
¿Qué es la apatía y en qué se diferencia de la depresión? Un experto lo aclara
La expresión ‘estoy apático’ o ‘estoy sin ganas’ es común, pero la apatía va mucho más allá de una simple desgana pasajera. El psicólogo Alfonso Echávarri, director técnico del Teléfono de la Esperanza, explica que se trata de un trastorno de la conducta caracterizado por una pérdida persistente de motivación, interés y emoción.
Afecta a las áreas cognitivas, conductuales y afectivas de la persona.
Echávarri aclara que la apatía no es depresión, aunque pueden compartir síntomas, sino un ‘estado de neutralidad afectiva’. Tampoco debe confundirse con la abulia, que es la falta de voluntad o iniciativa.
Las personas con apatía ‘evitan muchísimas actividades, incluyendo aquellas que en un pasado han resultado muy satisfactorias y agradables’, señala el psicólogo.
Entre los factores psicológicos que pueden desencadenarla se encuentran el agotamiento emocional derivado de situaciones traumáticas como ‘duelos o desengaños’, una baja autoestima que conduce al aislamiento social o el estrés crónico por la incertidumbre sobre el futuro.
También existen causas orgánicas importantes. La apatía puede estar relacionada con enfermedades neurológicas como el Alzheimer o el Parkinson, accidentes cerebrovasculares o alteraciones en neurotransmisores como la dopamina.
En las personas de edad avanzada, puede deberse a una suma de factores como la soledad, la falta de autonomía o la falta de apoyo familiar.
Este estado de desinterés generalizado tiene consecuencias directas en la vida de la persona. ‘La apatía interfiere seriamente en las relaciones interpersonales, pero ojo, también en las laborales’, advierte Echávarri, ya que la falta de motivación lo invade todo.
Si los síntomas persisten, lo más adecuado es buscar apoyo psicológico profesional, como la terapia cognitivo-conductual.
Sin embargo, el experto subraya la importancia de adoptar hábitos de vida saludable. ‘Dormir bien 7 u 8 horas’, una alimentación equilibrada y el ejercicio regular son fundamentales.
La actividad física, como caminar 30 minutos diarios, ‘supone una liberación de endorfinas que mejora el estado de ánimo, reduce el estrés y potencia la energía’, explica el psicólogo.
Además, destaca que el contacto social es clave para combatir el aislamiento, recomendando participar en grupos, voluntariado o asociaciones vecinales para recuperar la conexión con el entorno.













