Sale a la luz la correspondencia inédita entre Cela y su amor imposible, la madre de Javier Marías

Sale a la luz la correspondencia inédita entre Cela y su amor imposible, la madre de Javier Marías
Imagen de archivo: https://www.abc.es/

Sale a la luz la correspondencia inédita entre Cela y su amor imposible, la madre de Javier Marías

En 1934, había familias de bien para las que pasar el verano en Las Rozas era un buen plan. Fue allí donde Camilo José Cela, que entonces tenía dieciocho años y quería ser poeta, conoció a Lolita Franco, una estudiante de Filosofía y Letras que andaba en los veintidós: se fascinó por ella, y ahí empezó una amistad que nunca fue a más porque la mujer, que luego se casaría con Julián Marías, no quiso. Durante casi una década (1934-1942) mantuvieron una correspondencia que ahora sale a la luz, en un libro de la Fundación Santander editado por el catedrático de literatura española Adolfo Sotelo Vázquez. «Si no me quieres como amigo, quiéreme como a un mueble o como a un perro, pero quiéreme, Lolita», le suplicó el Nobel.

Estas son cartas en las que Cela le enseña a Lolita Franco sus primeros intentos en la poesía, que luego acabarían en su primera obra, ‘Pisando la dudosa luz del día’, y en la que ella ejerce como mentora y crítica. Le aconseja, por ejemplo, leer a Alberti y a Ortega y a Zubiri, y le dice que no se meta tanto en el surrealismo. «Este epistolario se puede leer como una novela sentimental, pero también como el relato del aprendizaje de un escritor que se inicia en su vocación. Y se debe leer como un testimonio de la intrahistoria de aquellos años», afirma Sotelo Vázquez.

La Guerra Civil destrozó a Lolita Franco: su hermano Emilio fue asesinado con su novia, una joven militante falangista, en la cheka de la calle Fomento… «Mis padres son dos ruinas, siento ligazón y deber y sólo espero una vida triste», le cuenta ella en diciembre del 36.Sotelo Vázquez conoció las cartas que ella le envió a Cela hace ya veinticinco años, y confirmó que su relación intelectual fue muy importante para el literato cuando descubrió en su biblioteca una primera edición de un libro de Juan Ramón Jiménez (‘Canción’, de 1935), dedicado por ella. «Cela conservaba las cartas de Lolita que le había escrito a él, y ya en sus memorias aseguraba que si alguien lograra conseguir las que él le había mandado a ella sería muy interesante publicarlas», continúa el investigador. «Desde ese momento me dediqué a ver si convencía a los hijos de Lolita Franco. Javier Marías siempre me decía: eso son cosas de la revista ‘Hola’, Adolfo, déjalo».

A Marías, por lo que sea, Cela nunca le hizo gracia.«Si no me quieres como amigo, quiéreme como a un mueble o como a un perro, pero quiéreme, Lolita» Cela, a Lolita FrancoHace tres años y medio el fondo de Julián Marías y el de Lolita Franco fueron depositados en la Biblioteca Histórica de la Complutense, lo que ha posibilitado este libro. «Allí conseguí leer y tomar nota y con los permisos oportunos pude tener las fotos de las cartas que Cela le había enviado a Lolita Franco. Las cartas eran manuscritas y algunas estaban mecanuscritas». En la primera, del domingo 9 de septiembre de 1934, él escribe: «Solo, sin ti –¿me entiendes ahora?–, yo no tengo razón para seguir escribiendo –¡qué cruel eres!– bellos versos».

Y después: «Yo renuncio para siempre a ser tu amigo, ¡soy demasiado animal!, pero no renuncio a que me contestes a esta carta. (…) Te pido que quemes todas mis poesías, ¡pobres poesías mías, nunca debieron ser!». La respuesta de ella es del 11 de septiembre: «Por si temes que no te conteste, voy a hacerlo enseguida». De sus primeros versos, opina: «Cada día harás mejores versos –lo has de ver–».

Algunos de los poemas que le mandó desaparecieron, y de otros desapareció la dedicatoria. Sí se conserva ‘La rosa’, un poema que le envió dedicado el 3 de septiembre de 1936: «El aire te sentía temblorosa / de verdor, y tu color tenía / la pátina –suave lejanía– / de aquello ojos de mujer llorosa…». En la carta, le dice: «Tengo también escrito un poema cruel: ‘Himno a la masturbación’, que no te doy a conocer (…) porque no me parece acompañarlo de ‘La rosa’. Algún día lo conocerás.

Yo quiero que conozcas todo lo mío. Es una manera de conocerme a mí». No conocemos la respuesta, porque en esta correspondencia hay huecos que no se pueden llenar. «Ellos estaban en la misma ciudad, y hay encuentros entre los dos que fueron orales y no podemos reconstruir [se citaban en el Prado, en Moncloa, en la facultad…].

Además, tras leer las cartas, estoy convencido de que cuando se casó con Julián Marías, en 1941, Lolita retiró algunas de las cartas de Cela, porque debían ser un poco salidas de tono», sostiene Sotelo Vázquez, que añade: «La labor de Lolita Franco era orientar al joven Cela con sus esperanzas de ser poeta. Pero ahí va naciendo una relación yo diría sentimental que está clara. Pero está más clara en las cartas de él que en las de ella, que guarda distancia». En sus memorias, Cela le guardaba cariño: «Era una mujer excepcional, inteligente, cultura y serena, con la cabeza clara y el sentimiento noble y sereno».De arriba abajo: una carta de Cela a Lolita Franco, enviada entre 1934 y 1936; una carta de Lolita Franco a Cela, de 1934; el poema ‘La rosa’, que el escritor le envió dedicado en septiembre de 1936Cela, por cierto, tuvo por aquellos una novia que se llamaba Lolita Rodríguez Seijas.

Él le habla de ella a Lolita Franco en una carta: «Pudo ser felicísima durmiéndose en mi hombro, con sus inmensos ojos derramados, pero prefirió seguirse falseando». Su amiga le recrimina el tono: «Todos los hombres, cuando una mujer no se enamora de vosotros, reaccionáis contra ella (…) ¡Muy pretencioso, hijito, muy poeta!». No mucho después, él critica un ensayo de Julián Marías: «No sé si tendrá mucho mérito bajo el punto de vista filosófico; desde el punto de vista literario me parece bastante deficiente, y desde ambos, demasiado pedante». Ella contesta con frialdad: «Yo lo encuentro muy bien».Más allá de la relación, Sotelo Vázquez destaca el valor del epistolario para conocer al primer Cela: sus dudas, las lecturas que ella le recomendaba («lee las ‘Meditaciones del Quijote’ y aprende a hacer salvaciones»), sus opiniones, su sentir… Pero no solo eso.

«Empecé este epistolario por Cela pero he quedado fascinado por ella, que es una gran desconocida. Ortega quería que fuera la primera mujer licenciada en Filosofía, pero Pedro Salinas la convenció para la literatura… Para la historia de la literatura tuvo el problema de que era cristiana, y esto parece ser que no iba con las sinsombrero», opina. Ahora, promete, se dedicará a ella.