
Curro Vázquez en los premios de la RUCTL: «Mientras haya toreros jóvenes y ganaderos jóvenes con ilusión, el toreo no se puede acabar nunca»
Recordó además el reciente 120 aniversario de la institución, señalando que «no se sostienen solo con historia, se sostienen con compromiso», y apeló a la unidad para afrontar los retos del futuro.Pasión por el toroLa velada estuvo acompañada por un vídeo que aportó una dimensión casi poética al acto, con una voz en off que encarnaba al toro bravo: «Yo soy el toro, soy la verdad, la certeza de lo eterno.Mi divisa es la bravura, mi hierro la integridad». Esta pieza, cargada de simbolismo, sirvió como hilo conductor, recordando la centralidad del animal en todo el universo taurino.Uno de los primeros reconocimientos fue para la familia Murube, galardonada por su trayectoria ganadera ejemplar. La evocación de su legado estuvo cargada de referencias históricas y emocionales, destacando su papel como «ganadería madre de otras muchas» y su contribución decisiva a la evolución del toro bravo. José Murube, al recoger el premio, agradeció el reconocimiento «a un hierro, una divisa, un encaste y sobre todo a una familia», en unas palabras sencillas que pusieron el acento en la herencia recibida y la responsabilidad de mantenerla viva.El premio al compromiso con el toro bravo recayó en el maestro Curro Vázquez, figura indiscutible del toreo.
Su intervención, breve pero sincera, conectó con el sentir general del auditorio: «Estoy muy ilusionado, la gente ahora está valorando la carrera de muchos años». En un momento de reflexión sobre el presente de la tauromaquia, lanzó un mensaje de optimismo: «Nunca ha habido tanto chaval que quiere ser ganadero, mientras haya toreros jóvenes y ganaderos jóvenes con ilusión, el toreo no se puede acabar». Sus palabras fueron recibidas como una defensa firme del relevo generacional.Momento emotivoLa ceremonia alcanzó uno de sus momentos más conmovedores con la entrega del premio a la defensa de nuestros valores a Liliana Sáenz. Su intervención, marcada por el recuerdo del accidente de Adamuz, silenció la sala: «Es muy complicado estar hoy aquí, este premio es de mi madre y de todos los corazones que se pararon aquel día».
Con una entereza sobrecogedora, convirtió su dolor en un mensaje colectivo, provocando una ovación cerrada del público, que se puso en pie en señal de respeto.El último reconocimiento, en la categoría de apoyo a los ganaderos, fue para el consejero Antonio Sanz. En su discurso, defendió sin ambages el papel de la tauromaquia en Andalucía: «Los toros son tradición, pero son identidad y realidad de Andalucía». Subrayó además el respaldo institucional al sector y destacó el creciente interés, especialmente entre los jóvenes, apoyándose en datos recientes de audiencia. «No solo hay afición, sino que está creciendo», afirmó, reforzando la idea de que el futuro de la tauromaquia sigue abierto.En conjunto, la IX edición de estos premios se consolidó como algo más que una entrega de galardones.
Fue un espacio de encuentro entre generaciones, un ejercicio de memoria y una afirmación colectiva de valores. Entre discursos, recuerdos y aplausos, quedó patente que el toro bravo sigue siendo, para sus defensores, mucho más que un elemento de la fiesta: es identidad, cultura y legado.













