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Regularización de migrantes: la postura de la Conferencia Episcopal Española
El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Monseñor Luis Argüello, ha expresado su respaldo a la reciente regularización extraordinaria de migrantes en España, considerándola una medida necesaria para abordar la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran muchas personas.
Un “laberinto social” para miles de personas
Argüello, en declaraciones al programa ‘La Linterna’ de COPE, explicó que esta regularización responde a la experiencia directa de organizaciones eclesiásticas como Cáritas, que atienden a personas empadronadas pero atrapadas en un “laberinto social”, sin acceso a un contrato laboral formal. Subrayó que la iniciativa, impulsada por más de 900 organizaciones de la sociedad civil desde 2021, busca dar una solución a “miles de personas que viven en una situación de una especie de laberinto social”. Se refirió a familias con hijos escolarizados que, sin embargo, se ven obligadas a trabajar de manera informal “en condiciones de extraordinaria dificultad”. El objetivo, recalcó, es permitirles “encontrar una manera de vivir una vida digna”.
Críticas al procedimiento del Gobierno
A pesar de apoyar la medida, el presidente de la CEE criticó la forma en que el Gobierno ha llevado a cabo la regularización, lamentando la falta de “un verdadero acuerdo nacional”, especialmente tras la aprobación de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) por 310 diputados.
Si bien consideró la oportunidad y el modo del pacto como una “cuestión secundaria”, insistió en la importancia de un consenso más amplio.
El “efecto llamada” y la seguridad
Ante las preocupaciones sobre un posible “efecto llamada”, Argüello argumentó que el principal factor de expulsión son las difíciles condiciones de vida en los países de origen: “situaciones de persecución, de pobreza, de guerras, de conflictos, de faltas de libertades”. También alertó sobre la falsa expectativa de que “venir a Europa va a ser un paraíso”. Respecto al temor de que la regularización masiva pueda facilitar la entrada de personas con riesgo para la seguridad, el presidente de los obispos lo relativizó, afirmando que “las posibilidades de una vida de delincuencia son mayores si no es viable una vida ciudadana normal, pudiendo obtener un trabajo”. Defendió que la mayoría de los inmigrantes no son delincuentes y que la exclusión social aumenta la tentación de caer en mafias.
Integración y valores comunes
Argüello identificó la integración como el “gran desafío”, advirtiendo que “la llamada multiculturalidad, de la que se ha hablado en los últimos 20 años, no es la respuesta”.
Abogó por “encontrar algunos lazos comunes” y recordó que una sociedad de derechos es también una “sociedad de deberes”. Destacó que muchos migrantes de Hispanoamérica o Europa del Este son cristianos, lo que facilita la unión. En cuanto al diálogo con otras culturas, como la musulmana, propuso una “base ética, moral”, basada en valores judeocristianos como los Diez Mandamientos.
Perspectiva económica y pacto migratorio
El presidente de la CEE señaló que el sector empresarial apoya la regularización debido a la necesidad de trabajadores en áreas como la agricultura, la ganadería, la construcción, la hostelería y el cuidado de mayores. Finalmente, insistió en la necesidad de un gran “pacto de Estado” y a nivel europeo sobre migración, que aborde las causas en origen a través de acuerdos económicos y planes de desarrollo.













