
La corrupción policial, pilar del narcotráfico en Ceuta
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Una investigación de la Policía Nacional ha desvelado una extensa red de tráfico de hachís en Ceuta, donde la corrupción de agentes, principalmente de la Guardia Civil, es fundamental para el negocio. Las conversaciones intervenidas indican que los sobornos a miembros de las fuerzas de seguridad, tanto en Marruecos como en España, no solo facilitaban el paso de la droga, sino que eran imprescindibles para acceder a grandes partidas. Uno de los líderes de la organización admitió: “Sin agentes pagados ni nos venden la droga”.
La trama también está conectada con figuras del narcotráfico internacional, como el conocido ‘Messi del Hachís’, quien, según un ex guardia civil involucrado, regaló relojes de lujo, incluyendo un Patek Philippe, tanto a él como al futbolista Sergio Ramos.
Esta organización operaba mediante lanchas, camiones y narcotúneles, incluyendo la construcción de un segundo paso subterráneo tras el descubrimiento del primero en el Tarajal. La necesidad de “pagar” para que la droga circule es una constante en la investigación.
Pagos a agentes y fallos en la cadena de sobornos
Los investigadores detectaron pagos de hasta 120.000 euros a agentes, identificados como “los de las gorras”, a cambio de facilitar el tránsito de la mercancía. En algunos casos, los fracasos de las operaciones se atribuyeron a fallos en la cadena de sobornos. Tras la incautación de un cargamento de 15 toneladas en Almería, ocultas en patatas simuladas, uno de los líderes sugirió que la droga no pasó porque el dinero no llegó a tiempo a quienes debían hacer la vista gorda. En lugar de replantear la logística, verificaron si el pago se había realizado correctamente.
Este patrón se repite en múltiples conversaciones. La organización asumía que el paso de grandes cantidades de hachís dependía de la compra de voluntades dentro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Uno de los cabecillas admitió que sin estos pagos, ni siquiera los proveedores accederían a vender grandes cantidades de droga.
Construcción de un segundo narcotúnel
La investigación también se centró en el uso de infraestructuras subterráneas para introducir la droga en Ceuta. La organización estuvo detrás del primer narcotúnel descubierto en el polígono del Tarajal y, en lugar de abandonar esta vía, trabajaba en la construcción de un segundo paso. Las conversaciones intervenidas revelan la planificación de la obra, la discusión sobre materiales, mano de obra y la necesidad de reducir la presión policial en la zona.
El líder de la red asumió la responsabilidad directa sobre la infraestructura, habiendo reivindicado la autoría del primer túnel y asegurado haber introducido toneladas de droga por esa vía. El objetivo era consolidar una alternativa más discreta frente a las rutas marítimas, cada vez más expuestas. La construcción del nuevo túnel se convirtió en una prioridad operativa, discutiendo la necesidad de introducir trabajadores clandestinamente en Ceuta y coordinar el reparto de funciones.
Ex agentes, contactos y relaciones peligrosas
Un ex guardia civil, Ángel A.F., ya retirado, mantenía una relación directa con la organización, participando en operaciones y actuando como intermediario. Facilitaba contactos dentro del Instituto Armado, participaba en la compraventa de droga y gestionaba información tras incautaciones. En un momento dado, el cabecilla recurrió a él para averiguar qué había fallado tras una intervención policial en Almería. Su papel iba más allá de lo operativo, relatando un encuentro con Abdellah El Haj Sadek El Menbri, conocido como el ‘Messi del Hachís’, y describiendo un regalo de un Patek Philippe.
El relato incluyó una referencia llamativa: el mismo narcotraficante habría hecho un regalo similar al futbolista Sergio Ramos en una noche de fiesta. Días después, el ex agente fue visto contando grandes cantidades de dinero en efectivo junto a otros individuos, con el objetivo de comprar décimos premiados de la Lotería de Navidad, una práctica interpretada por los investigadores como un mecanismo para blanquear capitales.
Logística sostenida sobre sobornos
La red operaba a gran escala, moviendo toneladas de hachís desde Marruecos hacia España y Europa utilizando una combinación de rutas marítimas, terrestres y subterráneas, con la colaboración de narcos de la Costa del Sol y Galicia. La corrupción era un elemento transversal en cada fase del proceso. Desde la salida de la droga en origen hasta su distribución final, se hablaba de pagos, contactos y garantías.
La existencia de agentes que no aceptaban sobornos también formaba parte de las conversaciones, identificados como un riesgo añadido. En uno de los diálogos, los cabecillas mencionaron expresamente a un inspector de la UDYCO que, según decían, no entraba en la dinámica. Esta incertidumbre condicionaba decisiones operativas, incluyendo la elección de rutas o el volumen de los cargamentos. La red buscaba constantemente minimizar riesgos dentro de un esquema en el que el soborno era la base.
A lo largo de la investigación, la Policía Nacional interceptó numerosos cargamentos, generando tensiones internas, sospechas de chivatazos y reajustes en la operativa. Sin embargo, la actividad no se detuvo. Tras cada intervención, los miembros de la organización analizaban qué había fallado, repartían pérdidas y preparaban nuevos envíos, con la hipótesis recurrente de que alguien no había cobrado.
La red mantenía contactos en distintos puntos de España y en varios países europeos, explorando nuevas rutas y métodos, desde narcolanchas hasta túneles, pasando por vehículos con dobles fondos o convoyes con lanzaderas.
El volumen económico del negocio era elevado, manejando cifras de cientos de miles de euros por operación y gastos millonarios en logística, combustible para las narcolanchas y pagos a colaboradores.
Violencia, amenazas y control interno
El funcionamiento de la organización no se limitaba al tráfico de droga. Las conversaciones intervenidas reflejaban un clima de presión constante, con amenazas hacia quienes consideraban responsables de filtraciones. El nombre de Himad T.B., vinculado al descubrimiento del primer narcotúnel, aparecía de forma recurrente. Los cabecillas lo señalaban como “chivato” y llegaron a plantear acciones violentas contra él, evidenciando el grado de control que intentaba mantener la organización sobre su entorno y las consecuencias de romper la omertá.













