baja.

La clave está en no dar pie a la conversación. Una frase como “no me interesa, gracias” puede ser suficiente para que el sistema catalogue el número como un rechazo explícito, lo que en teoría reduce las probabilidades de que vuelvan a contactar desde ese mismo servicio. Sin embargo, esta estrategia debe aplicarse con precaución y sentido común.

Precauciones al interactuar

Es fundamental que esta breve interacción no vaya más allá. **Jamás** se debe compartir información personal, datos bancarios o confirmar ningún tipo de información que nos solicite el interlocutor.

Tampoco se deben seguir instrucciones como pulsar una tecla o responder “sí”, ya que estas acciones pueden ser utilizadas para suscribirnos a servicios no deseados o validar estafas.

Medidas preventivas para protegerte

Más allá de cómo reaccionar en el momento, las medidas más eficaces son las preventivas. Los sistemas operativos modernos, tanto Android como iOS, incluyen filtros automáticos capaces de detectar y silenciar la mayoría de las llamadas sospechosas. Activar estas funciones en los ajustes del teléfono reduce drásticamente la exposición sin necesidad de interactuar.

Otro punto clave es revisar los consentimientos de privacidad que aceptamos al darnos de alta en servicios online. A menudo, sin ser conscientes, autorizamos el uso de nuestro teléfono para fines publicitarios.

Inscribirse en sistemas de exclusión como la Lista Robinson y ejercer nuestros derechos de protección de datos son las herramientas más poderosas para cortar el problema de raíz, aunque sus efectos no sean inmediatos.