El tiempo se detiene en Jaca: un viaje a los orígenes de sus relojes mecánicos en el siglo XV

El tiempo se detiene en Jaca: un viaje a los orígenes de sus relojes mecánicos en el siglo XV
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

El tiempo se detiene en Jaca: un viaje a los orígenes de sus relojes mecánicos en el siglo XV

La historia de Jaca está marcada también por la medición del tiempo, un campo que va más allá de los conocidos relojes de sol. Juan Carlos Moreno, de la asociación Sancho Ramírez, aporta datos sobre los relojes mecánicos en la ciudad. 

El rastro documental más antiguo sobre estos mecanismos en Jaca lo encontró el historiador Manuel Gómez de Valenzuela.

Se trata de una referencia del 22 de marzo de 1480 que revela un dato sorprendente. Según el documento, “El Prior de Santa Cristina de Somport contrataba a Juan de Todo, que era relojero en Jaca, a finales de siglo XV, para que le haga un reloj como el del monasterio de San Francisco”.

Este apunte histórico tiene una doble importancia.

Por un lado, confirma la existencia de un relojero en Jaca llamado Juan de Todo en pleno siglo XV. Por otro, desvela que el ya desaparecido monasterio de San Francisco, ubicado donde hoy se encuentra el Gran Hotel, ya contaba con un reloj.

Este mecanismo permitía a los ciudadanos medir el tiempo en los días nublados y durante la noche, probablemente mediante un sistema de campanas para las horas y los cuartos.

Ese mismo año de 1480, en el mes de mayo, el consistorio municipal y el cabildo catedralicio se reunieron para aprobar un presupuesto conjunto para la instalación de un reloj en la torre de la Catedral de Jaca. 

En una reunión posterior, se tomó una decisión aún más curiosa. Según explica Moreno, acordaron “destinar a la obra de la torre del reloj, las piedras ya picadas, o sea, ya preparadas, que ya serían sillares, y destinadas a la picota depositadas en la plaza”.

La picota era el lugar donde se exponía a los reos ejecutados a las puertas de las ciudades en la Edad Media, por lo que se decidió reutilizar el material destinado a su renovación para un fin cívico.

Las obras del reloj de la catedral avanzaban con lentitud, ya que en 1482 todavía estaban en marcha. No se conoce la fecha exacta de su finalización, pero sí que para 1489 ya presentaba problemas.

Los días 30 y 31 de marzo de ese año, los jurados de Jaca pagaron 90 sueldos a Simón de Masanova “por haber reparado el reloj de la ciudad”, lo que confirma que el mecanismo ya se había averiado.

Aunque siete años de funcionamiento pueden parecer poco tiempo, Juan Carlos Moreno recuerda las duras condiciones a las que estaba expuesto: “está allá arriba, a la intemperie estaría, aunque estuviera protegido, pero las campanas estarían a la intemperie”. El desgaste era inevitable, y casi un siglo después, en 1567, el consejo de Jaca ya se planteaba una mejora sustancial.

En esa fecha, se decidió “reformar el torreón en la catedral para asentar el nuevo reloj que ya estaba fabricado”.

Esto indica la voluntad de la ciudad por mantener y modernizar un servicio que se había vuelto fundamental para la vida de sus habitantes, marcando el inicio de una larga tradición relojera que la Asociación Sancho Ramírez continuará explorando.