
La luz de Aguado entre las sombras de Morante
El de La Puebla nos había devuelto la sonrisa durante viente minutos -que marcarán la historia de la tauromaquia- para después dejarnos desnudos, sin respuesta… ¿Qué se hace cuando un maestro ha cosido el toreo entero con hilo de oro en un ruedo que era sudario morantista? ¿Qué quedaba después después del 16-A? Parecía imposible remontar de aquella resaca emocional, de la que en el fondo no queríamos despertar. La afición ocupaba su localidad con un aliento de dandi cansado, de codos que se apoyan sobre la barra del bar de la memoria íntima.
Lo de fuera parecía de pronto vulgar, terrenal, casi ofensivo, como si hubiese descendido la luz que el cigarrero había sostenido con las palmas de sus manos.La prendió Pablo Aguado con el milagro de cuatro verónicas y media. Los vuelos echados, la embestida acariciada. Una sinfonía de naturalidad. Fue en su turno de quites al segundo y se notó el runrún cuando cogió cortito el capote en el tercero, que se había estrellado contra el burladero.
Enamoraron los lances no solo a Pilar, sino a cualquiera con sensibilidad. De tiempo detenido. ¡Cómo fueron las del pitón zurdo! Para que la música rompiera a tocar.
Tuvo la mala idea Talavante quitar por el palo que había elevado el sevillano, que replicó por chicuelinas sacramentales, de silencio, misa y comunión. Las sombras de Morante se desvanecían entonces, sin irse nunca. Era imposible. Se desmonteró Iván García con los palos y Aguado descorchó su obra ocn un molinete, andándole con torería.
Se llamaba Cafetero el de Domingo (Hernández), que por momentos parecía de Viernes Santo. Nada que ver tenía con su homónimo de Jandilla de la histórica tarde de las cuatgro orejas aguadistas. Se rajó en la primera tanda y se marchó directamente a toriles. Allí dibujo de uno en uno los zurdazos, pero el toro se negaba a embestir y repetir.
De uno en uno fueron. Con inteligencia se lo sacó de las tablas, tres metros más allá de las rayas, torerísimo con la mano que da de comer. Sin tirar una sola línea. Hasta para cuadrarlo lo quiso hacer despacito.
Al hilo de las tablas tuvo que darle matarile.Fue lo de más aroma de la primera parte, un aroma que se intensificó en el sexto. Esta vez con la tela escarlata. Feria de Abril Real Maestranza de Sevilla Viernes, 17 de abril de 2026. Séptima de abono.
Cartel de ‘No hay billetes’. Toros de Domingo Hernández, mermados de casta, aunque nobles en general y con gotas de calidad; destacó el buen 5º. Alejandro Talavante, de lila y oro: estocada (silencio); pìnchazo hondo tendido y descabello (silencio). Andrés Roca Rey, de sangre de toro y oro: estocada delantera desprendida (silencio); estocada perpendicular que escupe (oreja).
Pablo Aguado, de canela y oro: pinchazo y estocada (saludos); estocada (dos avisos, petición de oreja y vuelta al ruedo).












