
El Celta sueña con la más imposible de las proezas
Vigo está patas arriba esta semana. Poco importa más que el partido de esta tarde en el municipal de Balaidos.
El Celta, con el agua al cuello en la Europa League, recibe al Friburgo alemán a las 18.45 horas en su estadio. Y lo hace con una necesidad imperiosa si desea seguir adelante y alcanzar las semifinales: remontar el resultado de 3-0 cosechado hace hoy una semana en el Europa Park Stadion de Frigurgo.
Pero en el deporte, como en la vida, cuanto mayor es la adversidad, mejor puede ser la recompensa.
Es por ello que la afición del Celta está absolutamente enloquecida con la posibilidad de obrar una de las grandes machadas que se recuerden en el mundo del fútbol dando la vuelta a un resultado tan adverso.
Para hacer tres goles ante un buen equipo como el Friburgo, el Celta necesitará esta tarde hacer un partido perfecto, muy distinto a lo que salió el jueves pasado en Alemania. Y la primera gran ocasión de gol la generó su afición.
Ayer, por sorpresa, unas doscientas personas esperaban la llegada del autobús a su hotel de concentración junto a la playa de Samil con bengalas y sin parar de animar.
La ciudad ha respondido al llamamiento del club ante una cita que puede ser histórica. El premio, mayúsculo, volver a una semifinal de la Europa League.
Desde el inicio de la semana, los balcones se han llenado de banderas del Celta. La ciudad ha amanecido con pancartas animando al equipo a que la remontada es posible.
La premisa es que todo aquel que vaya a plantarse en Balaidos esta tarde vaya de celeste.
La idea es teñir la ciudad del color del cielo para llevar en volandas a un equipo que está convencido de que, aunque es difícil, no es imposible obrar la remontada.
A las 17 horas, la Federación de Peñas Celtistas ha convocado a todos los aficionados a recibir al equipo en su llegada a Balaidos. A continuación, todos al interior del estadio a animar desde el calentamiento.
Poco antes de que salten los protagonistas, el artista lucense Abraham Cupeiro hará sonar su histórico kárnyx sobre el césped, animando a la batalla a un Celta que, como en las grandes noches de fútbol, deberá remar apoyado por su afición para conseguir eliminar al Friburgo y seguir adelante en la segunda competición continental.













