Lectura en comunidad: ¿Moda pasajera o necesidad social?

Lectura en comunidad: ¿Moda pasajera o necesidad social?
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Lectura en comunidad: ¿Moda pasajera o necesidad social?

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En un momento de vulnerabilidad, uno se topa con un taller de cerámica y se detiene, dividido entre la curiosidad, el deseo, la vergüenza y la necesidad imperiosa de hacer algo. En esos instantes –de soledad, de vida prolongada, de hastío por la bebida, de rechazo al crossfit y a la filmoteca– es cuando resurgen los torneros y los profesores de escritura. Gracias a ellos, en Madrid, uno puede terminar en una “reading party” si se descuida, y es fácil distraerse en la vida moderna.

Reading Parties: El nuevo punto de encuentro

La próxima cita será durante el día del libro en Matadero. El anuncio sorprende: habrá DJ, un divulgador cultural animará a los asistentes a compartir lecturas, se pide llevar un libro (cualquiera es bienvenido, incluso indispensable para el acceso), y todo es gratis.

La ausencia de la boina como requisito es, sin embargo, una decepción.

En redes sociales, otra propuesta llama la atención: “Pagar mil dólares para leer en silencio podría sonar extraño, pero a medida que BookTok crece y el agotamiento se profundiza, los retiros de lectura están despegando”. La idea, digna de un “mad men”, lleva a investigar un reportaje de ‘Bloomberg’. La periodista relata que, si bien existían opciones como senderismo, talleres de diario, sauna o charlas junto al fuego, la agenda oficial del fin de semana era, simplemente, leer.

La performance de la lectura: ¿Autenticidad o postureo?

Se podría pensar que a estos encuentros de lectura no se va tanto a leer como a ser visto leyendo: es la representación de la lectura, la lógica de Instagram trasladada a la vida real, un negocio similar a los retoques faciales que imitan los filtros. Todo esto, en el fondo, es una excusa para conocer gente, otro eufemismo muy nuestro.

La soledad es palpable y Tinder aburre, por lo que muchos, a quienes no les gusta leer, intentan hacerlo, porque ahora es tan sofisticado como ir al psicoanalista, es “cool”.

Se asume que quien lee tiene interés, conversación, entretenimiento, pero es mucho suponer: hay catedráticos de literatura aburridísimos, y los nazis también leían.

Una visión crítica: ¿Apropiación pseudomuseística de la literatura?

La directora de cine Isabel Coixet lo resume a la perfección: “Asistimos a una apropiación pseudomuseística de la literatura. Pienso en todos estos tiktokers de libros, en los book influencers, en los clubs de lectura”. Ante la pregunta sobre qué le parecen las fiestas de la lectura, donde la gente se reúne para leer en comunidad, responde: “Bueno, también hay gente que queda para tomar ayahuasca”.