
Mar Bermúdez: De víctima de agresión sexual a resignificar los pecados capitales en un libro
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Mar Bermúdez, una periodista de Barcelona, ha transformado su experiencia traumática de agresión sexual en un acto de empoderamiento y reflexión feminista. En su libro, “Els pecats d’una feminista” (Ara llibres, 2026), Bermúdez resignifica los siete pecados capitales a partir de su vivencia personal, ofreciendo una perspectiva crítica y liberadora.
Un caso que sacudió el periodismo catalán
En 2022, Bermúdez fue agredida sexualmente por su jefe, Saül Gordillo, durante una cena de empresa. Otra trabajadora también fue víctima de Gordillo, quien fue condenado a prisión por estos hechos. El proceso judicial y la posterior condena estuvieron marcados por un intenso escrutinio mediático, donde parte del periodismo catalán se posicionó a favor del agresor.
Ahora, con la publicación de su libro, Bermúdez busca cerrar este capítulo y recuperar su narrativa. “No me sentía legitimada para hacer un ensayo ni tampoco para hacer algo superbiográfico. Es una mezcla de ambas cosas porque lo que quería era que, al acabar de leerlo, tuvieras ganas de salir a quemarlo todo”, explica la autora.
Dar la cara y cambiar la vergüenza de bando
Inicialmente, Bermúdez y la otra víctima optaron por el anonimato. Sin embargo, la periodista decidió romper el silencio y denunciar públicamente a su agresor. “La primera vez que me tocó ir a los juzgados, me sacaron por la puerta de atrás, para que nadie me viera la cara… Y, de repente, llego a casa, pongo la tele y le veo a él. Y me entró mucha rabia. Era él el que se tenía que esconder, no yo”, recuerda.
En su declaración ante los medios, Bermúdez afirmó: “la vergüenza tiene que cambiar de bando”. Asumir su identidad como víctima la expuso a críticas y cuestionamientos, pero también le permitió defenderse y recuperar el control sobre su historia.
La ira como motor de cambio
De los siete pecados capitales, la ira es el favorito de Bermúdez. “Es algo que nos han quitado a las mujeres, para anularnos. Pero siento que la rabia es lo que nos activa”, afirma. Sin embargo, el libro comienza con la lujuria, abordando la noche de la agresión y la posterior revictimización que sufrió.
Perder la culpa y recuperar el cuerpo
Bermúdez tenía 23 años cuando fue agredida. Los tocamientos no consentidos y la intención sexual explícita quedaron registrados en la sentencia. A pesar de contar con el apoyo de sus compañeros y de las cámaras de seguridad, la filtración de los vídeos del juicio generó un ambiente de desconfianza y paranoia.
La periodista relata cómo algunos medios juzgaron su forma de bailar y de moverse, haciéndola sentir culpable de lo sucedido. Este cuestionamiento la afectó profundamente, incluso en sus clases de baile, y le impidió volver a pisar una discoteca durante dos años.
El sexo también se convirtió en un territorio vetado. Sin embargo, tras un largo proceso de terapia, Bermúdez recuperó la calma y la seguridad, resignificando su sexualidad y entendiendo que “nadie, absolutamente nadie, agrede sin querer”.
Resignificar los pecados capitales
A partir de su experiencia, Bermúdez ha resignificado el pecado de la lujuria, dejando atrás la idea de que la víctima se lo estaba buscando. “Ya no es que nosotras seamos lujuriosas, sino que ellos son agresores. No nos perdone, señor, que seguiremos pecando”, escribe en su libro.
De esta manera, la autora transforma la soberbia en dignidad, la ira en rabia y la envidia en solidaridad, tejiendo un viaje desde la noche de la agresión hasta su recuperación, pasando por la terapia, el apoyo de sus seres queridos y las dificultades del proceso judicial.
El coste de denunciar
Bermúdez dedica un capítulo a la avaricia, donde analiza el paso a paso de una denuncia y el coste emocional y económico que implica. “Cuando tomé la decisión, era más ingenua que ahora. Era de las que repetía que había que denunciar siempre y, aunque no me arrepiento de haberlo hecho, ahora matizo esa afirmación”, reconoce.
A pesar de las dificultades, Bermúdez se presenta como una privilegiada que pudo denunciar. Su caso, junto a otras denuncias públicas en el periodismo catalán, sentó las bases de un incipiente movimiento #MeToo.
Aunque el nombre de su agresor no aparece en el libro, Bermúdez considera que esta omisión es un acto de reparación y una forma de recuperar el control sobre su historia. “Es mi reparación y él aquí no saldrá. No es suyo, es algo que es solo mío y ahora, por fin, puedo decidir yo”, concluye.













