¿El “Tigre” a la presidencia? Abelardo de la Espriella y su ascenso en la ultraderecha colombiana

¿El "Tigre" a la presidencia? Abelardo de la Espriella y su ascenso en la ultraderecha colombiana
Imagen de archivo: https://www.eldiario.es/

¿El "Tigre" a la presidencia? Abelardo de la Espriella y su ascenso en la ultraderecha colombiana

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

¿Podría Colombia tener un libertario sin experiencia política al mando en los próximos cuatro años? Para que eso suceda, Abelardo de la Espriella, un conocido abogado penalista de 47 años, primero deberá superar al izquierdista Iván Cepeda en la primera vuelta electoral. Ambos candidatos han liderado las encuestas durante meses. Su candidatura genera entusiasmo entre algunos sectores conservadores que lo ven como el único freno al candidato del Pacto Histórico oficialista, pero también genera inquietud por la falta de claridad en sus propuestas y su afinidad con el modelo radical de Milei en Argentina, Kast en Chile y Bukele en El Salvador.

La idea de jugarse el todo por el todo con un programa de extrema derecha preocupa a muchos en Colombia. La trayectoria de De la Espriella también genera dudas, especialmente su defensa legal de Alex Saab, exministro de Industria de Venezuela, actualmente encarcelado en Nueva York. Saab es un empresario colombiano con un pasado turbio, condenado en Estados Unidos por lavado de dinero y conspiración. Aunque la administración Biden lo indultó en 2023 en un intercambio de prisioneros, varias investigaciones periodísticas lo señalan como presunto testaferro de Nicolás Maduro.

De la Espriella, que se presenta por el movimiento Defensores de la Patria, ha intentado distanciarse de su antiguo cliente argumentando que su firma de abogados dejó de representar a Saab en 2019, cuando Washington lo incluyó en la Lista Clinton. Sin embargo, dos años después, el exministro chavista todavía lo recordaba como un “gran abogado y amigo”. También fue polémica su defensa de David Murcia Guzmán, el cerebro del mayor esquema Ponzi en Colombia, que afectó a 200.000 víctimas (en su mayoría de bajos ingresos) y defraudó alrededor de 1.200 millones de dólares.

“Lo que buscamos es demostrar que DMG no es una empresa criminal”, afirmó el entonces joven abogado en una entrevista televisada en julio de 2012, refiriéndose a la estafa piramidal. Poco después, también se retiró de ese caso, pero su papel dejó preguntas sin respuesta que ahora resurgen en plena campaña electoral.

La nueva imagen del “Tigre”

Antes de ser conocido como el “Tigre”, en su círculo cercano lo llamaban “Papucho”, un apodo que hoy solo usa su madre, María Eugenia Otero. En Montería, la ciudad del norte de Colombia donde tiene sus raíces, sus allegados destacan el contraste entre aquel joven provinciano, inquieto y cercano, y la figura nacional que ahora se muestra dura, usa el saludo militar como símbolo político y promete castigar a los delincuentes sin ser “políticamente correcto”.

En sus redes sociales, De la Espriella muestra una vida de viajes frecuentes en jet privado, presume de su Rolls-Royce Phantom y pasa largas temporadas en sus casas de Miami, Bogotá o la campiña toscana. Un mundo muy diferente al de su infancia. Su padre, Abelardo, fue un notario discreto con algún cargo regional en el Partido Conservador. Su educación, primero en el Colegio De La Salle de Montería y luego en la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá, fue similar a la de cualquier joven de clase media colombiana.

Una parte de su auge se explica porque el uribismo, que dominó la derecha con el Partido Centro Democrático durante la última década, ha sufrido un desgaste evidente y aún no se recupera. En ese vacío de liderazgo emerge esta figura sin trayectoria política previa.

Yann Basset – analista político de la Universidad del Rosario

Su fortuna, que ha logrado antes de los 50 años, es posterior a esa infancia austera y se basa en dos pilares: su bufete de abogados y una creciente red de empresas. Inicialmente, tuvo una marca de ron, una consultora inmobiliaria y una sastrería de lujo. Hoy, suma unas treinta sociedades con accionistas de todo tipo (algunas de ellas con pérdidas). “Primero se da a conocer en un país donde la política pasa por el mundo del derecho penal”, explica Jorge Iván Cuervo, académico de la Universidad Externado y recientemente nombrado Ministro de Justicia. “Sus estrategias de litigio lo acercaron a las élites. Y ahora su objetivo es alcanzar el poder político por fuera de los partidos tradicionales”.

Este es un guion seguido por varios candidatos de la derecha radical desde finales de los años ochenta: explotar la condición de “outsider” (siempre cercano al poder, pero nunca dentro de él) para representar el hartazgo ciudadano y presentarse como el único salvador del “abismo petrista” o del “comunismo hispanoamericano”. Para suavizar su imagen de provocador, hace unas semanas presentó al exviceministro de Hacienda José Manuel Restrepo como su fórmula vicepresidencial, un rector universitario que durante los últimos cuatro años ha refutado las políticas económicas de Petro en la red social X.

En el caso de De la Espriella, es evidente que sus bases y su guía política son una copia del uribismo más puro, es decir, el discurso militarista de mano dura y el énfasis en conceptos decimonónicos como la “patria” o la “familia” tradicional, que su amigo, el expresidente Álvaro Uribe, ha defendido. Él mismo ha resumido su proyecto electoral como una mezcla entre la cruzada de Nayib Bukele contra la creciente inseguridad urbana y rural, con el mismo enfoque carcelario, y la motosierra burocrática del argentino Javier Milei, con la que planea reducir el número de ministerios en Colombia de los 19 actuales a diez (y eliminar 70.000 puestos estatales).

Su cercanía con el uribismo se remonta a 2005. En esos días, fue director y representante legal de la polémica Fundación Iniciativas por la Paz (FIPAZ), donde combinó funciones de promoción y divulgación del proceso de desmovilización de los ejércitos paramilitares, impulsado entonces por el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Más tarde, la Corte Suprema ordenó a la Fiscalía investigar a De la Espriella por su papel en dicha ONG, descrita por excombatientes como el “brazo ideológico” de las sanguinarias Autodefensas Unidas de Colombia. Sin embargo, las investigaciones se cerraron en 2012 por falta de pruebas.

En busca de una voz propia

De la Espriella oficializó su candidatura el pasado 11 de diciembre en un mitin cargado de fervor casi religioso. “Una parte de su auge se explica porque el uribismo, que dominó la derecha con el Partido Centro Democrático durante la última década, ha sufrido un desgaste evidente y aún no se recupera. En ese vacío de liderazgo emerge esta figura sin trayectoria política previa”, señala Yann Basset, analista político de la Universidad del Rosario.

Quienes admiran a De la Espriella lo hacen porque ha sabido transmitir una firmeza que aún carece de un proyecto político claro. Su idea central es “enfrentar y destripar” a la izquierda. La última encuesta de las firmas Guarumo y Ecoanalítica lo sitúa con un 20,2% de intención de voto, diez puntos por detrás de Cepeda y en empate técnico con la aspirante Paloma Valencia, que irrumpió con fuerza tras ganar las primarias de un grupo de formaciones de centro y centroderecha. Sin embargo, de momento, ningún candidato parece capaz de alcanzar el 50% más uno de los votos válidos necesarios, por lo que lo más probable es que la decisión se tome en una segunda vuelta.

Según Alejandro Chala, politólogo de la Universidad Nacional, la fuerza de De la Espriella reside precisamente en su indefinición. Su discurso carece de una línea ideológica clara, pero esa ambigüedad ha resultado funcional y le ha permitido aglutinar una coalición heterogénea de votantes en busca de un proyecto ultraconservador. “Abelardo, más allá del carisma, es un significante vacío: un contenedor de diferentes tendencias cercanas a la derecha radical”, sostiene Chala. “Detrás suyo convergen reservistas y retirados del Ejército, sectores de las iglesias neopentecostales y evangélicas, algunas élites regionales y libertarios de la escuela austríaca, al estilo Milei”.

Para Yann Basset, el reto de De la Espriella será encontrar un estilo propio: “La idea de la mano firme en seguridad, o del antiderroche en la esfera pública, no son nuevas y ya las utilizó el presidente Uribe a principios de este milenio. Además, el Estado en Colombia, a diferencia del caso argentino, si lo comparamos con Milei, no ha desempeñado tantas funciones ni ha representado un monstruo tan grande para la economía. Entonces, una pregunta interesante es si será capaz de adaptar de alguna forma estas temáticas al contexto local”, asegura el académico francocolombiano.

Su intención de voto alcanzó un pico a finales de febrero, pero desde entonces ha oscilado entre el 16 y el 22%, con caídas y estancamientos que revelan los límites de su expansión electoral. Para el analista político Chala, el desgaste tiene una explicación estructural: “La pérdida de popularidad está relacionada con la fricción entre una amalgama de movimientos de derecha que, ante el ocaso de Álvaro Uribe, compiten por fijar los elementos de un nuevo sentido común en torno a la familia, la identidad y la religión. Hoy existe un fenómeno nuevo y alternativo al Centro Democrático”.

Aliado de Vox

Los analistas políticos esperan ver si el “Tigre” conseguirá convertir su inexperiencia política y sus problemas de imagen en puntos fuertes. O si su prometedor inicio de campaña seguirá el camino de Rodolfo Hernández, el ingeniero presentado hace cuatro años como una especie de Trump colombiano que, tras rozar la presidencia en la pugna electoral contra Gustavo Petro, terminó condenado por corrupción y murió en septiembre de 2024 a los 79 años.

Jorge Iván Cuervo recuerda, sin embargo, que la diferencia es que Hernández tenía experiencia previa en la arena política. Antes había sido alcalde, con una gestión aceptable, de una ciudad media: “Su imagen era la del empresario exitoso que generaba empleo. Pero primero se ganó el reconocimiento político en su región. El ascenso de De la Espriella es distinto. Su marca se construye desde el éxito individual y la exhibición del lujo”.

Casado y padre de cuatro hijos, De la Espriella nació en Bogotá en 1978 durante un paseo de sus padres en la capital. Por ello, se ha encargado de subrayar que es un “costeño de racamandaca”, es decir, hijo de la costa Caribe hasta la médula. Un origen que también ha utilizado como bandera política de la inconclusa descentralización que impulsará. “Él representa una capa del electorado que ha logrado un ascenso social y no se ve reflejada en las élites bogotanas tradicionales. Es una Colombia desideologizada que ve en él a alguien que los representa, con sus trajes de marca, sus excentricidades o su faceta de cantante de boleros y tenor a la italiana con un disco propio”, afirma Cuervo.

Lejos de suavizar sus posturas, en enero firmó con el líder de Vox, Santiago Abascal, la llamada Carta de Madrid, un documento que alinea su plataforma con las tesis “antizquierda”, a favor de la “libertad de empresa” y contra el “totalitarismo comunista” que la ultraderecha española ha enarbolado. “Un grande Santiago Abascal librando la batalla cultural, política y democrática para enfrentar al narcocomunismo que se impone desde el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla. Estamos juntos en esta lucha”, publicó días después ante sus 960.000 seguidores de Instagram.

Por ahora, De la Espriella mantiene una distancia estratégica con Paloma Valencia, del Centro Democrático (la formación que custodia el legado político de Álvaro Uribe Vélez). Pero el expresidente y voz tutelar ya ha revelado sus cartas: si su candidata no llega al balotaje, la maquinaria se volcará hacia el “Tigre”. De la Espriella, por su parte, navega en su propio carril, observa las alianzas que se tejen a su alrededor, aguanta y deja que el tiempo trabaje a su favor mientras los ataques se acumulan y el duelo por la presidencia de Colombia apunta, inevitablemente, a resolverse en una segunda vuelta.