Éxito Rotundo de ‘La novia vendida’ en el Teatro Real: Una Visión Risible y Absurda

NUEVO TITULO: Éxito Rotundo de 'La novia vendida' en el Teatro Real: Una Visión Risible y Absurda
Imagen de archivo: https://www.abc.es/

NUEVO TITULO: Éxito Rotundo de 'La novia vendida' en el Teatro Real: Una Visión Risible y Absurda

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

El Teatro Real ha logrado un resonante éxito con su nueva producción de ‘La novia vendida’ de Bedřich Smetana, una ópera que, aunque poco vista en España, es un símbolo de identidad nacional en la República Checa.

Un Clásico Reinventado

La obra, que llegó a España con medio siglo de retraso en 1924, ha encontrado finalmente su lugar en el panorama operístico madrileño. La reposición, dirigida musicalmente por Gustavo Gimeno y escénicamente por Laurent Pelly, ha sido recibida con aclamación.

Pelly ofrece una interpretación ingeniosa, transformando la ópera en un objeto risible donde lo elemental del drama asume una comicidad que roza el absurdo.

Elimina elementos accesorios y presenta la obra como una ensoñación ingenua, casi un folletín de época.

Una Puesta en Escena Original

La verosimilitud recae en los enamorados Mařenka y Jeník, mientras que lo rocambolesco se concentra en una población de personajes bufonescos, vestidos y maquillados con gracia, que se mueven con precisión coreográfica alrededor de los protagonistas.

Dirección Musical y Voces Destacadas

Gustavo Gimeno, aunque con algunos altibajos, dirigió una orquesta tajante y un coro exagerado, mostrando claridad y precisión. Destacó el buen hacer del reparto, con estupendos secundarios.

Günther Groissböck como Kecal brilló por su vis cómica y habilidad vocal, seguido de Mikeldi Atxalandabaso, quien construyó un Vašek tartamudo con solidez vocal.

Pavel Černoch defendió a Jeník con fluidez y claridad, mientras que Svetlana Aksenova interpretó a una tímida Mařenka, focalizando su actuación en el aria final.

Un Final Apoteósico

‘La novia vendida’ se impone en Madrid, siglo y medio después de su estreno, secularizada por Laurent Pelly y con un final iluminado por un cielo estrellado, digno del mejor ‘happy end’.