
DESCUBRE EL ARCHIPIÉLAGO CHINIJO: UN TESORO NATURAL EN CANARIAS
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El Archipiélago Chinijo, ubicado al norte de Lanzarote, en el extremo nororiental de las Islas Canarias, es un conjunto de islas e islotes que constituyen uno de los espacios naturales más importantes de España. A pesar de su reducido tamaño terrestre, este enclave alberga un significativo valor ecológico y geológico, especialmente en su entorno marino, convirtiéndose en un referente dentro de la red de espacios protegidos de Canarias.
Este archipiélago está formado por La Graciosa, Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste. De todas ellas, solo La Graciosa cuenta con población permanente, diferenciándose del resto de islotes, que permanecen deshabitados y con acceso restringido para garantizar la conservación de sus ecosistemas. La franja de mar que separa Lanzarote de La Graciosa se conoce como El Río.
La protección del Archipiélago Chinijo como espacio natural responde a la necesidad de preservar un entorno único en Europa. La combinación de hábitats terrestres y marinos, junto con la presencia de especies protegidas, ha impulsado la aplicación de diversas figuras de conservación que regulan el uso del territorio y limitan la actividad humana.
Un parque natural con protección marítima y terrestre
El Parque Natural del Archipiélago Chinijo, declarado en 1986, fue el primer espacio natural marítimo-terrestre protegido en España. Esta declaración reconoce la importancia tanto de las islas como del medio marino que las rodea. En 1995, se estableció la reserva marina de La Graciosa e islotes del norte de Lanzarote, ampliando la protección a una superficie de aproximadamente 70.000 hectáreas, lo que la convierte en la mayor reserva marina de Europa.
La mayor parte de este espacio protegido corresponde al océano, donde se concentran los principales valores ecológicos. Las aguas que rodean el archipiélago albergan una gran diversidad de especies, gracias a las condiciones oceanográficas de la zona. En estos fondos marinos conviven peces como meros e invertebrados como lapas y langostas, reflejando la riqueza biológica del entorno.
En el ámbito terrestre, los islotes sirven de refugio para numerosas aves marinas, lo que ha motivado su reconocimiento como Zona de Especial Protección para las Aves. Entre las especies presentes destacan la pardela cenicienta, el paíño, el águila pescadora y el halcón de Eleonora, que utilizan estos territorios para nidificar. La ausencia de asentamientos humanos en la mayoría de estos espacios contribuye a mantener las condiciones necesarias para su conservación.
El archipiélago alberga una gran variedad de ecosistemas con especies endémicas de Canarias. Este conjunto de valores naturales lo ha convertido en uno de los espacios con mayor nivel de protección dentro del archipiélago canario. A las figuras de parque natural y reserva marina se suman su inclusión en la Reserva de la Biosfera de Lanzarote, declarada por la UNESCO en 1993, y su integración en el Geoparque Lanzarote y Archipiélago Chinijo.
Desde el punto de vista geológico, el territorio presenta formaciones volcánicas que reflejan la evolución de la isla de Lanzarote y su entorno. Este valor ha sido clave para su reconocimiento dentro del Geoparque, donde se pone el foco en la conservación del patrimonio geológico. El archipiélago forma parte de la zona núcleo junto con el Parque Nacional de Timanfaya, reforzando su papel dentro de las estrategias de protección del territorio.
La Graciosa, la isla de mayor tamaño, es el principal núcleo de actividad humana. Sin embargo, su desarrollo está condicionado por la normativa ambiental, que limita la expansión urbanística y regula los usos del suelo, manteniendo un modelo de ocupación basado en la convivencia con el entorno natural.
El Archipiélago Chinijo también posee un gran valor paisajístico, apreciable desde distintos puntos de Lanzarote. Uno de los más conocidos es el Mirador del Río, situado en el Risco de Famara a unos 400 metros de altitud. Desde este enclave se puede observar la separación entre Lanzarote y La Graciosa, así como la disposición del conjunto de islotes, permitiendo comprender la configuración del archipiélago y su relación con la isla principal.
Las playas de arena clara y las aguas transparentes son características del entorno, especialmente en La Graciosa. Estas condiciones han favorecido el desarrollo de actividades vinculadas al mar, aunque siempre bajo regulación para garantizar la conservación. La práctica de deportes acuáticos o el acceso a determinadas zonas están sujetos a normas que limitan su impacto sobre el medio.
La gestión del parque natural se basa en un sistema de zonificación que establece diferentes niveles de protección, permitiendo compatibilizar la conservación con ciertos usos tradicionales, como la pesca, que sigue presente en la zona bajo condiciones específicas.













