
BORJA JIMÉNEZ ROZA LA PUERTA DEL PRÍNCIPE EN SEVILLA
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Borja Jiménez, tras dos vibrantes vueltas al ruedo por sus actuaciones con Midanito y Bolsilillo, se quedó a las puertas de la Puerta del Príncipe en la corrida de Victorino Martín celebrada en Sevilla. Compartió cartel en un mano a mano con Manuel Escribano, en lo que fue el octavo festejo del abono maestrante.
Tras la muerte del primero de su lote, el palco negó la oreja a Jiménez, a pesar de una petición mayoritaria del público. Con el segundo, la falta de precisión con la espada le impidió sumar dos apéndices, después de una destacada faena frente al mejor toro de Victorino de la tarde.
Menos opciones tuvo con Hebreo, el sexto de la corrida. El torero sevillano lamentó la oportunidad perdida al finalizar el festejo.
“Me he sentido muy torero toda la tarde. He toreado profundo y apretado y Sevilla así lo ha reconocido. Una pena que la Puerta del Príncipe no se haya abierto, la he tenido en la mano”, declaró Borja Jiménez a Radio Sevilla.
“En el primero se me fue un poco al espada y di la vuelta. En el segundo eran dos orejas pero pinché.
La plaza ha rugido, ya he tenido la suerte de hacer grandes faenas en Sevilla. Cuando uno rompe, la gente reacciona fuerte”, añadió.
Borja Jiménez está anunciado nuevamente el lunes de farolillos, compartiendo cartel con Morante de la Puebla y Tomás Rufo, con toros de García Jiménez.
MANUEL ESCRIBANO LIDIA CON UN LOTE DESFAVORABLE
Manuel Escribano enfrentó un lote menos propicio, especialmente el quinto toro, cuyas características no correspondían a las de un Victorino adecuado para una plaza como Sevilla, generando protestas en el tendido.
De Placentino, el primero de su lote, se recuerdan los naturales, que provocaron la música. Una faena que cobró vuelo con la muleta después de un arduo trabajo por parte del torero de Gerena. “Era más darle tiempo que sacarle los muletazos uno a uno.
Que llegara su momento”, explicó Escribano.
“Costaba trabajo dárselos porque se quedaba en la cadera, reponía y había que dejársela delante, que se parase entre muletazo y muletazo. Tenía querencia a chiqueros. Se quedaba en la cadera o perdía las manos, hasta que se ha parado y le ha pegado ocho naturales que he gozado. Eso es lo que busco.
Para llegar a esa tanda, ha habido que esperar mucho tiempo”, valoró Escribano.
Su último toro, Mirandés, resultó inservible. “Era imposible, todo mentira. Ha dado tres o cuatro arreones de mentira en el capote, el caballo, los palos y la muleta. Luego se ha agarrado al piso”, describió Escribano.
“Le hemos tenido fe porque se la tenemos a esta ganadería, que ha echado dos toros extraordinarios. No he tenido opciones, pero las pocas que he tenido creo que las he aprovechado”, concluyó.












