
La recuperación del casco histórico transformó un antiguo asentamiento en un destino cultural que mantiene su estructura original y refleja miles de años de ocupación
Playas, diversidad cultural e historia en la región italiana con aguas templadas todo el año
En el sur de Italia, lejos de los circuitos turísticos más transitados, existen ciudades cuya historia no se limita a monumentos concretos, sino que forma parte de su propio paisaje urbano. Son lugares donde el paso del tiempo no ha borrado las huellas de quienes los habitaron, sino que las ha ido acumulando en un mismo espacio. En ese contexto, algunas localidades destacan por haber mantenido población de forma continuada durante miles de años.
Esa continuidad convierte a determinados enclaves en espacios donde pasado y presente conviven sin una separación clara.
No son ciudades detenidas en el tiempo, sino entornos que han evolucionado sin perder su base original. El resultado es un tipo de urbanismo que permite entender cómo se han adaptado las comunidades humanas a su entorno a lo largo de distintas etapas históricas.
Uno de esos ejemplos se encuentra en la región italiana de Basilicata. Con una población cercana a los 60.000 habitantes, Matera ha pasado en pocas décadas de ser un lugar asociado a condiciones de vida difíciles a consolidarse como un destino centrado en su patrimonio.
Su transformación no ha implicado romper con su origen, sino reinterpretarlo desde nuevas funciones.
Un sistema de vida excavado en la roca que define la ciudad
Matera está considerada una de las ciudades más antiguas habitadas de forma continua, con presencia humana documentada desde el Paleolítico. Aunque su desarrollo como núcleo urbano se consolidó en época romana, la ocupación del territorio es muy anterior, lo que explica la singularidad de su configuración actual.
El rasgo que define su identidad son los llamados Sassi, el conjunto histórico formado por viviendas excavadas en la roca.
Este espacio se divide en dos áreas principales, Sasso Barisano y Sasso Caveoso, que concentran un entramado de construcciones superpuestas. Muchas de estas edificaciones se levantan sobre cavidades excavadas en la toba, generando una estructura en distintos niveles donde lo construido y lo excavado se integran.
Este modelo responde a un sistema de aprovechamiento del terreno desarrollado durante siglos. La piedra de la zona, relativamente blanda, facilitaba su excavación, lo que permitió crear viviendas directamente en la montaña.
En esos espacios no solo se residía, sino que también se desarrollaban otras actividades cotidianas, en un contexto donde los recursos eran limitados.
Durante buena parte del siglo XX, las condiciones de vida en estas viviendas fueron consideradas inadecuadas. A mediados de ese siglo, las autoridades impulsaron el traslado de la población a nuevas zonas urbanas, debido a la falta de servicios básicos en el casco antiguo. Como consecuencia, gran parte de los Sassi quedó abandonada durante años.
El cambio comenzó en 1993, cuando el conjunto fue reconocido como Patrimonio de la Humanidad. A partir de entonces, se inició un proceso de recuperación centrado en la rehabilitación de viviendas y espacios históricos sin alterar su estructura original. Este proceso ha permitido dar nuevos usos a las antiguas cuevas, que hoy funcionan como alojamientos, museos o espacios culturales. El impulso se reforzó en 2019, cuando Matera fue designada Capital Europea de la Cultura.
Este reconocimiento incrementó su visibilidad y contribuyó a consolidar su papel como destino turístico vinculado a la historia y al patrimonio.
Qué ver en Matera
Dentro del casco histórico, uno de los puntos más destacados es la catedral, conocida como el Duomo, situada en la zona más elevada de la ciudad. Desde esa posición domina el conjunto urbano. Su campanario alcanza los 52 metros de altura y está rematado por una estructura de base cuadrangular, lo que lo convierte en uno de los elementos más visibles del perfil de Matera.
El patrimonio de la ciudad no se limita a las viviendas excavadas. Otro de sus elementos característicos son las iglesias rupestres, también talladas en la roca. Estas construcciones, en su mayoría de época medieval, reflejan la presencia de comunidades religiosas que se establecieron en la zona. Entre las más conocidas se encuentran Santa Maria de Idris y San Pietro Barisano.
El recorrido urbano incluye además espacios que conectan distintas partes de la ciudad, como las plazas Vittorio Veneto y Pascoli, que actúan como puntos de transición entre las zonas más recientes y el núcleo histórico. En estos lugares se percibe la convivencia entre distintas etapas de desarrollo. A esta oferta se suma el Museo Nacional de Arte Medieval y Moderno de Basilicata, ubicado en el Palazzo Lanfranchi, un edificio construido entre 1668 y 1672. Este espacio reúne colecciones organizadas en varias secciones, que abarcan desde arte sacro hasta propuestas contemporáneas, ampliando el contexto cultural más allá del entorno urbano.
Esta localidad del sur de Italia combina su condición de ciudad habitada con su papel como destino turístico. La recuperación de los Sassi ha permitido conservar un modelo de asentamiento que documenta miles de años de ocupación humana. Al mismo tiempo, la gestión del patrimonio plantea el reto de equilibrar la actividad económica con la preservación del entorno, en una ciudad donde la historia sigue formando parte de la vida cotidiana.













