
El Huesca se hunde en una crisis tragicómica y se aferra a un derbi a vida o muerte
La SD Huesca vive una situación que parece repetirse cada semana, como una película en bucle. La última derrota ante el Eibar ha sido un nuevo capítulo de una temporada para el olvido.
A pesar de que el equipo armero fue superior, el Huesca encontró un resquicio de esperanza con un gol de Javi Mier en un córner que ponía el empate en la segunda parte. Sin embargo, poco después, Íñigo Piña falló una ocasión clara que pudo ser el 1-2, un preludio del desastre que estaba por llegar.
El momento que define el estado actual del club llegó con la expulsión de Julio Alonso.
Una acción calificada en Deportes Cope en el Tertulión azulgrana de “surrealista” y “cómica” en la que, tras ver la tarjeta roja, el jugador abandonó el campo corriendo hacia el vestuario sin esperar a una posible revisión del VAR, asumiendo la decisión arbitral. La justificación posterior del técnico, José Luis Oltra, quien afirmó que el jugador “lo quería hacer así para darle celeridad”, no hizo más que añadir estupor a una situación ya de por sí esperpéntica.
El análisis general es que Julio Alonso es “un futbolista absolutamente superado por las circunstancias”, aunque se extiende la crítica a la decisión de alinearlo y de dejarlo como último hombre en una jugada defensiva clave.
La jugada, según los analistas, es un reflejo de una temporada llena de desatinos.
La sensación de que el equipo está superado se hace extensible a toda la plantilla. En el entorno del club se percibe que el Huesca “no está jugando finales” y que carece de la “mentalidad” y la “intensidad” necesarias para afrontar la situación.
Las críticas apuntan a una falta de actitud y de preparación física, con fallos constantes y una incapacidad para mantener la concentración durante los noventa minutos.
La decepción se centra en los futbolistas, de quienes se afirma que “no están a la altura del club” y que están “rindiendo por debajo de lo que se esperaba de ellos”. Ni siquiera los fichajes del mercado de invierno, que en su momento generaron ilusión con nombres como Seoane, Escobar o Cantero, han conseguido revertir la dinámica.
La atmósfera en el vestuario se describe como muy negativa desde principio de temporada, un problema que ni Bolo, ni Guilló ni ahora Oltra han podido solucionar.
Con este panorama, el derbi aragonés del próximo domingo contra el Real Zaragoza se presenta como una final a vida o muerte. Una derrota podría significar “echar la persiana” a la temporada de forma definitiva.
La presión es máxima para un equipo que necesita un “chute de moral” urgentemente. Para este partido, Oltra recuperará a Pulido en defensa, pero no podrá contar con el sancionado Julio Alonso.
La esperanza, aunque remota, reside en el mal momento de los rivales directos, como un Cádiz que solo ha sumado 4 de 45 puntos posibles en la segunda vuelta.
La afición exige a los jugadores “morir dignamente” y que demuestren orgullo y compromiso en un partido que va más allá de los tres puntos.












