TREINTA AÑOS DEL ASESINATO DE FRANCISCO TOMÁS Y VALIENTE Y EL NACIMIENTO DE LAS MANOS BLANCAS

TREINTA AÑOS DEL ASESINATO DE FRANCISCO TOMÁS Y VALIENTE Y EL NACIMIENTO DE LAS MANOS BLANCAS
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TREINTA AÑOS DEL ASESINATO DE FRANCISCO TOMÁS Y VALIENTE Y EL NACIMIENTO DE LAS MANOS BLANCAS

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El 14 de febrero de 1996, la Universidad Autónoma de Madrid fue escenario de un crimen que marcó un antes y un después en la historia de España: el asesinato del profesor y expresidente del Tribunal Constitucional, Francisco Tomás y Valiente, a manos del terrorista de ETA, Jon Bienzobas Arreche, alias ‘Caracas’. Tres disparos en su propio despacho segaron su vida, desatando una ola de indignación y un clamor por el fin de la violencia.

El Gesto que Unió a un País

En medio del dolor y la rabia contenida, surgió un símbolo de unidad y repulsa al terrorismo: las manos blancas. Una iniciativa nacida de la mente de Adrián González Lipiani, un joven estudiante de Derecho de 23 años que, sin pretenderlo, creó un icono que resonaría en toda la sociedad española.

González Lipiani recuerda cómo la idea surgió de forma espontánea, un simple gesto que buscaba la “conciliación” y que lamenta que solo se recuerde en aniversarios. El azar quiso que estuviera en Madrid para unos exámenes, interrumpiendo su beca Erasmus en Viena.

Tenía previsto esperar frente al despacho de Tomás y Valiente, pero un cambio de planes lo llevó a otro lugar, salvándole la vida.

Más Allá de la Idea: La Acción

Para González Lipiani, lo importante no es la idea en sí, sino la acción que la acompaña. “Cualquiera puede tener una idea, pero tienes que llevarla a cabo, tienes que ponerla en marcha, y eso es lo que yo hice”, afirma. Tras proponerlo a sus compañeros, fue él mismo quien compró la pintura para plasmar el símbolo que uniría a toda una sociedad.

El gesto de las manos blancas logró “unir a una sociedad entera en torno a una idea muy sencilla”, creando una conexión emocional que hasta entonces no existía. Un símbolo que recordaba la brutalidad de los hechos, como el testimonio de Huncal Infante, compañera de estudios que presenció la huida del terrorista con la pistola en la mano.

La Dimensión Humana de la Tragedia

Adrián González Lipiani insiste en la dimensión humana de la tragedia: “Que no se nos olvide que han matado a un hombre, a un padre, a un marido, a un hijo”.

Recuerda cómo la Guardia Civil le enseñó a mirar debajo del coche, un gesto que se volvió cotidiano para miles de personas en España. Las manos blancas, en su origen, fueron “el germen de tener que dejar de mirar debajo del coche”.

Un Símbolo Apropiado y Desvirtuado

Con el tiempo, el símbolo de las manos blancas fue objeto de lo que González Lipiani considera una apropiación política. Tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, tuvo la “sensación de que el PP se apropió de esa idea”, lo que provocó un “ostracismo” por parte de otros partidos, desvirtuando un gesto que nació sin “ningún sesgo político”.

Treinta Años Después: Un Llamamiento a la Unidad

Treinta años después, González Lipiani se muestra “horrorizado” por “el estado de la situación y de la crispación” actual. Echa en falta el “sentido común” y la “empatía” que hicieron posible aquel momento de unidad.

Un sentimiento que, según él, sigue siendo una asignatura pendiente en la sociedad española.