
Cultura sin código postal: El Teatro Real se traslada a la sierra riojana
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El fin de semana pasado, la tranquilidad habitual de los Cameros se vio gratamente interrumpida por la llegada de músicos de la Orquesta Sinfónica de Madrid. Dejando atrás la formalidad de los teatros, estos artistas transformaron las calles de una aldea y el patio de una escuela rural en su particular escenario.
Música y comunidad: Una experiencia inolvidable
Más allá de los músicos, los verdaderos protagonistas fueron los habitantes de la sierra riojana. Los intérpretes, acostumbrados a grandes escenarios, se encontraron con la calidez de un entorno donde un niño podía convertirse en director de orquesta y el sótano de una casa en una improvisada sala de conciertos. Según Simeón Galduf Correa, solista de trombón e impulsor de la iniciativa, la experiencia dejó a los músicos “flotando”.
La gira comenzó en el patio del CRA Cameros Nuevo. Los músicos disfrutaron de la cercanía de la escuela rural, donde los niños los recibieron no como extraños, sino como maestros de un lenguaje que ya conocían. La sorpresa fue mutua: los músicos se maravillaron con la curiosidad y el conocimiento de los niños, mientras que estos últimos quedaron fascinados al ver la perfección de los músicos sin necesidad de claquetas ni metrónomos.
Un modelo educativo que triunfa
Iván Fernández, profesor de música del centro, describe la experiencia con emoción. Para él, lo ocurrido en el CRA Cameros demuestra el éxito de un modelo educativo que aprovecha el entorno para ofrecer experiencias únicas. Músicos y niños compartieron charlas, afinaron violines y entendieron que el arte también es un oficio. Galduf destacó el entorno especial del colegio, las bajas ratios de las clases y el nivel de conocimiento de los alumnos.
Un concierto que se convirtió en fiesta
El proyecto culminó con un concierto en Villanueva de Cameros, una aldea con pocos habitantes en invierno. La iglesia se llenó de gente de toda la comarca, y la fiesta continuó en casas y locales, con música, comida y la improvisación de una orquesta improvisada con profesionales, aficionados, niños y mayores.
De esta manera, la excelencia musical llegó a un entorno rural, demostrando que este no es solo un depósito de tradiciones, sino también un espacio para la cultura y momentos únicos que desafían el estigma del aislamiento. Los músicos ofrecieron un regalo y recibieron a cambio una gran recompensa emocional.













