Los cambios en la microbiota intestinal podrían ayudar a identificar a personas con riesgo de párkinson

Los cambios en la microbiota intestinal podrían ayudar a identificar a personas con riesgo de párkinson

Un equipo de científicos ha descubierto que aproximadamente el 25% del microbioma ya presenta alteraciones en personas con riesgo y que podría utilizar para identificar a los individuos que se encuentran en la fase temprana y progresarán hacia el párkinson

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Los cambios en la composición de aproximadamente una cuarta parte de las especies microbianas intestinales en personas con una variante del gen GBA1 —asociada a un mayor riesgo de sufrir párkinson— podrían indicar que estas personas tienen mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad, según un estudio publicado este lunes en la revista Nature Medicine.  

Los autores han identificado un patrón distintivo de bacterias intestinales en personas portadoras de una variante genética GBA1 que aún no presentan síntomas, lo que apunta a cambios biológicos tempranos vinculados al párkinson.

Cada vez hay más evidencia que sugiere que los cambios en la microbiota intestinal acompañan tanto a la enfermedad de Parkinson establecida como a la fase inicial, el período durante el cual pueden aparecer síntomas sutiles antes del diagnóstico. Comprender estos cambios podría ofrecer nuevas oportunidades para la identificación temprana de personas con mayor riesgo. 

Sin embargo, los autores señalan que se trató de un estudio transversal y, por lo tanto, no puede determinar si los cambios en la microbiota son predictivos de la enfermedad en el futuro. Serán necesarios estudios longitudinales que sigan a los individuos a lo largo del tiempo para establecer si la microbiota puede identificar de manera fiable a quienes tienen mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad.

Un estudio transversal

Para el trabajo, los investigadores analizaron datos clínicos y fecales de participantes del Reino Unido e Italia: 271 personas con párkinson, 43 portadores de la variante GBA1 (un factor de riesgo genético) sin síntomas clínicos y 150 participantes sanos de control.

Los autores encontraron 176 especies microbianas que diferían entre los individuos sanos y aquellos con la enfermedad, con más de una cuarta parte del microbioma intestinal variando su abundancia entre los dos grupos. De estas especies, 142 cambiaron de forma consistente entre los individuos sanos y aquellos portadores de la variante GBA1 pero sin síntomas de párkinson. 

En los portadores de la variante GBA1 sin la enfermedad, este componente del microbioma se asemejaba a un patrón intermedio entre el de los grupos sanos y el de los grupos afectados, y su extensión se correlacionaba con los primeros síntomas. Los autores observaron patrones microbianos similares en tres cohortes externas en EEUU, Corea y Turquía, que sumaban un total de 638 casos adicionales de enfermedad de Parkinson y 319 participantes sanos de control.

Entre los sanos y los enfermos

Analía Bortolozzi, investigadora científica en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IIBB – CSIC), recalca que la conclusión principal es que el microbioma intestinal tiene el potencial real de servir como un marcador temprano no invasivo. “La gran aportación demostrada aquí es que un gran componente del microbioma (aproximadamente el 25%) ya presenta alteraciones en personas con riesgo genético sin síntomas (GBA-NMC), mostrando un estado intermedio entre los controles sanos y los pacientes con la enfermedad del Parkinson”, explica al SMC. “Evaluar la composición del microbioma podría ayudar a identificar en la población general (con o sin riesgo genético conocido) a aquellos individuos que se encuentran en la fase premanifiesta y progresan hacia el párkinson, abriendo una ventana de oportunidad crucial para futuras terapias neuroprotectoras preventivas”.

Para José Manuel Fernández-Real, catedrático de Medicina de la Universidad de Girona, entre las principales limitaciones destaca el carácter fundamentalmente transversal del estudio, que impide establecer relaciones causales claras.

“Es decir, no se puede determinar si las alteraciones en la microbiota intestinal contribuyen al desarrollo de la enfermedad de Parkinson o si, por el contrario, son una consecuencia de procesos fisiopatológicos ya en marcha, incluso en fases subclínicas”, subraya. 

Rosa del Campo, investigadora de la Universidad de La Rioja y especialista en microbiota, recuerda que en este campo solo podemos comparar a enfermos y sanos y ver las diferencias con estadística, pero eso no sabemos si es causa o consecuencia. “Ellos mismos lo comentan, y ahora lo que queda es validar estos cambios prospectivamente, además de añadir los estudios metabolómicos para identificar que están haciendo esas bacterias de forma diferente a los controles sanos”, explica al SMC.

“La implicación más grande es que en los sujetos que tienen mutaciones que predisponen a tener párkinson, su microbioma intestinal se parece más a los enfermos que a los sanos, lo que apunta a que habría que estudiar a estos sanos portadores de mutación y de bacterias similares (por qué no desarrollan la enfermedad o la retrasan)”, resume. “Esto conlleva el desarrollo de nuevas líneas de investigación, así como test predictivos basados en la genómica humana y la microbiana para asignar la probabilidad de desarrollar párkinson a un sujeto cuando está aún sano”.