¿Donald Trump, qué hay de lo mío?

¿Donald Trump, qué hay de lo mío?
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¿Donald Trump, qué hay de lo mío?

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Abril es el mes más cruel.

Parece paradójico iniciar con el conocido verso de T.S. Eliot en “La tierra baldía” después de un título que sugiere una cuestión burocrática o comercial burda y opaca. Eliot escribió el poema tras la Gran Guerra, tal vez presagiando la que vendría, sin obviar una mirada sombría al imperio de las “pérdidas y ganancias” y la pérdida de las raíces, donde “solo quedan un montón de imágenes rotas”.

La visión desde la Luna y la amenaza de Trump

El escritor Charlie Warzel plantea una paradoja similar al describir el asombro de los astronautas de la misión Artemis II al contemplar la Tierra desde la Luna como “una canica azul, rodeada por su finísima capa verde de atmósfera, con las auroras centelleando en los bordes”, mientras el mundo contenía la respiración ante la amenaza de Donald Trump de acabar con una civilización y devolverla a la edad de piedra.

Planes de guerra y el ajedrez de Trump

Más asombro que la visión celeste provoca el relato de las circunstancias que rodearon la decisión de atacar Irán, según los periodistas Jonathan Swan y Maggie Haberman en su libro Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump. Cuentan los autores que Benjamin Netanyahu visitó la Casa Blanca y presentó un plan de cuatro puntos para la guerra, que incluía la muerte del ayatolá, la paralización de las capacidades de Irán, un levantamiento popular y la instalación de un líder laico. El Pentágono y la CIA solo consideraron viables los dos primeros objetivos.

El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, fue cauto al presentar sus puntos de vista, asegurando que los militares ejecutarían la orden si se daba. Marco Rubio opinó que si el objetivo era un cambio de régimen, era mejor no hacerlo, pero “si queremos destruir el programa de misiles de Irán, eso es algo que podemos lograr”. J. D. Vance se opuso a la guerra. Tras escuchar todos los puntos de vista, Trump sentenció: “Creo que tenemos que hacerlo”. Swan y Haberman afirman que “todos se apoyaron en los instintos del presidente”.

En el caso de Trump, no es aventurado inferir su afición al chicken game o juego de la gallina. Trump parece conducir en esa dirección, sin dejar de lado los negocios.

Negocios en Oriente Medio y la sombra de la corrupción

Los iraníes, para negociar en Pakistán, han pedido que el interlocutor sea J. D. Vance; no quieren seguir conversando con Steve Witkoff y Jared Kusher, negociadores de la Casa Blanca. Trump no tiene una estructura diplomática en Oriente Medio, sino una arquitectura comercial encabezada por su colega y su yerno. Cuando se le reprochó su voluntad de hacer negocios en la Casa Blanca, Trump mencionó a George Washington como un hombre rico que tenía dos escritorios: “uno presidencial y otro para sus negocios”.

Un informe reciente arroja una cifra que supera los 4.000 millones de dólares acumulados por la familia Trump a partir de los vínculos y contactos que ha podido generar el presidente desde el Despacho Oval. Antes de iniciar su segunda legislatura, Trump consideraba que los bitcoins eran una estafa. Cambió de idea cuando comprendió que un presidente puede dar credibilidad a las criptomonedas y sus hijos Eric y Donald Junior aportaron el apellido a la empresa American Bitcoin. Otra empresa, World Liberty Financial, es una startup de finanzas digitales en la que aparece el presidente como “cofundador emérito”.

World Liberty lanzó una criptomoneda llamada stablecoin que Trump reguló y tiene un valor nominal de un dólar. El año pasado, una empresa propiedad de los gobernantes de los Emiratos Árabes invirtió 2.000 millones de dólares en esta moneda, lo que despertó sospechas de soborno.

Con los saudíes, Trump lleva adelante negocios inmobiliarios que incluyen clubes de golf, un hotel de lujo y varias mansiones. Se recuerda la visita a Washington del príncipe heredero Mohammed bin Salman, la primera desde que sus agentes supuestamente asesinaran y descuartizaran en 2018 al periodista Jamal Khashoggi. Cuando en la Casa Blanca un periodista le preguntó al príncipe por este asesinato, Trump se enfadó con él por haber atrevido a “avergonzar” a su invitado.

La obscenidad quizás se torna cruel, cuando a incidentes como el del príncipe saudí se suman actuaciones como la presentación que hizo Steven Witkoff del proyecto inmobiliario Gaza Sunrise, para reconvertir el territorio arrasado por Israel en un lujoso resort.

La corrupción y la guerra de Irán

La corrupción también infecta la guerra de Irán. John Gray consigna que horas antes de los primeros ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel, se realizaron numerosas apuestas en sitios web como Polymarket. Las apuestas realizadas minutos antes de los anuncios de la Casa Blanca sobre la guerra reportaron cientos de millones de dólares a operadores anónimos. El 23 de marzo, miles de contratos de futuros sobre petróleo, por un valor total de alrededor de 1.500 millones de dólares, cambiaron de manos en un par de minutos, antes de que la Casa Blanca anunciara una demora a los ataques contra infraestructuras iraníes. No hay pruebas de que Trump, sus asesores o su familia se hayan beneficiado de estas operaciones, pero la conclusión ineludible, sugiere Gray, es que esas operaciones solo pudieron ser realizadas por personas con acceso a información privilegiada.

Una vez más, la ficción se cuela entre los hechos y vuelven las imágenes finales de Mátalos suavemente, en las que Brad Pitt, en la piel de un mafioso, se enfada ante el televisor de un bar cuando pasan una secuencia de un discurso de Obama y estalla: “Eso de que somos una comunidad es un mito creado por Thomas Jefferson. Vivo en Estados Unidos y aquí estamos solos. Esto no es un país; ¡Estados Unidos es solo un negocio, un gran negocio!”.

Claro que Trump preferiría a un director como Martin Scorsese para recrear su presidencia. Sería acertado: rodó Gangs of New York, donde cuenta el traumático y violento pasado de Nueva York a mediados del siglo XIX. Scorsese tiene aliento suficiente para registrar el declive de un imperio bajo la corrupción, la torpeza y la desidia. En pleno mes de abril, un mes cruel en el que comenzó la guerra de Secesión y en el que también asesinaron a Abraham Lincoln.