
HALLAN UNA JOYA PERDIDA: LA PRIMERA PELÍCULA CON UN ROBOT, DE 1897
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
Un hallazgo fortuito ha sacado a la luz una pieza clave de la historia del cine: una copia de “Gugusse y el autómata”, una película muda del cineasta francés George Meliès que se creía perdida. La película, realizada alrededor de 1897, es considerada la primera aparición en pantalla de un robot.
Un baúl lleno de historia
Bill McFarland descubrió el tesoro en un baúl lleno de rollos de películas antiguas que pertenecieron a su bisabuelo, un agricultor y maestro de escuela que también era proyeccionista itinerante. McFarland llevó la colección al Centro Nacional de Conservación Audiovisual de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.
“Era simplemente un baúl lleno de películas que parecían demasiado buenas para tirarlas, pero no tenía ni idea de qué eran ni cómo proyectarlas”, declaró McFarland.
“Gugusse y el autómata”: Un cortometraje pionero
Entre los rollos deteriorados se encontraba una copia de “Gugusse y el autómata”, un cortometraje de 45 segundos que muestra a un mago (interpretado por Meliès) dando cuerda a un autómata vestido como el payaso Pierrot. El payaso comienza a golpear al mago con su bastón, quien responde con otro golpe al “robot”. Con cada golpe, el autómata se encoge hasta convertirse en un pequeño muñeco.
Según la Biblioteca del Congreso, esta película es un “objeto de culto para generaciones de aficionados a la ciencia ficción”, ya que representa la primera vez que un robot aparece en una película.
Restauración y legado
Los técnicos del Centro Nacional de Conservación Audiovisual dedicaron más de una semana a escanear y estabilizar la copia de la película en formato digital. Ahora, esta joya cinematográfica está disponible para ser vista por el público.
El hallazgo, realizado en septiembre pasado, se ha anunciado recientemente. La Biblioteca del Congreso destaca que se trata de una “pequeña pero importante aportación al legado del cine mundial y de uno de sus fundadores”, refiriéndose a George Meliès, un ilusionista y cineasta que revolucionó el arte cinematográfico con obras como “Viaje a la Luna” (1902).
Además de las películas, McFarland también encontró los diarios de su bisabuelo, donde relataba sus experiencias como artista ambulante, incluyendo detalles sobre sus ganancias, que podían llegar hasta 20 dólares por noche.













