
Trump y el negocio de la paz: cuando lo humano choca con lo divino
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Las crónicas recientes pintan un cuadro de preocupante incompetencia en Jared Kushner, yerno de Donald Trump, durante su gestión como enviado especial para negociar con Irán. Tras ser apartado de esta tarea, se recuerda su afirmación en Arabia Saudí: “La paz no es muy distinta de los negocios”, equiparando la venta de un ático en la Quinta Avenida con la gestión de un conflicto histórico marcado por el trauma, la desconfianza y el dolor.
El negacionismo como patrón de la ultraderecha
Existe un círculo de leales a Trump, presente también en España, que niega la complejidad del mundo y se enfrenta a la realidad. Este negacionismo, un patrón epistemológico de la ultraderecha global, no es un simple error, sino su particular forma de ver las cosas. Viven en sus propias alucinaciones y buscan únicamente que les den la razón, compartiendo la visión atribuida a Karl Rove: “Somos un imperio y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad”.
En España, esta epistemología imperial y la negligencia que la acompaña encuentran aprendices en Extremadura. El próximo vicepresidente autonómico, Óscar Fernández, demostró dificultades para pronunciar el nombre de la consejería que gestionará, teniendo que leerlo ante la prensa.
Vox ha incorporado al acuerdo de gobierno la idea de que los problemas de vivienda y servicios públicos en Extremadura se solucionarán postergando a los extranjeros, estrategia que ya han utilizado a nivel nacional. Sin embargo, la realidad plantea un pequeño problema: los extranjeros representan solo el 4% de la población en Extremadura.
Algunos votantes se sienten atraídos por este discurso, ya que las explicaciones más simples suelen ser más fáciles de asimilar en nuestros cerebros saturados de información. No obstante, la realidad a menudo se resiste a ser simplificada, como un caramelo masticable que se pega a las muelas, obligándonos a enfrentarnos a ella de manera más directa. Esto es precisamente lo que le está sucediendo a Trump, quien se enfrenta a las consecuencias de ignorar la complejidad de la realidad.
El Papa y la visión de la paz
En contraste, el Papa representa una visión diferente, sin prisas y consciente de la necesidad de confrontar a Trump. Como buen católico, acumula siglos de conocimiento sobre los conflictos de la humanidad: el trauma, la desconfianza y el dolor. Todo lo que desprecia la ultraderecha forma parte del conocimiento fundacional de la Iglesia Católica. El Papa sabe de qué habla cuando afirma que “el mundo está siendo asolado por un puñado de tiranos”.
La idea de la paz como negocio ha fracasado en Irán, mientras que la paz como filosofía de vida ha ganado protagonismo. Estas dos visiones, encarnadas por figuras poderosas a nivel global, han generado un terremoto político. La paz como principio político también ha sido defendida en la Global Progressive Alliance, donde la izquierda mundial ha encontrado esperanza.
Lecciones políticas y desafíos de la ultraderecha
Aunque la paz no es un negocio, negociar puede traer consigo cierta tranquilidad. María Guardiola ha aprendido esta lección al precio de perder su identidad política y su autoridad frente a Génova. La incompetencia de la ultraderecha no es accidental, sino un error de diseño: si se buscan solo leales, se carecerá de talento, como le sucede al Vox de Abascal.
Su acuerdo con el PP abusa de la ambigüedad estratégica. Abascal ha promovido el concepto de “prioridad nacional”, pero el propio documento del acuerdo diluye su significado. Los recursos públicos se procurarán asignar “a quienes mantienen un arraigo real, duradero y verificable con el territorio”, lo que incluye a muchos extranjeros. Abascal ha logrado una victoria conceptual que, al negar la realidad, necesita una retórica grandiosa.
Vox asistirá próximamente a un bautizo y a un funeral. El funeral será en Chipre, en la última cena de Viktor Orban en el Consejo Europeo. El bautizo tendrá lugar en Mérida, con el nacimiento de un nuevo vicepresidente autonómico ultra.
La ultraderecha global se encuentra desorientada, y España ha contribuido a ello con la cumbre de la Alianza Progresista Global en Barcelona. Esta paradoja muestra que la esperanza de los demócratas respira mejor en todo el mundo, incluso cuando en España se fortalece la ultraderecha. Se espera que la realidad ponga pronto en evidencia sus limitaciones: no se puede gobernar contra la complejidad de lo real.












