El Cádiz CF ha vuelto a perder. Da igual cuándo leas esto. Los amarillos han vuelto a confirmar su incapacidad ofensiva y su ineficacia defensiva. Da igual cuándo leas esto.
El equipo gaditano han vuelto desaprovechar los pinchazos de sus rivales para coger aire y acercarse a una salvación que depende de él. Da igual cuándo leas esto.
Así es, el Cádiz CF no consigue salir de ese alarmante déjà vu en el que lleva toda la segunda vuelte y que tiene toda la pinta de llevarle a Primera RFEF. Solo la incapacidad del resto de rivales hace que siga dependiendo de sí mismo para lograr una permanencia que se antoja, será, la más barata de los últimos años.
Sexta derrota consecutiva. En otras circunstancias, la etapa de Sergio González como entrenador del Cádiz (la segunda) estaría finiquitada.
Ahora mismo ya no se sabe qué pensar. Parece claro que con la llegada del técnico, el equipo ha empeorado sus prestaciones.
Esa victoria en Miranda en el primer partido de Sergio en el banquillo es la que le mantiene a flote (al equipo y a él), pero sus constantes vitales futbolísticas son igual de planas que en el tramo final de la era Garitano.
El técnico catalán volvió a cambiar. De sistema, de nombres, de piezas. Otro volantazo en busca de una reacción que no llega.
Como si de una pretemporada se tratara, el Cádiz sigue probando sin encontrar nada. Y lo que es peor: deshaciendo lo poco que parecía funcionar.
Cambió el dibujo, el doble pivote, modificó las bandas y toque el ataque. Pero nada.

El inicio respondió al guion esperado. El Real Sporting de Gijón imprimió ritmo, movilidad y dinamismo.
El Cádiz, superado, solo encontraba refugio en las faltas. Poco más. No había profundidad, pero sí sensación de amenaza constante.
Llegaron las amarillas que tuvieronn peso luego en los cambios. Entre ellas la enésima para Climent, lleva 13 esta campaña.
Eran minutos, de nuevo, de supervivencia amarilla. Porque eso era el Cádiz: un equipo sobreviviendo.
Con el paso de los minutos, el Sporting bajó revoluciones y el Cádiz se dejó ver algo más arriba. Pero lo de siempre: ni colmillo, ni remate, ni peligro. Ni siquiera en acciones a balón parado o saques de esquina, donde el equipo ya ni siquiera llega a rematar.
En ese tramo se vivió una de esas escenas del fútbol moderno: choque de cabezas, sangre, mareos y asistencias encadenadas que permiten recomponer piezas.
La picaresca sigue encontrando su espacio. Pero el partido estaba destinado a romperse. Y lo hizo de la forma que mejor retrata a este Cádiz. Un resbalón de Diarrá, una transición vertiginosa, nadie reacciona, nadie corrige. Otero conduce, Dubasin define. Gol.
El Cádiz, otra vez, señalado en todo lo que no hace.
Hasta el descanso, más resistencia que reacción. Más aguantar que competir.
Un equipo roto
Sergio movió el banquillo tras el paso por vestuarios. Entraron Lucas Pérez y Brian Ocampo. Salieron Roger y un Antoñito Cordero que sigue sin justificar nada desde su llegada.
Pero no dio tiempo a ver si había cambio.
Suso se dejó caer en la frontal cuando tenía opciones claras de generar algo. Y de esa acción nació otra transición del Sporting. Otra vez Otero. Otra vez fragilidad.
Su disparo, con fortuna tras tocar en Iker Recio, acabó en el fondo de la red.
El 2-0 no cerraba el partido. Lo que lo cerraba era la sensación. El Cádiz estaba muerto.
El Sporting contemporizó. Esperó.
Sabía que el partido ya estaba donde quería. El Cádiz lo intentaba, sí, pero desde la impotencia. Solo un disparo a puerta en una hora de juego. Una producción ofensiva inexistente. En el minuto 65, García Pascual obligó a intervenir a Yáñez.
Fue casi una anécdota.
A la siguiente, Sergio rompió definitivamente el dibujo: defensa de tres, todo arriba, más corazón que cabeza. El resultado fue el esperado. Espacios. Muchos espacios.

Kovacevic vio una de esas amarillas naranjas al cortar otra contra. Era el aviso de lo que venía.
Otra jugada por banda, otro desajuste, otra acción mal defendida. Entre resbalones, rechaces y decisiones a medias, el balón volvió a quedar para el Sporting. Dubasin no perdonó. Zambombazo a la escuadra y partido liquidado.
Antes incluso de sacar de centro, Sergio quitó a Suso.
Difícil saber si como ajuste o como mensaje. El tramo final dejó una última imagen: Ortuño rozando la expulsión en una acción desmedida que rectificó a tiempo.
Los números no engañan
Los datos terminan de explicar lo que se vio sobre el césped. El Sporting dobló al Cádiz en tiros a puerta (6-2) y prácticamente triplicó sus remates dentro del área (13-5), sin necesidad de dominar de forma aplastante el balón.

Porque el problema ya no es cuánto tiene el Cádiz, sino qué hace con ello. Un 49% de posesión completamente estéril, dos disparos entre palos y una incapacidad total para generar peligro real. Ni en juego ni en estrategia.
Porque el Cádiz ya no solo pierde: el Cádiz no compite.
Y solo la inoperancia de los rivales le está salvando y le sigue dando la ventaje de depender de sí mismo. Pero el equipo está muerto. Está claro que no es solo algo futbolístico. Algún día lo sabremos.
Será tarde. A este paso, el estreno en Primera REFF se antoja cada vez más cercano.













