Libros en Sant Jordi, ni se crean ni se destruyen, se transforman

Libros en Sant Jordi, ni se crean ni se destruyen, se transforman
Imagen de archivo: https://www.abc.es/

Libros en Sant Jordi, ni se crean ni se destruyen, se transforman

Sant Jordi es una anomalía, una feliz anomalía que altera por completo el trabajado equilibrio de la industria editorial, basado en un estricto orden y un conocimiento casi científico de los requerimientos de producción y venta de títulos. Las editoriales saben cómo controlar sus tiradas para abastecer bien el puente entre las imprentas y las distribuidoras. Las librerías saben el número de ejemplares que deben pedir para que sus clientes tengan las novedades que buscan, y no hayan de hacer las temidas devoluciones de los títulos que nadie compra. Y así todo fluye en paz para que nada altere el flujo correcto entre la oferta y demanda.

Pero, como decíamos, Sant Jordi es una anomalía, sí, feliz, pero anomalía, y ese orden se pierde. El control salta por los aires. Las tiradas se multiplican para abastecer el extra de peticiones de ejemplares y los números empiezan a ser demasiado grandes para controlarlos. Esta es la azarosa vida del libro en Sant Jordi, un viaje al corazón de los lectores que, a veces, no encuentra hogar alguno.Todo el mundo conoce más o menos la idea romántica del autor encerrado en su habitación escribiendo su manuscrito, que después cederá a una editorial y ésta producirá el libro que llegará a las librerías.

Hasta aquí todo bien, pero ¿qué ocurre con ese libro-objeto? ¿De dónde sale? ¿Cómo llega a las librerías? ¿No hay romanticismo en ello?

¿Qué ocurre con ese libro-objeto si nadie lo lee nunca?Noticia relacionada general No No Félix Ovejero y Valentí Puig, IV Premio Sant Jordi ‘ex aequo’ de Societat Civil Daniel TerceroComo toda buena historia, empecemos por el principio, el almacén. El año pasado, después de una inversión de 36 millones de euros, el gigante editorial Penguin Random House estrenaba su espectacular nuevo centro logístico en Cerdanyola del Vallès (Barcelona) para centralizar todo el almacenamiento de sus títulos, así como su distribución. Hasta entonces, tenían repartidos en cuatro almacenes todos los libros de sus editoriales, lo que no era efectivo. Ahora, ayudado por las últimas tecnologías, el centro logístico es capaz de almacenar hasta 30.000 títulos diferentes y mover más de 160.000 libros al día, ¡al día!

Eso son 40 millones de libros al año. «Cuando trabajábamos con cuatro almacenes, no teníamos margen para crecer. Ahora hemos dado un salto de calidad, podemos amoldarnos al futuro y nuestra respuesta y reacción a los momentos del mercado es mucho más efectiva. En Sant Jordi trabajamos con tiempo.

Las librerías suelen adelantar sus pedidos, así que el volumen de trabajo, aunque sube, es manejable y escalonado», asegura Martí Torra, director de logística y distribución del centro, en declaraciones a ABC.El año pasado, el gigante Penguin Random House estrenaba su espectacular nuevo centro logístico en Cerdanyola del Vallès (Barcelona)El responsable de este macro almacén reconoce que sus 42.000 metros cuadrados y su capacidad organizativa permiten amoldarse con agilidad a los picos de demanda, como sucede durante estos días. Desde el centro, controlan este inmenso stock de títulos que no sólo vive de novedades, sino que también ha de cuidar el importante fondo de las 61 editoriales del grupo, además de servir de distribuidora de otras editoriales ajenas. «Sabemos, por ejemplo, que si la novedad de un autor vende, la demanda del resto de su obra también subirá y hay que pedir a las imprentas que nos proporcionen nuevos ejemplares si vemos que bajamos el stock. Con un centro como éste, podemos controlar de manera más efectiva estas necesidades», argumenta Torra.El centro logístico en Cerdanyola, inaugurado en 2025 David RamírezEn Sant Jordi, por supuesto, los pedidos se incrementan.

Una pequeña editorial puede necesitar la distribución de una o dos cajas, con 10-15 libros dentro. Una librería un poco más grande puede llegar a las siete cajas. Y las grandes cuentas pueden subir a los diez palets, con espacio para las 40 o 50 cajas. «Hemos empezado a trabajar con la inteligencia artificial para el análisis de Big Data y usamos sistemas robóticos para la localización y el trasporte de los libros almacenados lo que nos hace optimizar mucho el trabajo.

En la actualidad trabajan 160 personas en el centro cuyo trabajo se ha simplificado mucho gracias a este sistema de ‘goods-to-person’», añade Torra. Ahora tenemos los libros en las librerías. Cada una tiene su propio inventario y necesidades, basadas tanto en sus propios intereses, como el conocimiento absoluto de su clientela. Tomemos, por ejemplo, la librería Laie, una de las más icónicas de la ciudad de Barcelona.

Se definen como librería humanista y apuestan, sobre todo, por un fuerte fondo, además de las novedades de la temporada. La librería no trata directamente con las editoriales, sino que realiza los pedidos a sus promotores y distribuidoresNo hay todo lo que sale y su trabajo prescriptivo es una de sus características después de años de buen nombre y prestigio. «Como empresa, intentamos ajustar al máximo nuestros pedidos para crear procesos sostenibles y que las devoluciones sean las mínimas», afirma Damià Gallardo , director literario de Laie desde su tradicional sede en la calle Pau Clarís. La librería no trata directamente con las editoriales, sino que realiza los pedidos a sus promotores y distribuidores, en este caso centros como el de Cerdanyola del Vallés de Random o Logista, en el caso de otro de los grandes monstruos de la edición en España, el   Grupo Planeta .

Durante el año, se ajustan al máximo los pedidos de libros ya que se conoce el sector lo suficiente, y sobre todo se conoce al cliente tipo como para hacer previsiones muy calculadas. En Sant Jordi, este control, como decíamos, se pierde un poco. «No te quieres quedar corto en algunos títulos y trabajas sobre seguro, con lo que a veces sí que hay excedentes. Durante el año, nuestro índice de devoluciones es bajo, pero en estas fechas aumenta bastante.

Nuestra voluntad es que a final de año no superen nunca el 30 por ciento», afirma Gallardo.La librería cuenta con 45 años de experiencia y su marca se ha esparcido a 34 tiendas totales, 24 de ellas en importantes centros culturales. La facturación total de la empresa llegó a los 50 millones de euros en 2024, demostrando cómo han sabido leer bien un mercado que busca proximidad y prescripción. Miman los libros y sus apuestas son definitivas. Aunque en las primeras semanas no funcionen, otorgan tiempos largos de visibilidad a los libros porque confían en que los lectores responderán a sus recomendaciones.

«Algunas devoluciones son inevitables, pero tenemos una fuerte conciencia ecológica y sostenible que nos obliga a minimizarlas. Cuando llega el momento, llamas a los agentes comerciales y ellos las recogen y las devuelven, por ejemplo, a centros como el de Cerdanyola del Vallès», explica Gallardo.Lamentablemente, algunos de estos libros terminarán finalmente en centros de control de residuos donde se reciclarán¿Qué ocurre entonces con los libros que vuelven al almacén? Los tiempos varían, pero pueden esperar hasta tres años sin que halla ninguna petición. Entonces, afirma Torra, lo que hacen es llamar al autor, que es el dueño de los derechos del libro, y negociar con él lo que hacer con los ejemplares.

A veces deciden donarlos a instituciones como colegios o prisiones. Otras el autor asume la pérdida y se los queda. Lamentablemente, algunos de estos libros terminarán finalmente en centros de control de residuos donde se reciclarán, quién sabe si para convertirse en un futuro cercano en un libro que tenga más suerte. Aunque la suerte de un libro nunca es segura, ni siquiera cuando el lector se lo lleva a casa.

Quizá quien lo haya comprado tiene muchos libros en su apartamento y acabará por cansarse de él y venderlo a una tienda de segunda mano. O la persona fallezca y sus herederos decidan desprenderse de ellos. Destino infinitoA partir de aquí, su destino puede ser infinito. Plataformas como Iberlibro, que centraliza multitud de librerías de viejo por todo el mundo, permiten rastrear los títulos descatalogados que nos interesen.

Nacida en 1996 y establecida en más de 50 países, su éxito fue tal que en 2008 fue adquirida por Amazon.En España, una de las historias felices del fenómeno de segunda mano ha sido la franquicia Re-Read . Empezó con dos librerías abiertas por la misma familia en Barcelona en la década de los 2010 y en la actualidad ya son 58 tiendas en más de 40 localidades. La premisa es simple, compran por 0,25 céntimos el ejemplar y lo venden en tienda a 4 euros un libro, 6 euros dos y 9 euros cinco. «Todos nuestros libros son comprados a particulares.

Suelen ser los familiares de una persona mayor que ha fallecido y no saben qué hacer con sus libros. No suelen saber lo que ceden. A veces les tienes que decir que algunos libros tienen verdadero valor y que mejor que pueden hacer es tasarlos por otro lado. Luego están los que leen mucho y de tanto en cuanto se deshacen de algunos títulos porque ya no les caben más», comenta Laura Garriga, dueña del segundo Re-Read de Barcelona, en la calle Londres.El formato hace que la mayoría de clientes compre más de un libro en cada visita, lo que permite que la circulación de títulos sea constante.

En estas alturas de año, ya han ‘recuperado’ 526.855 libros para que tengan una segunda oportunidad y no se pierdan para siempre. Pero claro, no pueden aceptarlo todo y también han de cuidar lo que deciden comprar para ser sostenibles y no inundar su almacén. Muchas vidas«A estas alturas, los ‘best-seller’ de los años 80 ya no los compra nadie. Lo que tiene una salida más rápida son los ensayos y libros de filosofía, aunque nuestro gran fondo son las novelas.

A veces nos traen libros rotos y tienes que preguntarles, ‘Vamos a ver, ¿tú comprarías esto?’ », asegura Garriga.Su correlación con las librerías tradicionales, dice, es buena, ya que ellos no trabajan novedades. «Ni siquiera las ponemos en sitios destacados cuando sí que recibimos alguna. Pero nosotros somos especialistas en libros descatalogados. Hay quien viene con su lista y nos pregunta si tenemos este o este otro libro, y la mayoría son nuevos, cuando lo que hay que hacer en un Re-Read es perderse entre los libros y encontrar el que más nos llame la atención, que siempre aparece», concluye Garriga Ahora que llega Sant Jordi, compre un libro, regálelo a un ser querido, y léalo porque ha de saber que la historia de ese objeto que tiene entre las manos esconde muchas otras vidas que no puede leer en sus páginas y, a veces, pueden ser mucho más interesantes.