Un alpinista que ha subido 250 veces al Aneto estalla por la desaparición de la cruz: "Quien tenga dos dedos de frente y no le gusten las cruces, que no suba"

Un alpinista que ha subido 250 veces al Aneto estalla por la desaparición de la cruz: "Quien tenga dos dedos de frente y no le gusten las cruces, que no suba"
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

Un alpinista que ha subido 250 veces al Aneto estalla por la desaparición de la cruz: "Quien tenga dos dedos de frente y no le gusten las cruces, que no suba"

La desaparición de la cruz de la cima del Aneto ha generado una profunda indignación y tristeza en el mundo de la montaña.  Jonatan García, un apasionado del alpinismo que ha ascendido el pico en más de 200 ocasiones, ha dado su opinión en COPE JACA. Su primera reacción al enterarse de la noticia fue de “rabia”, al pensar que alguien se ha arrogado el poder de “coger y cortar la cruz y lanzarla hacia abajo”. García, que vive en Benasque desde 2018, considera el suceso “una verdadera vergüenza”.

El montañero considera que “es un problema real que tiene esa persona en su cabeza”, afirma. Para él, una persona coherente, “con dos dedos de frente”, si no le gustan las cruces, simplemente “no sube al Aneto”.

García pone un ejemplo para ilustrar lo absurdo de la acción: “Es como si no me gusta un cuadro en un restaurante y, cuando el dueño se gira, lo cojo y lo tiro a la basura. No se me ocurriría”.

La premeditación del autor o autores es uno de los aspectos que más le preocupan. García reflexiona sobre el esfuerzo que supone llevar el material necesario para un acto así: “Hay gente que por no llevar peso no coge unos crampones, y este tipo es capaz de llevarse una rotaflex a la cumbre”. Además, advierte del peligro que pudo suponer el desprendimiento de la cruz, que pesa unos 100 kilos.

“Imagínate que está una persona por ahí escalando o esquiando y la arrolla la cruz del Aneto, lamenta.

Para García, la cruz del Aneto es mucho más que un objeto o un símbolo religioso. Su verdadero valor reside en su historia y en lo que representa para generaciones de montañeros. “A mí lo que realmente representa es algo que gente que cuando yo no había nacido ya la había colocado, y eso ya para mí merece un respeto”, explica. Recuerda que, a pesar de sus múltiples ascensiones, siempre le hace “ilusión llegar a la cima y ver la cruz”, sin que ello tuviera connotaciones religiosas o políticas.

El alpinista defiende que este emblema “le pertenece al Aneto” y forma parte de su identidad.

“Todo el mundo cuando habla del Aneto, habla de la cruz, pues es un símbolo de la montaña, olvidémonos de símbolos políticos, de símbolos religiosos”, sentencia. La ausencia de la cruz, recién restaurada el verano pasado tras casi dos años, cambia por completo la experiencia de alcanzar la cumbre, especialmente para quienes la visitan por primera vez.

Este acto vandálico choca frontalmente con los valores de “respeto, humildad y convivencia” que tradicionalmente se asocian a la montaña. García opina con tristeza que “eso se ha perdido ya hace tiempo, desgraciadamente”. Considera que este suceso es “una vuelta más” en la escalada de vandalismo, recordando cuando hace un tiempo “se pintó la cruz de amarillo”.

Aquello, que califica de “fatal”, no es comparable con la gravedad de cortar y despeñar la estructura.

García se muestra partidario de no añadir nuevos elementos a las cimas, pero sí de conservar y respetar los que ya existen por su valor histórico. “Lo que ya está puesto que se deje”, reclama, insistiendo en desvincular estos símbolos de cualquier polémica. 

La relación de Jonatan García con el Aneto es muy profunda. Su primer ascenso fue en agosto de 2011 y desde entonces quedó “enamorado del valle de Benasque”. Esa pasión le llevó a mudarse allí en 2018, donde ha formado una familia.

Su vínculo con la montaña es tal que ha abierto, junto a otros compañeros, 32 nuevas rutas hasta la cima. Además, ha volado en parapente desde la cumbre en 15 ocasiones y aprendió a esquiar en sus laderas.

La búsqueda de la cruz se antoja complicada. Aunque los helicópteros han sobrevolado la zona, la nieve reciente puede haberla ocultado. “Si se ha quedado en una zona llana, con el peso se ha ido hundiendo y a lo mejor se ha tapado”, explica.

La situación sería aún peor si ha quedado “encajonada en alguna canaleta”, lo que dificultaría su localización incluso en verano. Pese a todo, García mantiene la esperanza: “Me gustaría que aparezca, y una vez que aparezca, ojalá se pueda restaurar y se pueda volver a colocar”.