
La progresiva desaparición de la barraca valenciana: solo quedan 58 de las 2.000 que poblaban la huerta
La barraca valenciana, una de las edificaciones más icónicas y tradicionales de la huerta de Valencia, se encuentra en una situación crítica que la aboca a la desaparición. Un estudio del investigador y profesor de la Universitat Politècnica de Valencia, Gonzalo Gómez Mataix, revela la alarmante realidad: de las casi 2.000 barracas que existían en la comarca según el catastro de 1929, hoy solo quedan en pie 58, muchas de ellas en un avanzado estado de abandono.
Así lo ha explicado el propio autor en el programa ‘Mediodía COPE MÁS Valencia’ con Carles Villeta.
El investigador ha calificado la situación actual como de completo abandono y ha lamentado lo que considera “una cierta desidia por parte de todos”, especialmente de las administraciones, por “no dar ayudas para la salvaguarda de esta edificación tan nuestra”. La drástica reducción es evidente al comparar las cifras: en los años 70, un inventario del Ayuntamiento de Valencia contabilizó 145 barracas, casi el triple que en la actualidad.
Según Gómez Mataix, muchas de las construcciones que aún perduran “han sido desfiguradas con reconstrucciones añadidas”.
Esto ha provocado que el “paisaje de la barraca”, caracterizado por un continuo salpicar de estas edificaciones que tanto atrajo a los viajeros a principios del siglo XX, “haya desaparecido por completo”.
El germen de este minucioso trabajo, iniciado en 2012, fue una publicación sobre el fotógrafo Vicente Pedró, cuyas imágenes mostraban una huerta “muy distinta, casi centroeuropea”. Aquellas fotografías llevaron al investigador a preguntarse dónde estaban esos lugares.
La respuesta la encontró en la cartografía del catastro de 1929, que describía el territorio de forma tan fiel que le permitió iniciar lo que él mismo califica como una “labor un poco detectivesca” para localizar las barracas fotografiadas.
Tras años de investigación y después de presentar el proyecto a diversas instituciones sin éxito, salvo un extracto publicado por la Diputación de Valencia en 2016, Gómez Mataix decidió autoeditar el libro, titulado “Atlas de la Barraca de la Huerta de Valencia”. “Es una autoedición, no recuperaré la inversión, pero me parece que ha sido interesante publicarlo”, ha afirmado, considerándolo un “regalo para los valencianos” y un “viaje en el tiempo” a un patrimonio casi perdido.
El profesor ha querido también reivindicar la importancia de esta construcción, criticando a los autores que la han tratado como “una especie de chabola a la valenciana”.
“Yo no estoy nada de acuerdo”, ha sentenciado, defendiendo que era “una vivienda muy digna que daba muy buen cumplimiento a las funciones que se le demandaban”, como hogar y lugar de almacenaje de aperos agrícolas.
Además, su legado arquitectónico perdura, ya que según ha explicado, “los plenos de la barraca son los que luego han servido para construir las viviendas de nuestros pueblos”, una influencia visible en barrios como el Cabañal, donde las casas actuales se levantaron sobre los solares de las antiguas barracas, conservando sus proporciones.
Para intentar salvar las que quedan, Gómez Mataix propone que la administración “debería subvencionar de algún modo la reconstrucción de las barracas que quedan y sobre todo la sustitución de los tejados por la antigua cubierta de borrón”. A pesar de que se han perdido oportunidades clave, como en los años 70, antes de la gran expansión urbanística, la idea ahora es clara: “que lo que tengamos ahora se mantenga y que no empeore, que no se pierda más”.













