Martí, apicultor: "Mis ventas de miel se multiplicaron por 10 a raíz de una entrevista con un diario alemán, gran parte de mi producción se va a Alemania. Puedo vender 30.000 euros al año a través de mi web"

Martí, apicultor: "Mis ventas de miel se multiplicaron por 10 a raíz de una entrevista con un diario alemán, gran parte de mi producción se va a Alemania. Puedo vender 30.000 euros al año a través de mi web"
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

Martí, apicultor: "Mis ventas de miel se multiplicaron por 10 a raíz de una entrevista con un diario alemán, gran parte de mi producción se va a Alemania. Puedo vender 30.000 euros al año a través de mi web"

La historia de Martí Mascaró, un apicultor de Mallorca, es un ejemplo de cómo la calidad y una buena cobertura mediática pueden transformar un negocio. A raíz de una entrevista con un importante periódico alemán, sus ventas se multiplicaron por diez, consolidando un modelo de negocio que le permite facturar unos 30.000 euros anuales solo a través de su página web. 

Gran parte de su exclusiva producción de miel se destina ahora al mercado germano, como ha revelado en una entrevista concedida a Adrián G. Martín.

El propio Mascaró destaca que hubo “un antes y un después” tras la publicación. “Mis ventas de miel se multiplicaron por 10 a raíz de una entrevista con un diario alemán”, explica.

Este punto de inflexión no solo disparó sus ingresos, sino que también fidelizó a una clientela que repite sus compras cada año. 

A pesar del éxito, su filosofía es clara: “Quiero ser un apicultor pequeño, por edad también quiero serlo”, afirma, subrayando su interés por controlar personalmente todo el proceso, desde la colmena hasta la venta.

El secreto de su producto reside en su origen. Sus colmenas están ubicadas en enclaves privilegiados como la reserva biológica de Arian, en plena Sierra de Tramontana, lejos de la agricultura industrial. Esta condición es indispensable para obtener el certificado ecológico, un sello de calidad que pocas empresas tienen en las Islas Baleares. Aunque estas zonas rocosas no son las más productivas, Mascaró asegura que “la miel es de excelente calidad”.

La miel es producida por la abeja negra autóctona, Apis mellifera iberiensis.

Cada tarro, que se vende a 18 euros la unidad de 450 gramos, ofrece una trazabilidad completa. “Cada tarro de miel indica su localización y su trazabilidad”, detalla el apicultor. Este producto selecto ha llegado a las cocinas de chefs de renombre en las islas, como Santi Taura y Víctor García.

Sin embargo, el camino no está exento de dificultades. La apicultura depende totalmente de la climatología.

Una primavera seca, como le ha sucedido en alguna ocasión puede hacer que una producción se reduzca a la mitad en comparación.

En temporadas sin lluvias, la producción puede ser “minúscula”, y los costes principales se centran en la gasolina y la alimentación de las abejas para asegurar su supervivencia.

A los desafíos climáticos se suman las plagas y enfermedades. Mascaró ha tenido que luchar contra el parásito Varroa y ahora se enfrenta a la amenaza de la avispa asiática, un depredador que ataca las colmenas hasta debilitarlas por completo. Pese a todo, mantiene su visión: “Ya no me apasiona comerme el mundo, quiero producir una miel de alta calidad”, sentencia.

Esta lucha contra los elementos y la rentabilidad es una constante en el sector primario español. 

El ganadero Jorge, del Pirineo aragonés, señalaba en el canal de YouTube MP DANCAUSA una realidad similar: una facturación de 35.000 euros con 80 vacas apenas cubre los gastos de alimentación, dependiendo de las ayudas de la PAC para sobrevivir. Este malestar del campo ha cristalizado en protestas contra la burocracia y acuerdos comerciales como el de Mercosur.

Martí Mascaró comenzó en la apicultura hace 25 años por pura afición, contagiado por un antiguo jefe del sector turístico.

Empezó con solo tres colmenas en casa de sus padres y una conexión instantánea con las abejas: “Fue a abrir una comena y pensé, voy a tener abejas”. Nunca imaginó que aquel hobby se convertiría en su principal fuente de ingresos y que llegaría a gestionar cerca de 300 colmenas.

Su trayectoria le ha enseñado a seleccionar abejas más mansas y productivas y a profesionalizar su obrador para optimizar el tiempo. A quienes quieran iniciarse, les aconseja prudencia: empezar con pocas colmenas y aprender de apicultores experimentados. 

En su opinión, la apicultura es “un mundo apasionante, pero requiere esfuerzo, requiere pasión”, un tiempo y una dedicación que no todo el mundo posee.