
NUEVA MIRADA A UN CLÁSICO: Alana S. Portero ILUMINA 'MI QUERIDA SEÑORITA'
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Alana S. Portero, escritora de ‘La mala costumbre’, debuta como guionista cinematográfica con una audaz revisión del clásico de Jaime de Armiñán, ‘Mi querida señorita’. Producida por Javier Calvo y Javier Ambrossi y dirigida por Fernando González Molina, esta nueva versión promete arrojar luz sobre la intersexualidad, un tema apenas explorado en la película original.
Un recuerdo de desconcierto
Portero recuerda su primer encuentro con la película en los años 80 como un momento de desconcierto. “No sabía lo que pasaba, no sabía lo que le pasaba a ese personaje”, afirma. “Ni siquiera pensé que estábamos delante de una historia trans. Yo no lo vi así y vi algo extraño”.
A pesar de reconocerla como una película “hija de su tiempo” y “fantástica”, Portero confiesa que nunca entendió completamente al personaje de Adela. Fue esta sensación la que la impulsó a aceptar la propuesta de Javier Calvo y Javier Ambrossi de crear una nueva versión que abordara explícitamente la intersexualidad.
Rompiendo el silencio sobre la intersexualidad
La escritora destaca la importancia de visibilizar la realidad intersexual, a menudo invisibilizada y sujeta a “una especie de política de sugerencias extrañísima”. Afirma que “hay muchas personas intersexuales, más que pelirrojas”, citando a la divulgadora intersexual Mer Gómez. Considera que existe una “vergüenza por parte del mundo heterosexual por llamar a las cosas por su nombre”, lo que lleva a la medicalización forzosa y a un “secreto de los cuerpos” injustificado.
La nueva película busca la “precisión” e incluso un enfoque “pedagógico y activista” al abordar el tema. Para ello, han contado con la colaboración de profesionales y asociaciones intersex, así como con la participación de Elisabeth Martínez, una persona intersex que interpreta el papel principal y aporta su propia experiencia.
Un contrapunto al filme original
Portero describe su versión de ‘Mi querida señorita’ como un contrapunto al filme de Armiñán, que “sugería y hablaba de las sombras y de los silencios”. Aclara que “si hacemos lo mismo en 2026 es hacer un pan con unas hostias. Y además, el efecto hombre con peluca es una cosa terrorífica que ahora mismo no solo no funciona, sino que sería ridículo”.
La actualización no se limita al personaje central, sino que se extiende a todos los que lo rodean. Isabelita, la criada, se convierte en masajista, y el cura se transforma en un párroco homosexual que ejerce como mentor. Portero busca así reivindicar la espiritualidad, que considera no debe ser patrimonio exclusivo de la derecha o la ultraderecha.
Madrid como refugio de libertad
La película también retrata el Madrid que se convirtió en un refugio de libertad para muchos miembros del colectivo LGTBI. Portero lo describe como una “nostalgia política” que busca demostrar que la ciudad puede y debe ser otra cosa para sus ciudadanos, especialmente en un momento en que Madrid se percibe como cada vez más hostil.
Afirma que “ese Madrid existió” y que, a pesar de los problemas y la presencia de nazis en las calles, “había una explosión y unas ganas de estar en la calle”. La película, según Portero, es una propuesta para “demostrar a los espectadores que ese Madrid podría volver a ser, que podríamos ocupar las calles otra vez, que podríamos vivir nuestras vidas de otra manera”.
Rompiendo clichés y apostando por el amor
La revisión queer del clásico evita las narrativas tradicionales donde los personajes LGTBI terminan “en tragedia o en soledad”. Portero subraya que esta es una película “sobre el amor” y que no tenía sentido perpetuar clichés. El objetivo es que, después de ver la película, la gente ya no mire a las personas intersexuales “con lástima” y entienda que “la vida es múltiple y maravillosa”.
‘Mi querida señorita’ ya está en cines y disponible en Netflix a partir del 1 de mayo.













