ORIGEN DE LA PALABRA “ZANGOLOTINO” Y LA ANTIGÜEDAD DE LA FOTO FINISH

ORIGEN DE LA PALABRA "ZANGOLOTINO" Y LA ANTIGÜEDAD DE LA FOTO FINISH
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ORIGEN DE LA PALABRA "ZANGOLOTINO" Y LA ANTIGÜEDAD DE LA FOTO FINISH

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El divulgador Alfred López explora los orígenes de expresiones y herramientas comunes, revelando el significado de “zangolotino” y la sorprendente antigüedad de la “foto finish”. Ambos ejemplos ilustran cómo el lenguaje y la tecnología evolucionan con el tiempo.

“Zangolotino”: De Insulto a Término Cariñoso

Hoy, llamar a alguien “zangolotino” puede sonar afectuoso, pero originalmente era un insulto. Se usaba para describir a jóvenes inmaduros, con frases como “Pórtate como un hombre, no seas un zangolotino”, exigiendo un comportamiento más adulto.

La palabra proviene de “zangolotear”, una onomatopeya que imita el sonido de un balanceo brusco. “Zangolotear” significaba mover algo de forma repetida y agitada.

El Diccionario de Autoridades de 1739 ya definía el verbo como “mover ridícula y violentamente alguna cosa”. De esta idea de agitación surgió el adjetivo para calificar a las personas.

Aunque el verbo “zangolotear” se documentó en 1739, el sustantivo “zangolotino” no se incluyó en el diccionario de la Real Academia Española hasta 1884. Antes, coexistió con formas similares como “zangotear” o “zangoteo”, que cayeron en desuso.

La Sorprendente Antigüedad de la Foto Finish

Contrario a la creencia popular, la “foto finish” no es un invento reciente. Se utilizó por primera vez en los Juegos Olímpicos de Estocolmo de 1912 para resolver una llegada ajustada.

La “foto finish” ganó protagonismo en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1932.

En la final de los 100 metros lisos, la imagen fue crucial para determinar que Eddy Tolan había ganado por un margen mínimo. Este momento la consolidó como una herramienta esencial en las competiciones.

Desde entonces, la fotografía en la línea de meta se convirtió en un elemento esencial para fijar con precisión el orden de llegada. En sus inicios, la tecnología era analógica, requiriendo el revelado de placas fotográficas, lo que podía retrasar el veredicto varios días. Hoy, con los sistemas digitales, nos parece instantáneo.