
El presidente del Consello Regulador de Ternera Gallega, Jesús González, ha manifestado la “profunda preocupación” del sector ante el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur. González ha señalado que las principales dudas se centran en “qué garantías se van a exigir y qué medidas de control se van a poner en marcha”, ya que una liberalización de aranceles sin equiparar las condiciones productivas podría ser el inicio de una amenaza para la ganadería gallega.
Jesús González ha advertido de que si no se exigen las mismas condiciones sanitarias, medioambientales y laborales a la carne importada, “estamos favoreciendo, entre comillas, la competencia desleal”.
El presidente de la IGP Ternera Gallega destaca que el modelo productivo gallego, basado en el minifundio y en pequeñas explotaciones familiares, no puede competir en igualdad de condiciones con las grandes extensiones y estructuras de los países de Mercosur.
Esta diferencia estructural, sumada a los menores costes productivos en Sudamérica, sitúa a las explotaciones gallegas en una “muy mala situación competitiva”. González ha recordado que el sector primario no debe ser utilizado como “moneda de cambio” para facilitar la exportación europea de otros productos como tecnología o maquinaria, poniendo en riesgo la soberanía alimentaria del continente.
Además de las amenazas externas, el sector ganadero afronta desafíos internos derivados de la Política Agraria Común (PAC).
González critica la falta de estabilidad de la PAC en los últimos periodos, con políticas que cambian cada cuatro años, lo que genera “inseguridad, miedo y preocupación” en los agricultores y ganaderos. “Esto no es una fábrica de tornillos donde se cambia un molde”, ha sentenciado, remarcando que los cambios en el sector primario requieren tiempo.
Otro de los grandes escollos es la excesiva burocracia.
El presidente de la IGP lamenta que se legisle pensando que el ganadero “es una multinacional con una oficina llena de personas”, cuando la realidad es que apenas tiene tiempo para el papeleo. Esta sobrecarga administrativa obliga a los profesionales a dedicar horas a la gestión o a contratar asesorías, un coste inasumible para el tamaño medio de las explotaciones gallegas, que provoca que al final “van a acabar siendo más gestores administrativos que ganaderos”.
Ante este escenario, Jesús González reivindica el valor de los sellos de calidad europeos como Ternera Gallega, que ofrecen al consumidor una garantía de origen, trazabilidad y seguridad alimentaria.
Aunque reconoce que una parte de los consumidores se guía por el precio, anima a seguir apostando por la carne certificada, ya que hacerlo no solo mantiene la estructura económica de las explotaciones, sino que también “está favoreciendo que el rural gallego siga estando cuidado, vivo y habitado”.
Finalmente, sobre la situación de la marca, González ha aclarado que Ternera Gallega goza de “muy buena salud” en el mercado gallego y una “buena salud, pero mejorable” en el resto de España, donde representa un 5-6% de la carne de ternera comercializada. Por ello, considera que el foco debe estar en crecer en el mercado nacional, mientras que la internacionalización es un camino incipiente y complejo para un producto fresco.
La Indicación Geográfica Protegida Ternera Gallega inicia su labor de control y promoción en 1989.
Desde 1996 está reconocida por la Unión Europea, siendo la primera carne de vacuno con control integral y certificado de garantía.
La carne comercializada bajo el amparo de la IGP Ternera Gallega es exclusivamente de terneros nacidos, criados y sacrificados en Galicia, que proceden de razas autóctonas y sus cruces y que superaron un riguroso programa de control integral.
Bajo esta indicación trabajan unas 8.000 explotaciones en Galicia.













