¿Una UE federal? Draghi y Macron defienden “más Europa” frente a EEUU y China

¿Una UE federal? Draghi y Macron defienden "más Europa" frente a EEUU y China
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¿Una UE federal? Draghi y Macron defienden "más Europa" frente a EEUU y China

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La Unión Europea se enfrenta a un dilema crucial: soberanía geoestratégica o fragmentación. Esta advertencia ha sido lanzada por Mario Draghi, desde una perspectiva económica, y por Emmanuel Macron, desde el ámbito geopolítico.

La coincidencia de opiniones entre Draghi y Macron no es casual. Ambos líderes europeos coinciden en la necesidad de impulsar a Europa para que juegue un papel protagonista en el escenario mundial. Tanto el ex primer ministro italiano como el presidente francés sostienen que la UE ha alcanzado su límite y se encuentra bajo una gran presión internacional.

La necesidad de una estructura federal

Draghi propone avanzar hacia una estructura federal para competir con Estados Unidos y China, absorbiendo así peso geopolítico y tecnológico. De lo contrario, Europa corre el riesgo de perder autonomía y soberanía económica en un mundo cada vez más hostil. Para Draghi, esta transformación federalista es esencial. “Una confederación de 27 Estados con derecho de veto no genera poder”, afirmó, señalando que esto expone a cada país a presiones bilaterales de potencias como Washington o Pekín.

Macron, aunque no llega a proponer una federación explícita, implora una arquitectura institucional similar. Advierte que la UE es vulnerable si no actúa con una voz unificada e instrumentos comunes. Según el presidente francés, la UE no debe ignorar las tensiones con Estados Unidos en temas como Groenlandia, la tecnología y el comercio. Es el momento de que el bloque comunitario se convierta en una verdadera potencia geopolítica mundial, reduciendo su dependencia de Estados Unidos y China.

Amenazas y desafíos

Macron alerta sobre un “tsunami chino en el frente comercial” y “frentes borrascosos” provenientes de Estados Unidos, lo que genera una “profunda conmoción” y la posibilidad de una “ruptura de la construcción europea”. En su opinión, no hay margen para medias tintas ante una administración estadounidense “abiertamente antieuropea que desprecia a la UE”: o se cede ante Estados Unidos, o se refuerza el espacio comunitario.

El trasfondo de estas advertencias es que Estados Unidos y China han dejado de respetar las reglas del orden económico liberal, utilizando subsidios masivos, controles tecnológicos y coerción comercial. Esta situación se suma a la inminente colisión sobre la regulación europea a las grandes plataformas digitales, donde Bruselas busca competencia leal y protección de derechos civiles, mientras Washington amenaza con represalias.

Federalismo “draghiniano”

Draghi argumenta que Europa ha actuado con respeto y capacidad de negociación en áreas donde se ha “federado”, como el comercio, la competencia, el mercado único y la política monetaria. Sin embargo, en ámbitos como la defensa, la política industrial y la acción exterior, la UE se muestra fragmentada y vulnerable. Esta asimetría es costosa en la globalización actual.

Macron coincide en que Europa no debe caer en una “falsa sensación de seguridad”. Sin una autoridad común en política exterior y sin respuestas económicas coordinadas, territorios como Groenlandia pueden convertirse en moneda de cambio. También anticipa tensiones en la aplicación de la Digital Services Act europea, instando a una regulación unificada y con poder para resistir represalias comerciales.

El informe de Draghi sobre competitividad estima que Europa necesita inversiones adicionales cercanas a los 800.000 millones de euros anuales para evitar la desindustrialización y fortalecer la seguridad económica de la UE. Sin embargo, poco se ha movilizado de estos recursos. El problema no es solo financiero, sino también institucional, ya que la UE carece de un sistema impositivo común que le permita responder a la política industrial americana o al modelo exportador chino.

El FMI señala otra debilidad: la fragmentación regulatoria, que actúa como un “arancel invisible” que encarece los bienes y servicios en el espacio comunitario. Para Macron, estos déficits institucionales demandan una “revolución económica” financiada con deuda común para impulsar la IA, la computación cuántica, la transición energética y la industria militar.

Draghi propone un “federalismo pragmático” que permita a un núcleo de socios avanzar en la integración a dos velocidades, pero siempre como una federación genuina y no como una cooperación flexible y reversible.

Existen resistencias, con capitales que temen perder controles nacionales y otros que recelan de políticas industriales que alteren la ortodoxia del mercado único. Sin embargo, la alternativa es más costosa, ya que la amenaza externa puede unir, pero solo la esperanza de un proyecto común sostendrá este esfuerzo, requiriendo instituciones federales capaces de transformar el peso y la capacidad de influencia de la UE.

El nuevo orden global exige que Europa elija entre ser un espacio regulatorio fragmentado o un actor soberano que defienda su modelo económico y social. La convergencia entre Draghi y Macron sugiere que el tiempo de la ambigüedad se ha agotado.

Expertos comparten el criterio federalista

Un año después de las propuestas de Draghi, apenas se ha aplicado el 11% de las medidas, y se mantiene la confederación de socios con vetos nacionales que “no produce poder”. Fabrizio Campelli, de Deutsche Bank, subraya los límites de una estrategia defensiva y la necesidad de coordinar a nivel supranacional con un ecosistema financiero alineado a objetivos comunes.

Analistas del Instituto Bruegel reconocen que Bruselas ha asumido parte del diagnóstico de Draghi, pero alertan sobre la contradicción de impulsar una política industrial ambiciosa sin financiación centralizada, lo que podría fragmentar el mercado único y favorecer a los países con mayor capacidad fiscal.

Sébastien Maillard, de Chatham House, subraya la dimensión institucional y la necesidad de coaliciones entre socios dispuestos a avanzar en competencias clave sin unanimidad. Fred Kempe, del Atlantic Council, interpreta las advertencias de Draghi como una reacción a la ruptura del orden internacional de posguerra.