"Nos dijeron que el zumo de naranja era sano porque en los años 20, California tuvo un excedente de naranjas y se hicieron campañas masivas diciendo que era el desayuno perfecto"

"Nos dijeron que el zumo de naranja era sano porque en los años 20, California tuvo un excedente de naranjas y se hicieron campañas masivas diciendo que era el desayuno perfecto"
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

"Nos dijeron que el zumo de naranja era sano porque en los años 20, California tuvo un excedente de naranjas y se hicieron campañas masivas diciendo que era el desayuno perfecto"

La importancia de consumir frutas y verduras es un pilar fundamental en la nutrición moderna, y entre todas las opciones disponibles, la naranja ocupa un lugar especial. Este cítrico, un activo económico crucial en regiones como Valencia gracias a su reconocimiento internacional, puede consumirse tanto entero como en zumo, siendo esta última una costumbre arraigada en millones de hogares.

El zumo de naranja se ha consolidado como un básico del desayuno a nivel mundial, valorado por sus propiedades nutricionales.

Sin embargo, su popularidad no es casual, sino el resultado de una intensa campaña impulsada desde Estados Unidos que lo posicionó como un imprescindible de primera hora.

De hecho, en un reciente vídeo de la doctora María Muñoz, especialista en aparato digestivo, asegura que nos hicieron creer que “el zumo de naranja era sano porque en los años 20, California tuvo un excedente de naranjas y se hicieron campañas masivas diciendo que era el desayuno perfecto”. ¿Cuánto hay de cierto en esto y qué se sabe sobre aquel episodio en la historia que convirtió esta sencilla fruta en un alimento prácticamente obligatorio en todos los desayunos del mundo?

A principios del siglo XX, el conocimiento sobre las vitaminas y su importancia para la salud era limitado.

Cuando los científicos comenzaron a identificarlas y a descubrir sus beneficios, se generó un gran interés en la salud pública, un factor que resultaría clave para el futuro de la naranja. Estados Unidos, con zonas de cultivo tan importantes como Florida o California, competía por dominar el mercado nacional de este cítrico.

Aunque en esa época la naranja se consumía principalmente entera, un excedente en la cosecha de 1909 obligó a la industria a buscar alternativas, popularizando la elaboración de zumo.

Pese a los esfuerzos, en 1930 el consumo de zumo era ínfimo en el país, con apenas una cucharada por persona al año, frente a los casi nueve kilos de naranjas enteras.

La campaña publicitaria encontró un catalizador inesperado en la “acidosis”, un término acuñado por el bioquímico Elmer McCollim para describir una misteriosa dolencia. La industria de la naranja aprovechó la oportunidad para promocionar el zumo como una supuesta cura para esta enfermedad.

A pesar de las reticencias de la comunidad médica, la estrategia funcionó y la popularidad del cítrico comenzó a crecer.

La Segunda Guerra Mundial representó otro momento decisivo. El gobierno de Estados Unidos intentó incluir el zumo de naranja en la dieta de sus tropas, lo que impulsó la investigación para resolver problemas de conservación y sabor.

Estos avances, unidos a una mayor producción y a campañas de publicidad más efectivas, lograron que el hábito de consumir zumo se instalara en la mayoría de los hogares.

Finalmente, los cambios en el estilo de vida de la población, que favorecían un consumo más rápido y práctico, consolidaron al zumo de naranja como el rey de los desayunos. Desde entonces, acompaña cada mañana a millones de personas en todo el mundo, compartiendo protagonismo con otros productos tan icónicos como el café.