Un paciente ciego recupera la visión de forma inesperada antes de activar su prótesis cerebral

Un paciente ciego recupera la visión de forma inesperada antes de activar su prótesis cerebral
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Un paciente ciego recupera la visión de forma inesperada antes de activar su prótesis cerebral

Miguel, un hombre de 65 años que sufría ceguera total desde hacía tres años debido a un daño irreversible en el nervio óptico, experimentó una recuperación parcial de su visión natural de manera sorprendente. Este hecho ocurrió incluso antes de que la prótesis visual que se estaba probando en su cerebro comenzara a transmitir imágenes artificiales procesadas.

Este caso, calificado como “único” por los investigadores españoles que lo documentaron durante un ensayo clínico, ha sido publicado en la revista *Brain Communications*. Lo que más sorprendió a los autores no fue solo la mejora visual espontánea antes de la activación del implante, sino también la persistencia de esta recuperación a lo largo del tiempo, incluso después de retirar la prótesis.

Un hallazgo inesperado

“Esto ha sido un hallazgo completamente inesperado”, declaró Eduardo Fernández Jover, investigador principal del estudio. Relató que, al comenzar a estimular eléctricamente el cerebro con el dispositivo aún apagado, Miguel exclamó que creía estar viendo a la persona que estaba frente a él.

Ante la incredulidad de los especialistas, Miguel podía identificar quién levantaba el brazo en cada momento, distinguiendo las siluetas. “No es que vea bien. Empezó a ver sombras y a detectar el movimiento, por ejemplo. Y lo que hemos hecho es ir entrenándolo con el tiempo y, finalmente, con la prótesis, ha sido incluso capaz de leer letras grandes en el ordenador”, explicó Fernández Jover.

Implicaciones futuras

Los autores del estudio aseguran que se trata de **”un caso único”**, que sugiere que este tipo de estrategias podrían ser útiles en la rehabilitación de personas con daño en las vías visuales en el futuro. El estudio, en el que participa el Consorcio CIBER en el área de Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina (CIBER-BBN), además de la UMH, fue diseñado para evaluar la seguridad y la viabilidad de una prótesis visual cortical en cuatro pacientes, pero han adelantado los resultados de uno de ellos, Miguel, ante su novedad y trascendencia.

Arantxa Alfaro Sáez, neuróloga y miembro del grupo NBio de la UMH, afirmó que, si bien se han descrito algunos casos de recuperación de la visión en pacientes con daño severo del nervio óptico, estos siempre se han producido en los primeros meses tras la lesión, lo que hace inusual que ocurra después de tanto tiempo.

El procedimiento consistió en la implantación quirúrgica de una matriz intracortical de 100 microelectrodos en la corteza visual primaria, la región del cerebro encargada de procesar la información visual. A través de esta matriz, los investigadores aplicaron patrones de estimulación eléctrica controlados para generar percepciones visuales artificiales, conocidas como fosfenos.

Dos días después de la cirugía, Miguel informó que comenzaba a percibir luces y movimientos frente a él. “Apenas habíamos empezado a estimular su corteza visual para, digamos, calibrar el sistema, pero empezamos a gesticularle y el paciente fue capaz de describir correctamente la posición de nuestros brazos; sabía dónde estábamos las personas a su alrededor”, relató Alfaro.

Resultados duraderos y esperanza para el futuro

Uno de los aspectos más llamativos es que la mejora visual persistió incluso después de la retirada quirúrgica del implante intracortical.

Leili Soo, investigadora de la UMH y coautora del trabajo, explicó que las señales eléctricas que el cerebro genera en respuesta a estímulos visuales, prácticamente ausentes en Miguel antes del estudio, reaparecieron y mejoraron progresivamente con el tiempo, confirmando una recuperación real y medible.

Durante los meses siguientes, Miguel siguió una rutina diaria de entrenamiento visual. A diferencia de otras prótesis, la visión recuperada por este paciente se mantuvo incluso después de que los microelectrodos le fueran retirados quirúrgicamente al finalizar el estudio. Dieciocho meses después de la extracción, su visión binocular seguía siendo once veces superior a la que tenía antes de comenzar el experimento.

Aunque la causa del daño en el nervio óptico no está clara, los científicos creen que pudo ser autoinmune. Fernández Jover resume que, dado que Miguel tenía un daño del nervio óptico y pueden quedar algunas fibras, es posible que la estimulación eléctrica haya mejorado la supervivencia de esas vías, impidiendo su degeneración completa.

Los investigadores concluyen que la combinación de la microestimulación eléctrica y un entrenamiento visual intenso pudo haber inducido plasticidad cerebral, reabriendo una ventana de reorganización en el cerebro adulto y permitiendo que vías nerviosas que se creían dañadas de forma permanente volvieran a procesar información visual. Este descubrimiento abre una puerta de esperanza para el desarrollo de futuras terapias en pacientes con lesiones graves del nervio óptico.