
Educar con el ejemplo: la clave para criar hijos empáticos y respetuosos
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El psicólogo y educador Javier de Haro subraya la trascendencia de educar a través del ejemplo, ya que los niños “aprenden mucho observándonos”. A menudo, los padres se enfocan en las lecciones verbales directas, pero, según el experto, las conductas cotidianas influyen en la misma medida.
De Haro advierte que los niños notan la incoherencia entre lo que se les dice y lo que ven hacer a sus figuras de referencia. Un ejemplo claro es usar el móvil mientras se le prohíbe al niño. En lugar de ello, recomienda actividades conjuntas como la lectura.
El impacto de los pequeños gestos cotidianos
Acciones tan comunes como no dar las gracias, gritar durante un partido de fútbol, tirar las cáscaras de pipas al suelo, no recoger la bandeja en un restaurante o perder la paciencia al volante son lecciones que los niños asimilan sin que nos demos cuenta.
“Al final son esas pequeñas cositas las que van educando”, explica De Haro.
Estos actos, a veces inconscientes, transmiten un mensaje poderoso que puede contradecir las normas que se intentan inculcar en casa.
El experto recuerda que la base de la educación reside en que “los niños aprenden más observando que escuchando”, un principio que debe guiar la crianza. La incoherencia más evidente se produce con el uso de la tecnología, cuando se exige a los hijos no usar el móvil en la mesa mientras los adultos lo hacen “por trabajo”.
Involucrar a los niños en el proceso
De Haro sugiere involucrarlos pidiéndoles, por ejemplo, que sean ellos quienes guarden el móvil del adulto, haciéndoles partícipes de la norma.
Una de las claves que propone el psicólogo es “hacerles partícipes” del proceso de mejora, dándoles permiso para señalar los errores de los padres: “Oye, y si tú me ves alguna vez que grito o que digo alguna palabrota, también me lo puedes decir”.
Esta estrategia no solo aumenta la conciencia de los adultos sobre sus propios actos, sino que fortalece a los niños. Según De Haro, “si tu hijo es capaz de ponerte límites a ti, va a ser capaz también de poner límites fuera, y eso es algo supervalioso”.
La importancia de la coherencia y la justicia
El experto advierte sobre el peligro de aplicar normas distintas para adultos y niños, una práctica que califica como “un error”.
Cuando un niño percibe que “la justicia es de diferente forma para unos y para otros”, el resultado es que “aprenden a intentar ocultar, mentir o engañar”. Por ello, es fundamental que los límites y las reglas sean coherentes y se apliquen a todos los miembros de la familia por igual.
Aprender de los conflictos
Incluso un conflicto puede ser una oportunidad de aprendizaje si se gestiona bien.
Según De Haro, que los hijos “vean discutir a su pareja” de una manera respetuosa, “escuchando y dejando hablar”, puede ser un “buen ejemplo” de resolución de conflictos.
Lo mismo ocurre con la inteligencia emocional: si los padres esperan que sus hijos expresen sus sentimientos, ellos deben ser los primeros en ser un modelo de apertura emocional y no reprimir lo que sienten con frases como “no se llora”.
El poder del ejemplo: el experimento del muñeco Bobo
De Haro recuerda el famoso experimento del muñeco Bobo de los años 60 para ilustrar este punto. En el estudio, niños de cuatro y cinco años imitaban el comportamiento de un adulto: si el adulto era agresivo con el muñeco, ellos también lo eran; si era calmado, su juego cambiaba radicalmente. “Solo con tres minutos podemos enseñar muchísimo a través del ejemplo”, concluye el psicólogo, demostrando el poder del aprendizaje vicario.
En definitiva, la reflexión que propone es que los padres deben actuar como les gustaría que sus hijos se comportaran. “¿Cómo te gustaría que se comportara tu hijo cuando tú no estás?
Pues es algo que tú tienes que hacer”, sentencia De Haro. Porque si se desea que un hijo sea una persona “educada, empática y humana”, el mayor legado es el de un comportamiento coherente y positivo.













