
El mecánico de derechas que dio vida a la fuente de mercurio de Calder
Edmundo Delgado fue recompensado en 1930 con una gratificación de 500 pesetas por su buen hacer en la Ciudad Condal, sobre todo en la solución de las pérdidas de azogue de la fuente de Arévalo Cruz que se habían producido en la exhibición, como también sucedió en Sevilla. En Barcelona, la fuente perdió 512 kilos de mercurio de un total de 6.900 , no sólo por problemas en su diseño, sino también porque, ajenos a sus peligros para la salud, los visitantes no dudaban en cogerlo del surtidor con sus propias manos.Desafecto al régimen republicanoEn abril de 1937, después de que el presidente de Minas de Almadén, Marino Saiz Sánchez, convenciera al ministro de Hacienda, Juan Negrín, de la necesidad de exhibir en el pabellón español de París la fuente de mercurio presentada en la muestra de Barcelona, el consejo de administración de la empresa minera decidió confiar de nuevo a Edmundo Delgado su montaje y mantenimiento en la capital francesa.Edmundo Delgado exoneraría a su supuesto vigilante de la acusación de espionajePero el Sindicato Minero de UGT se opuso al nombramiento de Edmundo Delgado por considerarlo desafecto al régimen republicano, por lo que obligó al consejo de administración a enviar también a París a otro obrero para que lo sometiera a vigilancia. Al llegar a Valencia para embarcarse, Edmundo Delgado se encontró con el compañero designado por el sindicato: Antonio Blanco Serrano, de 29 años, también nacido en Almadén, militante del PSOE y UGT, que desde 1927 era tornero ajustador en las minas.Los franquistas encarcelarían y juzgarían después de la guerra a Antonio Blanco por su presunto papel como espía de su compañero derechista en París, entre otros cargos. El propio Edmundo Delgado reconoció en la causa que el Sindicato Minero se opuso a su nombramiento y designó a Blanco para que lo acompañara a París, según consta en el sumario 7670 conservado en el Archivo General e Histórico de Defensa.Hoja del expediente de Edmundo Delgado Martín; notificación del regreso de Edmundo de la Expo de París y, en tercer lugar, el expediente de Edmundo como empleado de las minas de Almadén.
Archivo Historico de las Minas de Almadén y ArrayanesSin embargo, Edmundo Delgado exoneraría a su supuesto vigilante de la acusación de espionaje al afirmar que «estuvieron en París, montando la fuente y durante la permanencia en esta capital convivió con el procesado en el mismo hotel y habitación, portándose con el declarante correctamente y como compañeros». La causa contra Antonio Blanco, que se afilió a Falange después de que se le concediera en 1940 la libertad provisional, se sobreseyó en mayo de 1941, gracias fundamentalmente al testimonio de descargo de su compañero Edmundo Delgado.Una obra muy popularLa fuente de mercurio de Calder fue una de las grandes atracciones de la muestra de París, como lo habían sido en Sevilla y Barcelona. «Se convirtió en el pasatiempo favorito de los espectadores lanzar monedas a la superficie del mercurio y verlas flotar », contaba el artista norteamericano. Los testimonios sobre el pabellón de la República en París nada señalan del destino de la fuente de mercurio de Arévalo Cruz que originalmente iba a instalarse en la exposición.
La obra en mármol del escultor madrileño desapareció en París sin dejar rastro. Calder, en cambio, conservó la suya, que donaría a la Fundación Miró de Barcelona, donde hoy se exhibe.«Se convirtió en el pasatiempo favorito de los espectadores lanzar monedas a la superficie del mercurio y verlas flotar»A pesar de su presencia en París a las órdenes del Gobierno republicano, Edmundo Delgado salió sin sanción del proceso de depuración franquista contra los empleados de las minas de Almadén , tomadas por los vencedores al acabar la contienda. En 1940, fue ascendido a empleado del consejo de administración, puesto que desempeñó hasta su muerte en 1945, a los 55 años.Su compañero Antonio Blanco no corrió la misma suerte. Como consecuencia de su encarcelación y depuración, fue despedido en 1939 de la empresa minera, aunque en 1941 logró emplearse de nuevo en el Taller de Precisión de Artillería, en Madrid.
Por sentencia laboral se le reconoció en 1978 una pensión por sus servicios en Minas de Almadén desde su expulsión por motivos políticos en 1939 hasta su jubilación en 1973. Falleció en Madrid en 2002, a los 94 años. Al lado de estos empleados de Almadén, borrados de la historia del pabellón español en París de 1937, es justo reivindicar también a otra figura: la del diputado socialista Marino Saiz Sánchez, presidente de Minas de Almadén y Arrayanes. De él partió la idea de exhibir en la capital francesa el surtidor de azogue de Arévalo Cruz , luego reutilizado por Calder.
Exiliado tras la derrota republicana en México, allí falleció en 1986, a los 84 años. Vaya desde estas páginas el reconocimiento a la memoria de todos los protagonistas olvidados de esta pequeña nota al pie de la gran Historia.Algunos de los protagonistas que participaron en el montaje de la obra de Calder en el pabellón español de la Expo de París de 1937. No hemos podido confirmar que uno de ellos sea Edmundo. ABC El papel clave en la sombra Lo que hoy revelamos es el papel clave en la sombra, hasta ahora desconocido, de Edmundo Delgado Martín, mecánico de las minas de Almadén, a la hora de dar vida técnicamente a la fuente de mercurio de Calder.
Las memorias del artista estadounidense dejan patente que en todo momento diseñó su creación siguiendo indicaciones expertas cuyo origen nunca detalla. Se trata sin duda de las instrucciones de este experimentado obrero de Almadén que había trabajado durante tres décadas con el mercurio, y en particular con su utilización en surtidores, como los de Arévalo Cruz en Sevilla y Barcelona. La primera indicación que Calder recibe muy probablemente de Edmundo Delgado es que el mercurio es altamente corrosivo. Sólo resisten a su acción el cristal y la brea.
Por eso embadurna con alquitrán las piezas de hierro de su escultura en el pabellón de París. Una segunda solución técnica que no podía venir más que de Edmundo Delgado es que «para que el mercurio circulara, era necesario añadirle un poco de agua para que humedeciera las tuberías y la bomba; de lo contrario, no funcionaría», como cuenta Calder en sus memorias. El tercer arreglo que con toda seguridad propuso Edmundo Delgado a Calder fue para evitar la pérdida de azogue, el mayor problema al que tuvo que enfrentarse con las fuentes de mercurio de Sevilla y Barcelona. Así, el propio escultor hizo algunos ajustes en las piezas por donde fluía: «Pero la estrategia de conservación más ingeniosa -cuenta Calder en sus memorias- no fue mía.
Alguien tomó una mosquitera doblada y la colocó justo donde el mercurio goteaba de un plato a otro, conteniendo así el goteo. Finalmente, todo funcionó a la perfección y no fue necesario añadir mercurio a la fuente durante todo el espectáculo».












