
España Revive la Responsabilidad Social Empresarial tras una Década de Inactividad
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Tras una década de inactividad, España ha reactivado el Consejo Estatal de Responsabilidad Social de las Empresas (CERSE) a través del Real Decreto 301/2026. Esta reactivación se presenta como una oportunidad para impulsar políticas de sostenibilidad empresarial en un momento crítico, aunque también genera reproches por el prolongado abandono de este instrumento institucional.
Un Consejo en Estado Latente
El Consejo, creado en 2008, celebró su última reunión efectiva en 2015. Desde entonces, la Unión Europea ha avanzado significativamente en materia de sostenibilidad, mientras que España mantuvo en estado latente su principal órgano de gobernanza en este ámbito. Esta inacción refleja una falta de prioridad política en un área considerada estratégica para el futuro del modelo económico.
Nuevos Cambios y Funciones Actualizadas
El nuevo Real Decreto busca corregir esta situación, reforzando el carácter del Consejo como órgano de participación institucional, con una composición cuatripartita que incluye administraciones públicas, organizaciones empresariales, sindicatos y representantes de la sociedad civil. Esta pluralidad es clave para legitimar políticas de RSC que aspiren a ser más que un ejercicio de relaciones públicas.
Además, el decreto actualiza las funciones del CERSE para alinearlas con las exigencias del siglo XXI, incluyendo la elaboración de informes sobre la calidad de la información de sostenibilidad, la emisión de dictámenes sobre proyectos normativos y su constitución como un observatorio de la responsabilidad social en España.
Voluntad Política y Utilidad Social
Sin embargo, la historia demuestra que el problema no ha sido el diseño de las instituciones, sino la voluntad real de dotarlas de vida. Durante años, la RSC ha estado atrapada entre la retórica corporativa y la ausencia de una estructura pública capaz de exigir coherencia. El resultado ha sido la proliferación de informes de sostenibilidad impecables pero desconectados de la realidad laboral interna de las compañías.
El Contexto Actual y el Auge del “Trumpismo”
La reactivación del Consejo se produce en un contexto de creciente hostilidad hacia la agenda de sostenibilidad, con un escenario de repliegue alentado por corrientes políticas reaccionarias que presionan a las empresas a revisar sus compromisos en diversidad, transición climática y derechos humanos. Se intenta trasladar la idea de que la responsabilidad social es un “lujo prescindible” o una desventaja competitiva.
Es en este contexto adverso donde el CERSE adquiere su mayor sentido. No debe ser un espacio decorativo, sino un mecanismo de aceleración y orientación capaz de sostener las políticas de sostenibilidad cuando el viento deja de soplar a favor. El Consejo debe ser un dique de contención frente al **greenwashing** y el **socialwashing**.
Herramientas y Desafíos
El decreto apunta hacia líneas de actuación relevantes, como el impulso de cláusulas sociales en la contratación pública, el fomento de alianzas para la integración de riesgos climáticos y la futura creación de un sello de responsabilidad social. Sin embargo, estas herramientas solo serán efectivas si se acompañan de exigencia, seguimiento y participación efectiva.
La Necesidad de Involucrar a los Trabajadores
La responsabilidad social en España necesita que los trabajadores dejen de ser meros espectadores de los compromisos de sus empresas. La verdadera RSC empieza de puertas para adentro. No hay sostenibilidad posible sin trabajo decente, igualdad real y la voz de la representación sindical en la estrategia empresarial.
¿Un Papel Transformador o un Simulacro?
La pregunta clave es si este nuevo Consejo tiene capacidad real para desempeñar un papel transformador o si se trata de un simulacro de reactivación. El CERSE necesita una agenda clara, recursos suficientes y una voluntad política sostenida en el tiempo. También exige el compromiso y la implicación real de todos los grupos que lo componen.
El Real Decreto 301/2026 abre una puerta que llevaba sellada una década. Está por ver si existe la valentía real de cruzarla para construir una economía más justa, responsable y sostenible.













