
'Galleteras': Un libro rescata la memoria de las mujeres que impulsaron Aguilar de Campoo
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Laura Sanz Corada, hija de una “galletera” y nieta del “de la vainilla”, plasma en su libro las vivencias de Aguilar de Campoo a través de la mirada de las mujeres que trabajaron en la fábrica de galletas María Fontaneda. El ensayo, titulado **”Galleteras. La otra memoria de la galleta maría” (2026)**, aborda desde la antropología y la sociología la historia de estas mujeres, algunas de las cuales comenzaron a trabajar con solo 14 años.
Las protagonistas del libro son la madre de Sanz Corada, quien trabajó en Fontaneda durante 21 años, y algunas de sus compañeras. Estas mujeres, con su esfuerzo y dedicación, impulsaron la economía de Aguilar de Campoo.
El impacto del trabajo en el cuerpo
Sanz Corada destaca el impacto físico del trabajo en las mujeres. En una época donde la tecnología no estaba tan avanzada, la carga física era considerable. La autora se interesa por cómo la fábrica dejó su huella en sus cuerpos, reflejando sus dolencias, huesos y moretones.
El libro reivindica el término “galleteras”, utilizado de forma despectiva por algunos estudiantes, para honrar el trabajo de estas mujeres.
La galleta como nexo
La autora explora la historia industrial de Aguilar a través de múltiples voces. La galleta es vista como materia prima, necesidad gastronómica, pero también desde lo afectivo e industrial, conectando lo local con lo internacional.
Sanz Corada reflexiona sobre la pérdida de las empresas familiares en el panorama actual y la dificultad de “consumir local”. Señala que las multinacionales han adquirido marcas como Fontaneda, dificultando el acceso a las historias de quienes fabrican las galletas.
Un trabajo feminizado
La fábrica de Fontaneda, y sus sucesoras Ruvil, Fontribre, Tefe y Gullón, se caracterizó por tener una plantilla mayoritariamente femenina. En los años 60, Aguilar de Campoo llegó a producir una cuarta parte de las galletas de España.
Las mujeres de Aguilar jugaron un papel fundamental en la economía doméstica, industrial y sindical, lo que les brindó mayor independencia económica y social en comparación con otras mujeres de la España rural. Muchas de ellas comenzaron a trabajar muy jóvenes y tomaban sus propias decisiones, aunque se esperaba que el trabajo fuera una pausa entre la escuela y el matrimonio.
El ERE de 1996: una herida abierta
El despido de un centenar de trabajadoras en 1996 dejó una profunda huella en la industria galletera y generó una sensación de abandono en la comunidad. La falta de apoyo ante los recortes de la industria marcó a las mujeres afectadas.
Sanz Corada destaca la importancia de recordar la historia de María, Piedi, Luisa y las demás “galleteras”, quienes lucharon por sus derechos laborales y el bienestar de sus compañeras. A pesar de las dificultades, la fábrica les brindó compañerismo, amistad y experiencias que marcaron sus vidas.













