Vuelve Orbán, pero en Extremadura

Vuelve Orbán, pero en Extremadura

Si uno lee las claves del acuerdo firmado entre PP y Vox en Extremadura no sabe si se trata de un subidón de adrenalina reaccionario o de un corte y pega del ideario y del plan de gobierno desplegado por Fidesz en Hungría a lo largo de cuatro legislaturas 

El domingo 12 de abril Victor Orbán perdió las elecciones en Hungría, pero todo indica que su programa resucitó a más de dos mil kilómetros: en Mérida. ¿Por qué digo esto? Básicamente, porque si uno lee las claves del acuerdo firmado entre PP y Vox en Extremadura no sabe si se trata de un subidón de adrenalina reaccionario o de un corte y pega del ideario y del plan de gobierno desplegado por Fidesz a lo largo de cuatro legislaturas. 

Si se lee el documento del acuerdo arriba mentado, dividido en 11 apartados temáticos, se vislumbran las políticas implementadas en el país de los magiares. Sobre todo, en los temas relacionados con la protección de la familia y la desprotección de las personas nacidas fuera de su territorio. 

Si quieren un resumen de las medidas, aquí les doy una nota telegráfica.

Respecto de la familia, la moral y el buen parecer, destaca el fomento de la familia tradicional (a poder ser, numerosa), la lucha contra la “ideología de género”, los desalojos exprés contra los okupas, la asignación de prestaciones y servicios locales para los nacionales y el consumo de los productos españoles (y olé) en los comedores infantiles. En cuanto al chivo expiatorio estrella (ya saben cuál), destacan la no aceptación de menores no acompañados, no dar ni agua ni servicios a los inmigrantes, la desaparición de partidas para ONG humanitarias, los controles del padrón y del permiso de residencia y -muy importante- cero recursos para difundir la cultura y la lengua árabe, que ha sido muy demandada por esos lares durante las últimas décadas. A lo señalado, se les suma el rechazo a las políticas de la UE, en particular el Pacto Verde, a las normas comunitarias sobre el campo y a la Agenda 2030. ¡Ah!

Y la eliminación de la ecotasa (que es una ruina) y larga vida a la central nuclear de Almaraz. Y, claro, una rebaja de impuestos, sobre todo en lo que atañe a las sucesiones, a las tasas autonómicas y a las donaciones… Medida que se compagina con promesas de mayores inversiones y gastos (no queda claro con qué dineros) en lo de siempre: educación, salud y vivienda protegida. 

¿Qué les parece? Toda una declaración de intenciones. En el fondo, el propósito último del acuerdo es menoscabar la moral y cabrear a los ecologistas, a los progres, a las feministas, a los no binarios y a todas aquellas personas que quieren y dicen querer una sociedad algo más justa y fraternal de la que tenemos.

Y, claro, dar una alegría a los multipropietarios, a los latifundistas, a los católicos tradicionalistas, y a las clases populares y medias autóctonas que se creen maltratada y amenazadas por una migración que, en el caso de Extremadura, no llega al 5%, y a los “pata negra” españoles en un territorio donde el jamón es el producto estrella. Vaya, al fin y al cabo, se trata de una amalgama social no muy diferente a la que proporcionó victorias electorales a Bolsonaro, Meloni o Trump. Y a Orbán, obvio. 

La gran pregunta, llegados a este punto, es por qué el PP aceptó firmar tan alegremente este acuerdo que supone una victoria simbólica sin precedentes para Vox. Pues, más allá del reparto de carteras y cargos, y trozos de pastel, la gran victoria de Vox ha sido hacer al PP de Feijóo rehén de su discurso.

En este sentido, el PP se aleja definitivamente de la familia de los conservadores europeos que han levantado un muro entre ellos y la extrema derecha (dícese también radical, neofascista o ultra). Adiós a la CDU, CSU, gaullistas y PSD portugués. Hoy el PP está en la línea de los conservadores o liberales holandeses, suecos y austríacos que, en un acto temerario de desmemoria, han aceptado el abrazo del oso iliberal a cambio de mantenerse -no sabemos si por mucho tiempo- en el poder. 

Hasta hace muy poco, los vientos soplaban a favor de los reaccionarios. No sabemos si, hoy en día, los desmanes de Trump y Netanyahu en Oriente Medio y el enfrentamiento de Trump con el Papa de Roma van a suponer un descenso de dicha tendencia.

Sin embargo, lo que sí queda claro es que el discurso nativista de “primero los de casa” enarbolado por Vox y comprado alegremente por el PP corre el peligro de instalarse en nuestra sociedad. Una sociedad que ha experimentado un descenso social en bloque, que se da cuenta de la creciente brecha que se instala entre los pudientes y la mayoría de los mortales, y a la que se le hace más fácil canalizar su impotencia y rabia machacando a los que tienen por debajo en un mundo donde el turbocapitalismo ha arrasado con cualquier utopía que no sea de la del crecimiento personal y la macrobiota. Así las cosas, Vox y el PP se han sacado de la manga un eslogan que huele a alcanfor: el de la “preferencia nacional”, el mismo que en su día ya enarboló el difunto Jean-Marie Le Pen y que durante 16 años ha sido la divisa de la Hungría de Orbán. 

Post data: ¡Uy! ¡Preferencia nacional!

Lo que nos faltaba en un país que tiene un lío que no veas con esto de las naciones y nacionalismos.