El 23F: ¿Salvó el Rey la democracia española?

El 23F: ¿Salvó el Rey la democracia española?
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El 23F: ¿Salvó el Rey la democracia española?

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A 45 años del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, España aún no conoce la verdad completa sobre lo sucedido. La versión oficial, establecida por la sentencia del Consejo Supremo de Justicia Militar, atribuye el fracaso del golpe a la actuación decisiva del Rey Juan Carlos I y a la lealtad mayoritaria del Ejército a la Constitución. Sin embargo, las circunstancias del suceso más grave de la democracia española desde la Guerra Civil siguen siendo un secreto de Estado.

El Rey y el 23F: Versiones contradictorias

La justicia militar no recabó el testimonio del monarca sobre los hechos, privando al país de la versión de quien la historiografía oficial considera el salvador de la democracia. En sus memorias, el Rey emérito se presenta como el principal artífice del fracaso del golpe, afirmando que su proyecto político y el destino de los españoles estaban en sus manos.

El Rey relata su conocimiento del descontento en los cuarteles por la legalización del PCE, el desarrollo del Estado autonómico y el terrorismo de ETA. Tras el asalto al Congreso por el teniente coronel Antonio Tejero y la toma de Valencia por el teniente general Jaime Milans del Bosch, el Rey describe su actividad telefónica para frustrar el golpe.

En una conversación clave, el Rey afirma haber negado al general Alfonso Armada, posteriormente condenado como líder del golpe, autorización para negociar con Tejero en su nombre.

La versión de Sabino Fernández Campo

Sin embargo, Sabino Fernández Campo, sucesor de Armada como secretario general de la Casa del Rey, ofrece una versión diferente. Según su declaración escrita ante el juez instructor, el Rey telefoneó a Armada la noche del 23F y, tras una conversación, le pasó el teléfono para que siguiera hablando con él. Armada le expuso la gravedad de la situación y sugirió trasladarse al Congreso en nombre del Rey para negociar la liberación del Gobierno y los diputados.

Sabino relata que transmitió la propuesta al Rey, quien autorizó a Armada a actuar bajo su propia conciencia y sin invocar su nombre. Sabino asegura que no partió de él la idea de que Armada se presentara en el Congreso, y que actuó por orden y en nombre del Rey. Esta versión contradice lo afirmado por el Rey emérito en sus memorias.

El tribunal que juzgó a los golpistas no autorizó la comparecencia de Sabino Fernández Campo como testigo, y la sentencia atribuye al general José Gabeiras, jefe del Estado Mayor del Ejército, la autorización a Armada para acudir al Congreso.

El fracaso de la negociación Armada-Tejero

Armada se presentó en el Congreso para negociar con Tejero y proponerse como presidente del Gobierno. Tejero rechazó su propuesta de un gobierno con representantes de todos los partidos, salvo los nacionalistas, calificándola de “chapuza”. Su negativa a que Armada se dirigiera al pleno frustró el golpe.

Al día siguiente, el Congreso eligió a Leopoldo Calvo-Sotelo como nuevo presidente, quien agradeció al Rey su firmeza y a las Fuerzas Armadas su lealtad. Comenzaba a gestarse la versión oficial del golpe, que fue consolidada por la sentencia judicial.

Cuarenta y cinco años después, el Rey emérito reconoce que la mitad de los capitanes generales apoyaban la rebelión, pero no se atrevían a desobedecer. Un documento del ministro Oliart revela que solo tres de los once capitanes generales fueron leales al Rey y a la Constitución.

El propio Alfonso Armada declaró años después que a sus compañeros de armas les importaba si el golpe iba a triunfar, no lo que dijera el Rey. Juan Carlos I concluye que aún tiene preguntas y dudas sobre el desarrollo de los acontecimientos y el papel de algunos, contradiciendo la versión oficial establecida por la sentencia judicial.