
El cierre de La Tertulia: Un adiós a la noche cultural de Granada
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El emblemático pub La Tertulia de Granada, un punto de encuentro para poetas, actores y músicos durante casi medio siglo, cerrará sus puertas el próximo 30 de mayo, marcando un punto final a una era y evidenciando la transformación de los hábitos del público nocturno.
Tato Rébora, la cara visible de La Tertulia, lamenta el cierre de este espacio que ha sido un espejo de la vida cultural granadina. Recuerda con nostalgia una época dorada en la que figuras como Rafael Alberti, Mario Benedetti, Paco Ibáñez y Joaquín Sabina frecuentaban el local, junto a nombres como Enrique Morente y Luis García Montero.
De punto de encuentro a espacio programado
Rébora evoca cómo La Tertulia se convirtió en un lugar predilecto para distintos gremios, desde actores hasta periodistas. Sin embargo, con la fragmentación de las artes, el local experimentó un declive relativo. Fue entonces cuando se hizo necesario programar actividades para atraer al público.
En una segunda etapa, La Tertulia se consolidó como un filtro para la ciudad, donde los artistas comentaban sus proyectos antes de presentarlos al público. Pero fue en este momento cuando Rébora y sus socios comenzaron a notar tendencias preocupantes.
La soledad digital y el cambio de hábitos
La Tertulia, como otros lugares, había sido un espacio de encuentro donde la vida cultural era un complemento. Sin embargo, los encuentros comenzaron a disminuir. Tras los eventos, la gente ya no se quedaba como antes y el consumo disminuía. La salud comenzó a prevalecer sobre el placer, y el público se cuidaba más.
El cambio más notable se produjo en la atmósfera del local. Antes, era común que alguien llegara buscando compañía y conversación. Ahora, la gente prefiere quedarse en casa mirando el móvil. El pub como lugar de encuentro ha muerto, y la noche se ha vuelto un territorio dominado por jóvenes menores de 40 años.
La pandemia como golpe final
En los últimos tiempos, muchos locales como La Tertulia han cerrado en Andalucía y en el resto de España, debido a factores como la jubilación de los propietarios, la falta de emprendedores, el aumento de los alquileres y los problemas de insonorización.
Según Rébora, la pandemia fue el golpe final. La noche cambió por las mañanas, y los bares nocturnos llenos se han transformado en cafeterías matutinas abarrotadas.
Aunque el turismo ha ayudado a algunos locales a sobrevivir, esto ha conllevado una pérdida de naturalidad y autenticidad. La Tertulia recibe turistas españoles que la visitan como si fuera un museo, mientras que solo los martes, con la programación de tango, se ve una afluencia de extranjeros.
A pesar de esto, las dificultades persisten. De las seis horas que el local está abierto, solo hay ingresos reales durante dos, y el consumo es bajo. A diferencia de antes, cuando era difícil cerrar La Tertulia, ahora a las dos y media no queda nadie.
El peso de las tendencias
La Tertulia ha recibido numerosos premios y reconocimientos, pero ninguna institución ha facilitado su subsistencia. Sin embargo, el calor de los parroquianos ha sido palpable en los últimos días, ayudando a reducir las deudas y animando a sus responsables a mantener la llama viva.
Aunque se han planteado iniciativas para evitar el cierre, Rébora se muestra pesimista. “Hace mucho que aprendí que las épocas mandan sobre las voluntades individuales. Las tendencias tienen una potencia que no es posible revertir”.
Rébora no puede evitar la melancolía al pensar en el cierre de La Tertulia, que ha sido su vida. “Es duro cerrar, porque es mi vida. Yo siento que no llego a Granada hasta que no llego a La Tertulia. ¿Cómo voy a hacer ahora? Temo quedándome dando vueltas sin saber adónde llegar”.













