
La evolución de los conciertos en la era de TikTok e Instagram
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
Los macroconciertos actuales se han transformado en experiencias diseñadas para ser compartidas, fragmentadas y prolongadas en el tiempo, donde el público juega un papel crucial en su difusión.
El deseo de evitar *spoilers* en una era de sobreexposición
Elena, una gran admiradora de Rosalía, a pesar de no haber conseguido entradas para sus conciertos en Madrid y Barcelona, adquirió boletos para su espectáculo en Amberes. Durante la espera, intentó evitar cualquier información sobre el concierto para no arruinar la sorpresa. Sin embargo, en la era de las redes sociales, esta tarea se ha vuelto casi imposible.
Aunque Elena logró evitar muchos detalles, no pudo escapar de la omnipresencia del “confesionario”, un segmento del *Lux Tour* donde Rosalía conversa con invitados sobre temas sentimentales. Este fragmento, ampliamente difundido en TikTok e Instagram, ejemplifica la dificultad de vivir la música en directo de forma “virgen” en la actualidad.
El concierto como contenido fragmentado
Los conciertos ya no terminan cuando se encienden las luces. Ahora, continúan viviendo en clips, *stories*, memes y debates que circulan durante días, transformando el evento en un fenómeno monocultural. Según Frankie Pizá, fundador de FRANKA, parte del concierto se concibe en función de cómo se verá fragmentado y compartido en redes sociales.
El concierto, en esencia, se ha convertido en material para generar una cadena de contenidos.
La experiencia prima sobre la música
En un mercado musical saturado y en constante crecimiento, diferenciarse ya no depende solo de la música. Raúl de Lara, productor de directos, afirma que “subir, tocar y listo ya no es suficiente. Un directo tiene que ser una experiencia”.
La lógica de las redes sociales forma parte del lenguaje de producción, y se diseña el concierto pensando en cómo vivirá en ellas. Sin embargo, en España, la figura del productor de directos aún no está tan consolidada como en otros mercados.
Secretismo en la puesta en escena
El secretismo es la norma entre quienes diseñan las puestas en escena. Terrivle Studio y Studio Dennis Vanderbroeck, responsables del *Lux Tour* de Rosalía, declinaron participar en un reportaje para “preservar la confidencialidad de los contratos”.
Lidia García, CEO de Maas, sí habló abiertamente sobre el proceso creativo detrás de los conciertos de Dellafuente en el Estadio Metropolitano de Madrid. Para Maas, cada canción cuenta algo y los elementos escénicos se utilizan para transmitir emociones y sensaciones.
A diferencia de De Lara, García afirma que su enfoque principal es que el público disfrute del espectáculo, sin buscar activamente la viralización.
El público como agente de comunicación
El público ya no solo consume el espectáculo, sino que también lo reproduce y distribuye. Alba Lafarga, gestora cultural y videoensayista, lo describe como *prosumer*. El público se ha convertido en un departamento de comunicación no remunerado, cuya relación con el artista es ahora la gallina de los huevos de oro.
La costumbre del público de grabar y compartir imágenes de los conciertos ha llevado a los artistas a repensar cómo integrar la cámara en los directos.
La “tiranía del Reel” y la pérdida de espontaneidad
Según Ofèlia Carbonell, vivimos bajo una “tiranía del Reel”, donde todo contenido largo se concibe pensando en los fragmentos que se podrán extraer. Esto puede llevar a la creación de piezas fragmentadas, listas para recortar y compartir, perdiendo creatividad, espontaneidad y la posibilidad de que ocurra algo imprevisto.
El precio a pagar: la prensa musical en jaque
En los conciertos del *Lux Tour* de Rosalía en Madrid, los fotoperiodistas acreditados recibieron la negativa de acceso, alegando “particularidades técnicas y de producción del evento”. En su lugar, la organización ofreció material gráfico propio. Esta práctica, según la Asociación de Periodistas Musicales (PAM), contribuye a sustituir un relato plural e independiente por otro más homogéneo y controlado.
Frankie Pizá advierte que esta decisión no es puntual y apunta a la paradoja de que, si el objetivo fuera controlar la imagen, tampoco se permitiría que el público grabara y publicara libremente. La pérdida de la mirada independiente de la prensa implica una pérdida de “fricción, contexto y autonomía narrativa”.
Pizá augura un futuro poco halagüeño para el periodismo musical, ya que las promotoras consideran que la prensa ya no aporta nada al funcionamiento y circulación de su producto.
A pesar de haber estado expuesta a *spoilers* en Instagram, Elena asistirá con ilusión al concierto de Amberes. Reconoce que, aunque no es de grabar mucho, seguro que subirá alguna foto o vídeo a Instagram por “presión social”.













