Aumentan las agresiones al personal sanitario en Andalucía: Un problema enquistado

Aumentan las agresiones al personal sanitario en Andalucía: Un problema enquistado
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Aumentan las agresiones al personal sanitario en Andalucía: Un problema enquistado

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Las agresiones contra el personal sanitario en Andalucía han experimentado un alarmante incremento, casi duplicándose en los últimos cinco años, según datos del Servicio Andaluz de Salud (SAS). En 2025, se registraron 1.976 ataques contra profesionales de la sanidad pública, en comparación con los 1.043 reportados en 2020, durante la pandemia de COVID-19. Esta tendencia creciente genera gran preocupación entre sanitarios y sindicatos.

La falta de medios como causa principal

Representantes sindicales señalan la “falta de medios” como la principal causa del aumento de las agresiones. Alertan sobre la reducción de plantillas debido a jubilaciones, bajas médicas y la pérdida de profesionales jóvenes, lo que está provocando un aumento en las listas de espera y un clima cada vez más tenso entre sanitarios y usuarios. A pesar de los protocolos implementados por la Junta de Andalucía, la problemática persiste.

Elena González, médica de familia en Granada, describe la situación como insostenible, con personal extenuado, bajas por salud mental y dimisiones sin que se tomen medidas efectivas. Las estadísticas revelan que las mujeres son las principales víctimas de estas agresiones, representando el 74% de los casos, lo que evidencia un problema de machismo estructural dentro del SAS.

Testimonios de profesionales afectados

El testimonio de Elena González es particularmente revelador. Mientras trabajaba en un centro de salud rural en Granada, sufrió una agresión que la mantiene de baja por accidente laboral desde hace tres meses. González relata que había alertado sobre la peligrosidad de la situación, ya que durante amplias franjas horarias se encontraba sola en el consultorio, sin personal administrativo, seguridad ni sistemas de alarma. Un paciente con antecedentes penales y un historial de conductas violentas la amenazó con un cuchillo debido a la negativa a prescribirle ciertos fármacos.

Antonio Córdoba, médico de Urgencias en el Hospital San Agustín de Linares (Jaén), afirma que las agresiones son parte del día a día del servicio. Empujones, amenazas, intentos de golpes y agresiones durante traslados en camilla son escenas habituales en un entorno saturado. Córdoba también destaca que algunos pacientes utilizan la agresividad como estrategia para ser atendidos antes.

Agresiones machistas y falta de denuncia

En 2025, se registraron 1.589 agresiones no físicas (insultos, amenazas o coacciones) y 387 agresiones físicas, el dato más alto de la serie histórica. Más de la mitad de los ataques ocurrieron en Atención Primaria (51,37%) y el resto en hospitales. Las mujeres fueron las principales víctimas y más del 80% de las agresiones se dirigieron contra personal sanitario, especialmente médicos y profesionales de enfermería.

Además, existe una infradenuncia de agresiones por miedo o por la percepción de que no tendrán consecuencias. Los sindicatos señalan que solo el 13% de las agresiones están relacionadas con la atención prestada por el profesional, mientras que el resto responde a demandas del usuario, al funcionamiento del centro o a causas sin identificar.

Medidas insuficientes y problemas estructurales

El Servicio Andaluz de Salud (SAS) insiste en que se está trabajando en la prevención a través de la formación y la mejora de los protocolos. Sin embargo, los sindicatos cuestionan esta realidad y consideran que la Junta pone el acento en la formación, dejando de lado los problemas estructurales, como la falta de personal, de seguridad y de medios materiales en los centros.

Las organizaciones sindicales consideran que el aumento de las agresiones en siete de las ocho provincias andaluzas confirma que no se trata de episodios aislados, sino de un problema enquistado. Mientras tanto, profesionales como Elena González y Antonio Córdoba continúan trabajando en un clima de tensión permanente, con la sensación de que la violencia se ha convertido en parte del paisaje cotidiano de la sanidad pública andaluza.